El abogado y el cambio de paradigma en relaciones de familia

Por Graciela Calvi de Barcellona y Gretel Riesenberg / Abogadas – Mediadoras – Miembros de la Asociación de Mediadores de la Provincia de Córdoba

El titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, en ocasión de dar inicio al año judicial, manifestó: “Es urgente repensar el modo como se resuelve la conflictividad” y se quejó de que los argentinos nunca acuerdan. También habló de que “los argentinos presten más atención a las cosas que los unen que a las que los separan”. Y de la necesidad de un tratado sobre la tolerancia. Sus palabras se hacen cada vez más comprensibles y se percibe más la urgencia a medida que la nueva codificación se acerca. Jornadas, cursos, encuentros están movilizando a la comunidad jurídica a modificar conocimientos y praxis. Parafraseando a Boaventura, en algún punto estamos “despensando” el derecho.

En lo que se refiere al derecho de “Familias”, la reforma legal es también una reforma en el abordaje de los conflictos por los abogados del fuero. Significantes como diálogo, consenso, opción y pactos son la concreción de los valores de tolerancia y pluralidad del modelo constitucional. Las familias por constituirse y las que atraviesan una crisis esperan respuestas acordes a las particularidades de cada una y de cada miembro; para ello creemos importantes los aportes que pueden hacer la negociación y la mediación. En los fundamentos del anteproyecto se manifiesta en este sentido que:

“Por eso, se introducen modificaciones de diversa índole a los fines de lograr un mejor y mayor equilibrio en la clásica tensión entre autonomía de la voluntad y orden público, especialmente, al momento de la ruptura, de modo que la conclusión pueda realizarse en términos pacíficos, mediante la ayuda de la interdisciplina, la mediación, la especialidad, entre otras, que han colaborado a que las personas entiendan que un buen divorcio contribuye a la paz familiar y social”. Pensamos que la mediación, como proceso de resolución de conflictos, es un espacio dentro del ámbito de tratamiento de la conflictividad en el que se trabaja para alcanzar niveles de tolerancia y de inclusión de intereses para encontrar una solución posible que los contenga.

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El anteproyecto nos hace remitirnos a otros campos del saber para tratar la problemática de las “familias”, dejando atrás el “escrito jurídico estándar” en el cual entraban todas; y dar lugar a los pactos subjetivos que contengan los intereses particularidades de cada una de las partes. Se requieren más que habilidades de la técnica jurídica, integrando aportes de los demás conocimientos de las ciencias humanas y sociales. La aptitud para litigar no significa necesariamente estar entrenado en el diálogo por medio de otros métodos como la mediación.

Sabemos que la tolerancia es una capacidad que se aprende y que no viene dada en el ser humano; para ello es necesaria la formación educativa desde los niveles iniciales hasta los universitarios, en los que se enseñen una ética de diálogo sin adoctrinamiento. No se puede hablar de tolerancia sin poner distancia a las pasiones que surgen en un conflicto para poder pensar y reflexionar. La pasión y la reflexión no son compañeras. El tener la capacidad de acordar y la aparición de una buena idea requieren de un arduo trabajo durante el proceso de mediación de incluir al otro desapasionadamente en su diferencia irreductible. Se necesita más profesionalismo y menos personalismos, como nos enseña Patricia Aréchaga.

Entonces entendemos que en los fundamentos del anteproyecto se llama a la interdisciplina para que ayude a pensar el resultado de un conflicto en términos de pactos más que de sentencias. Éste es un arduo trabajo de formación para todos aquellos que intervenimos en el tratamiento de la familia en crisis. Una sociedad más democrática es aquella en la que la práctica del diálogo es una posibilidad real en tanto se habilita la circulación de la palabra para que cada cual se responsabilice de su aporte al conflicto.
La mediación, como un proceso que desapasiona para poder pensar, otorga la posibilidad a las partes de desplegar opciones y de ejercer la autonomía de la voluntad, logrando mayor equilibrio y menos tensión ante alguna pérdida de vínculo familiar, su transformación o creación.

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