De la construcción de relaciones en el ámbito de la mediación

Siendo inminente la renovación de las autoridades que conforman la Comisión Directiva que gestiona desde hace ocho años la Asociación Civil de Mediadores de la Provincia de Córdoba, con algún que otro cambio, nos pareció oportuno desde esta columna, revisar y reflexionar acerca de algo que hoy parece estar normalizado: la construcción de relaciones entre las personas que pertenecemos al ámbito de la mediación. Por Graciela Calvi de Barcellona (*) – Exclusivo para Comercio y Justicia

Y decimos que “parece” porque estamos permanentemente construyendo y deconstruyendo relaciones en un proceso enriquecido por distintos aportes y a la vez, mermado por las bajas naturales a todo proceso. Si se nos permite hacer memoria, estas construcciones y deconstruciones han sido creativas, prudentes, temerarias, reconfortantes, dolorosas, frustrantes, ficticias, reales, e invito al lector a que agregue calificativos. Esto hará que cada uno tenga una mirada introspectiva que lo aproxime a la sensación más cercana a su realidad.

Por lo menos, hemos construido pertenencia. Trece años de pertenencia como mediadores, ocho años de organización de pares desde la Asociación, con todos los matices que hacen a la diversidad. Y también hemos tendido puentes, “puentes de oro” decimos en mediación. Y los que transitamos esos puentes somos muchos y diversos: organizaciones gubernamentales, organizaciones privadas, profesionales, y miles de personas -nuestros mediados- que se predispusieron a confiar y develaron su conflicto en nuestras mesas para que entre todos encontráramos la mejor solución. Con trabajo, respeto, capacitación, dedicación y pasión. A veces los resultados no han sido los deseados, pero siempre trabajamos con la convicción de que los seres humanos tenemos necesidades comunes que, cuando logramos satisfacerlas, nos hacen más completos. Y en la completitud somos mejores y podemos construir relaciones más duraderas y productivas.

¿Qué producen estas relaciones? Por empezar, una mejor comunicación, más claridad, mejor identificación de los objetivos, mejores acuerdos, mejor clima. Siempre perfectibles, las relaciones anudadas en mediación rara vez defraudan. Siempre son un reto, un desafío, que nos traen tempestad y calma. Unión de anhelos. Mientras escribíamos estas líneas nos vino a la memoria un libro de Rafael Echeverría (1) que habla de la crisis de la humanidad, y que él expresa en tres niveles, siendo uno de ellos la creciente dificultad para preservar y desarrollar relaciones personales relevantes. Textualmente dice: “Hoy en día son cada vez menos los seres humanos que logran evitar crisis profundas en sus relaciones personales más significativas. Ellas no sólo comprometen las relaciones de pareja sino también otras familiares.

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Muchas veces no logramos conservar nuestros vínculos de amistad o alcanzar relaciones adecuadas en el trabajo”. También Echeverría alude a que los seres humanos estamos generando una gran cantidad de sufrimiento innecesario y concluye en que ese fenómeno puede expresarse como que “hemos perdido conciencia del inmenso potencial transformador que disponemos. Ello se traduce en una pérdida significativa de nuestra efectividad, de nuestra capacidad productiva. Disponemos de un potencial transformador insospechado. Los resultados que obtenemos están por debajo de nuestras capacidades. Ello no sólo se expresa a nivel individual sino también en nuestro desenvolvimiento organizacional”.
Por eso, desde esta columna -que pertenece a todos los mediadores y que nos permite tender “puentes de oro” para que quienes quieran los puedan transitar-, apostamos siempre a nuevos proyectos, producto del hacer y del pensar de todos los que estamos consustanciados en el métier de la mediación…

(1) – Echeverría, Rafael “Ética y Coaching Ontológico” 1ra. Edic. Buenos Aires, Granica 2011

(*)  Abogada, mediadora

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