Desandando el desempleo y la flexibilización

Más que la política o los métodos de lucha, el gremialismo recuperó capacidad por la ampliación de su base de sustentación, derivada de la mejoría económica

Extensas páginas se han escrito, desde las más diversas disciplinas –sociología, demografía, ciencias políticas, economía, entre otras– acerca de la influencia de las transformaciones en el mercado del trabajo desde la década del setenta –y en particular en los noventa–: en líneas generales, hay un acuerdo acerca de que el incremento del nivel de desempleo y la profundización de las condiciones de flexibilización laboral influyeron sobre la capacidad organizativa y reivindicativa del movimiento obrero, y que ello produjo no sólo el desmejoramiento de los indicadores sociales del país –pobreza, indigencia y distribución del ingreso– sino también el achicamiento del mercado interno y el cierre de muchas pequeñas empresas.

A contrapelo de esos acontecimientos, actualmente se evidencia mayor protagonismo y fortaleza de los trabajadores organizados en el país, a punto tal que el discurso empresarial prácticamente ha olvidado como adversarios los tan estigmatizados “piqueteros” para enfocarse ahora en el titular de la Confederación General del Trabajo, Hugo Moyano.

El interrogante es: ¿a qué se debe el mayor protagonismo del movimiento obrero organizado? Muchos editorialistas y analistas atribuyen esa fortaleza a sus vínculos con el Gobierno nacional –con el cual tiene buena sintonía, pero también ha tenido diferencias–, a una supuesta laxitud legal existente en el país (nombrada como “inseguridad jurídica”) o al endurecimiento de los métodos de lucha de los gremios, que en los últimos meses han recurrido a piquetes en las puertas de algunas fábricas con las cuales mantienen conflictos.

De acuerdo con un estudio de Sel Consultores, dirigida por Ernesto Kritz, todos esos factores pueden haber incrementado la capacidad de acción de los sindicatos pero no resultan los más significativos. Según su análisis, éstos “tienen hoy en Argentina el mayor poder en las últimas cuatro décadas”, pero eso no se debe a factores políticos. Más bien ocurre que “el crecimiento del poder sindical encuentra su condición necesaria (bien que no suficiente) en la evolución del mercado de trabajo en la post-crisis”.

En suma, el disciplinamiento que la desocupación y la flexibilización impusieron sobre el sector de los trabajadores desde 1976 fue revirtiéndose desde 2003, pero no por la relación Gobierno-CGT sino porque los gremios ampliaron su base objetiva de sustentación en la medida en que incorporaron más trabajadores, buena parte al sector formal, y entre ellos una porción considerable como asalariado del sector privado. De esa forma, el mismo proceso económico que permitió repuntes históricos en la actividad industrial, la construcción y el consumo también generó un fortalecimiento relativo del movimiento obrero organizado.

¿Qué pasó?
Desde mediados de 2003 se crearon 2,8 millones de empleos en el país, lo cual permitió una disminución de la desocupación, que pasó de 20,4% en el primer trimestre de ese año a 7,5% en la actualidad. “Pero lo que quizás sea más significativo es que dos de cada tres de esos nuevos empleos fueron asalariados privados registrados, en su mayor parte cubiertos por convenios colectivos de trabajo”, resaltó el informe de Sel.

Esto significa que el peso de los sindicatos determinado por la cobertura de los convenios colectivos de trabajo –sobre los que tienen la exclusividad de la representación laboral– creció más de 7 puntos porcentuales en el empleo total, pues pasó de 26% en 2003 a 33,5% en 2010. Desde 2003, en suma, la cobertura de los trabajadores por algún convenio colectivo en el sector privado creció casi 60%, pues pasó de 3,8 millones de personas a 6,1 millones en 2010.

Otro elemento que engrosó el poder sindical durante los últimos años es que, dada la oferta laboral disponible para el sector privado –es decir, la que cumple con los requerimientos de calificaciones–, el crecimiento en los niveles de ocupación llevó a una situación de cuasi plena ocupación en el sector, lo cual fortalece la capacidad de los trabajadores organizados. “En la actualidad, la desocupación en el sector privado formal es inferior a 4%”, apunta el informe, al tiempo que agrega que “la escasez de oferta de calificaciones hace pensar que esta situación persistirá”.

Por último, otro elemento objetivo que incrementó el poder de los gremios fue que, por el aumento constante de la masa salarial –por el alza combinada de la ocupación y el sueldo promedio–, también crecieron los recursos propios o administrados por los sindicatos. La masa salarial del sector privado, de donde los gremios derivan sus recursos, creció 140% desde 2003 -descontando la inflación-.

“Probablemente en este período los gastos aumentaron en proporciones no muy diferentes, pero la expansión del volumen de recursos y operaciones contribuye sin duda a fortalecer la presencia de los sindicatos”, consideró el trabajo.

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