El “Paraíso” al borde de la extinción

Por Luis Carranza Torres* y Sergio Castelli**

Fue el hogar del gran Manuel Mujica Láinez, y donde se escribieron obras centrales de la literatura argentina del siglo XX. Hoy corre el serio riesgo de no sólo cerrar sus puertas al público sino de perderse como joya arquitectónica.

Ubicada a 3 km de La Cumbre, en el Valle de Punilla, tal como se expresa en la página de la Fundación Mujica Láinez, que lucha por su conservación: “Esta casa fue para Manuel Mujica Láinez el resumen de su vida y pocas casas representan a su dueño tan bien como ésta. Es aquí donde se conservan sus colecciones, sus libros, sus notas, su máquina de escribir, su lapicera y todas aquellas imperceptibles huellas que deja un creador en el lugar de su creación”.

Hogar del escritor y su familia desde el año 1969 y hasta su muerte, el 21 de abril de 1984, se trata del lugar donde no pocas obras centrales para la literatura argentina del siglo XX han visto la luz. Podemos hablar de novelas como El laberinto, El viaje de los siete demonios, Sergio, Los cisnes o el escarabajo, entre otras.

Decía el genial Manucho: “Quien recorra este sitio se asoma a mi corazón y a mi memoria”. No es poco lo que ha sido preservado en el museo, de carácter privado pero sin fines de lucro y abierto a quien quiera entrar: una casa señorial estilo español, fantásticamente convertida en museo, que se yergue dentro de un jardín impecable y mágico.

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Hoy su continuidad depende de poder obtener $40.000 por mes. Sí, aunque parezca mentira. Con secretarías de Cultura con presupuestos millonarios, ese mínimo aporte se hace esperar. Ni qué decir de lo ínfimo que resulta, comparado con lo que se destina para la publicidad oficial, cualquiera sea el nivel del Estado de que hablemos. Sabemos de las gestiones de la senadora Norma Morandini, del diputado Alberto Asseff y, por supuesto, del esfuerzo de Ana Mujica, hija del escritor, por preservar ese lugar central a la memoria de su padre, pero también para la cultura no sólo de la Nación Argentina sino de las letras en español.

Los cordobeses en particular tenemos bastante que reflexionar respecto tanto de la desidia oficial frente a estos hechos como de la anomia social que causan. “Córdoba, la Docta”, es casi una frase registrada. Nos ufanamos de nuestras raíces culturales pero poco hacemos, desde lo público y lo privado, para conservarlas.

En el ámbito nacional ocurre algo parecido. Nos gusta poner de relieve nuestra cultura a la europea, su nivel por sobre la media de la región, pero tales manifestaciones no se condicen luego con nuestra conducta.

Desde esta columna en diversas ocasiones hemos puesto de manifiesto que la cultura no es una cuestión de pasatiempo de alguna elite, sino que resulta también una posibilidad cierta de desarrollo social y económico. Genera empleos, atrae capitales y promueve un mayor y mejor nivel de vida. También, cuando se la explota correctamente, es un elemento de integración e inclusión social como pocos, salvo por la escolaridad.

La mayor potencialidad de nuestra provincia no está en la soja ni en ensamblar autos que otros diseñan y determinan en sus cupos de producción. Son actividades importantes, pero ínfimas al lado de lo que un polo cultural puede dar. Y el turismo es sólo una pálida muestra de ello.

Lamentablemente, casos como el de la casa-museo de Mujica Láinez nos muestran que no lo entendemos.

* Abogado, doctor en Ciencias Jurídicas. ** Agente de la Propiedad Industrial

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