Cuando la muerte se sienta a la mesa de la mediación

Por Susana Novas *

Al momento de recibir a las partes y sus abogados en una mediación por daños y perjuicios, no conocemos la causa por la que se inició el juicio.
Luego de dar la bienvenida a los participantes, les preguntamos de qué se trata el caso. Suele aparecer entonces un silencio sólido, hasta que el abogado del actor comenta la pérdida de un hijo por mala praxis médica… por accidente… Cuando la pérdida de la vida fue intempestiva e inesperada, algo resuena dentro de todos nosotros: respeto al dolor.
Se presentan sentimientos de solidaridad, de vulnerabilidad…y aun así debemos hablar de dinero; qué valor tiene esa vida, cómo compensar esa pérdida que no tiene precio…
¿Qué significa perder un hijo? ¿Quién puede ayudar a quién durante semejante crisis?
Nadie puede consolar a un padre o hacer que la siniestra realidad se desvanezca. Sólo podemos ayudarlo y estar a su disposición cuando necesite hablar, llorar o tomar decisiones con una actitud sensible y receptiva.
La vida de un hijo no tiene precio; pero su muerte causa un daño y el derecho a la reparación deriva de la Constitución.
El daño moral, como presupuesto de la responsabilidad civil, implica un daño con una relación de causalidad y un factor de atribución y de antijuricidad.
Es la consecuencia de una lesión a un interés no patrimonial que se traduce en un modo de estar diferente de aquel en el que se hallaba antes del hecho, lo que genera un resarcimiento económico.

En los casos de mala praxis, los médicos y clínicas involucradas sienten que perdieron la batalla ante la enfermedad, pero que el desenlace no les es imputable.
Ignorar las emociones y concentrarse en el problema no funciona, ya que las emociones negativas emergerán en forma de posiciones inflexibles.
La autonomía de la voluntad, junto con el consentimiento informado, ha dejado de lado la postura adversarial y jerárquica deviniendo en conductas colaborativas y exteriorizadoras de nuevas dimensiones de la ética y del conocimiento general.
Las actitudes de los letrados se transforman y de pronto hay una solidaridad entre actor y demandado, generalmente representantes de compañías de seguro, y todos aportan lo que desde su lugar pueden, sin pensar en “ganar el juicio” por defectos legales o materiales. Es otro tipo de conflicto el instalado en la mesa y todos quieren colaborar.
Las actitudes de crítica y juicio se convierten en comprensión y lástima…

Para llegar a buen término en la mediación depende de qué etapa esté pasando el doliente. No existe un tiempo fijo para vivir el duelo. Cada cual necesitará el suyo. Y pasará desde la negación, la ira, la depresión: si se le permite expresar su dolor le será más fácil llegar a la aceptación final y estará agradecido de que se lo acepte sin decirle constantemente que no esté triste.
La muerte, como hecho jurídico, es importante en el derecho, pero cuando se sienta a una mesa de mediación tiene un poder enorme.
A lo largo de la historia el tema tuvo diferentes conceptos; para Diego Gracia “la muerte no es un hecho sino una construcción cultural”.

Nuevas Medidas de Aislamiento/Noviembre

 * Abogada, mediadora

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