El Covid-19 y la pandemia económica

La epidemia global del coronavirus puso aún más en crisis a la globalización. Lo que comienza en los países centrales, termina impactando en los países periféricos. Sigue la incertidumbre

Por Gonzalo Fiore Viani*
Especial para Comercio y Justicia

Decía el economista John Kenneth Galbraith al respecto de su profesión que «hay dos clases de economistas: los que no tenemos ni idea y los que no saben ni eso». Lo mismo podría decirse respecto de los analistas internacionales. Nadie podría haber previsto hace unas semanas que el covid-19, o coronavirus, como se lo conoce popularmente, desencadenaría una crisis económica de proporciones tan grandes que algunos la comparan con la recesión mundial de 2008. Los analistas del Fondo Monetario Internacional alertan respecto de que este tipo de caídas no tienen comparación con lo sucedido en otras epidemias recientes como el SARS o el H1N1. Ni siquiera, con lo sucedido tras los ataques del once de septiembre al World Trade Center. Por ello, se espera que la contracción en la economía internacional recién esté comenzando. El pasado lunes, las bolsas de los principales países del mundo registraron caídas estrepitosas. Wall Street cerró con un 7,79% abajo, mientras que Fráncfort sufrió su peor bajón desde 2001, registrando un 7,94% de caída; París obtuvo sus peores números desde 2008.
Los países del sudeste asiático registraron todos una caída de por lo menos un 6%, también las principales bolsas de Asia como Tokio y Seúl, disminuyeron un 5% y un 4% respectivamente. Al mismo tiempo que el CSI 300 chino, integrado por valores de las bolsas de Shanghái y Shenzhen, bajaron un 3,42%. Por ahora, el país que ha recibido más impacto en su economía ha sido China. Los números recuerdan a lo sucedido al comienzo de la crisis financiera de 2008. Este año el país registrará su peor crecimiento económico en 30 años. A comienzos de año se proyectaba un crecimiento del 6,2%, ahora los especialistas aseguran que será menor al del 5%. Esto acarreará grandes consecuencias para el resto del mundo. Especialmente para los países de América Latina que sufrirán la caída del precio de sus commodities debido a la contracción en el crecimiento de su principal socio comercial. Las consecuencias más inmediatas ya se vieron en algunos países de América Latina. En Brasil, el real ya tocó su mínimo histórico respecto del dólar a la vez que el BOVESPA se desmoronó un 7%.
El jueves pasado, las bolsas experimentaron la peor caída de la historia desde el lunes negro del 19 de octubre de 1987, cuando el Dow Jones había bajado un 22,6%. A su vez, esta fecha solo tiene parangón con las jornadas de octubre de 1929 que terminaron con el crack económico de ese año. La economía internacional entra en momentos que no tienen parangón en las décadas recientes. En este contexto, Boris Johnson pretende mantener la producción dentro del Reino Unido para emerger fortalecidos de la crisis económica internacional. Esto podría desembocar, según todos los expertos, en una catástrofe epidemiológica aún peor que la sucedida en China, Italia y España. Aunque según el Primer Ministro, el país seguirá a niveles normales de producción mientras la economía de Europa y el resto del mundo se hunden. Al mismo tiempo que su población recibirá la llamada «inmunidad de rebaño» para futuras cepas o brotes de la pandemia. Por ahora, según cifras oficiales, el Reino Unido cuenta con 1.140 casos de coronavirus, y 21 muertes, todas de personas mayores o con condiciones médicas pre existentes.
Parafraseando al teórico Fredric Jameson, hoy es más fácil avizorar el fin del mundo que el final de la globalización. Una pandemia de este tipo parece poner en crisis aún más a la globalización. De manera incluso superior a fenómenos como la deslocalización laboral, la crisis de los refugiados, el auge de los extremismos de ultra derecha y las fronteras cada día más cerradas, una pandemia global es la peor pesadilla de los defensores de la globalización financiera a ultranza. Además, puede contribuir a endurecer los muros en un contexto global extremadamente complejo. Este tipo de fenómenos afectan a los países centrales, pero lo hacen aún en mayor medida a economías periféricas e infinitamente más frágiles, como la de Argentina. Como escribe el psicoanalista argentino Jorge Alemán, el coronavirus «afectará desigualmente a los sectores de la sociedad subalternos, y lo mismo ocurrirá con los distintos países vulnerables del mundo». Es por ello que será responsabilidad de la dirigencia estar atentos para que esto no golpee aún más a la ya de por si inestable economía argentina. Algo que hoy, parece un milagro.

(*) Abogado – Analista internacional

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