El Napoleón del Pacífico

Por Luis R.
Carranza Torres

Pudo unificar su reino y resguardarlo de las potencias extranjeras

Kamehameha I, también conocido como “el Grande”, vivió entre 1758 y 1819. Fue quien unificó las islas hawaianas, creando formalmente el Reino de Hawái, en 1810. 

Una antigua profecía hawaiana decía que un gran líder nacería el día en el cual el cielo se iluminara con una luz que brillara como plumas de ave. En el sitio oficial de turismo de Hawái, se expresa que los historiadores creen que ese líder nació cuando el cometa Halley recorrió el firmamento en el año 1758. Justo el año en que el futuro monarca nació.

Después de pasar sus primeros años de vida refugiado con sus padres fuera de su aldea, en previsión de quienes no querían que se cumpliera lo profetizado, tras su regreso se cambió el nombre a Kamehameha, que significa «el solitario».

Cuenta asimismo la leyenda que Kamehameha demostró entonces ser a quien se refería la profecía al lograr mover la Piedra Naha, con un peso de entre dos y media a tres y media toneladas.

A tal fuerza física le unía la comprensión del mundo más allá de las costas hawaianas y una sagacidad política poco común. Equipó a sus rudimentarias fuerzas con armas de fuego compradas a los ingleses y extranjeros las entrenaron en su uso. Gracias a ello, después de diversas batallas y alianzas logró unir el archipiélago bajo un solo gobierno, estableciendo un reino del que se declaró soberano.

Fronteras hacia fuera, estableció lazos de amistad con las principales potencias del Pacífico, preservando así la independencia. Hacia dentro, defendió los valores tradicionales hawaianos estableciendo al sistema del kapu como base de las leyes y conductas sociales del reino. Esa palabra puede traducirse como “prohibido” y denomina un antiguo sistema de leyes y normas que regía en las islas.

Otro de los aportes normativos del soberano fue la Mamalahoa, o «ley del remo astillado». El nombre refiere a un hecho ocurrido al propio rey en una de sus campañas militares previas a la unificación, cuando durante una incursión a una isla, en 1782, quedó con el pie atrapado en una roca. Uno de los atacados, pescador de la zona, le asestó un fuerte golpe en la cabeza con un remo, que se astilló, lo aturdió y le dio tiempo para huir tierra adentro con su familia. Doce años más tarde, siendo rey, cuando llevaron al pescador ante su presencia, en lugar de castigarlo Kamehameha tomó sobre sí la responsabilidad por lo ocurrido, haber atacado a gente inocente. No sólo no lo castigó sino que le entregó tierras antes de liberarlo. Luego, proclamó una nueva ley, «Dejen a toda persona mayor, mujer o niño tendido junto al camino a salvo». La norma que se aplicaba a todos quienes no combatieran en tiempos de guerra salvó miles de vidas durante las campañas de su tiempo y se convirtió en la primera ley escrita del Reino de Hawái. Sigue  figurando al presente en la constitución estatal.

En 1816 instauró la bandera hawaiana, con la Union Jack británica en la esquina superior izquierda y ocho barras que representan las ocho principales islas hawaianas.

También dictó varias medidas para asegurar la supervivencia del reino, incluso luego de su muerte. Después de unificar el sistema legal, estableció relaciones diplomáticas y comerciales con las potencias de la época, usando para el intercambio comercial los productos que se entregaban al Estado en concepto de impuestos en especie. Asimismo, no permitió a los extranjeros poseer tierras en el país. Tales medidas mantuvieron la independencia de Hawái en una época en que las demás islas del Pacífico pertenecían a potencias coloniales.

Gracias a este legado, Kamehameha se ganó el epíteto de «Napoleón del Pacífico». Su fama en la región, incluso luego de la incorporación de las islas a Estados Unidos, ha persistido incluso hasta nuestros días. 

En 1871, Kamehameha V estableció el 11 de junio de cada año como un día festivo en su honor. Tal fecha sigue celebrándose al presente. Existe una estatua en su memoria en la sede del Tribunal Supremo del Estado de Hawái, antigua Casa de Gobierno, así como otras dos en Kohala y en el Capitolio de Estados Unidos.

Se trata también de un monarca muy citado en nuestros libros de historia. Después de  nuestra declaración de independencia, cuando Hipólito Bouchard circunnavegó el globo a bordo de la fragata “La Argentina”, el monarca fue el primero en reconocer la independencia de nuestro país. 

Lo que no se sabe tanto es que fue nombrado coronel de las Provincias Unidas del Río de la Plata por  Bouchard, a la entrega de dos barcos corsarios argentinos sublevados. De allí que también fuera uno de los primeros extranjeros en contar con los nuevos uniformes de la Marina de guerra que el gobierno había autorizado a usar para la expedición de Bouchard.  

Cuando falleció, en 1819, su amigo más fiel ocultó su cuerpo a fin de preservarlo de ultrajes futuros en la siempre insegura política hawaiana. El sitio de su tumba continúa siendo un misterio al presente. 

«No tienen fin los bienes que os he dejado para disfrutar», se dice que fueron sus últimas palabras para su pueblo. Fueron muchos quienes le dieron la razón en eso.

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