Cuando la H precede la I

Con mucha frecuencia llegan a la mesa de mediación padres en el marco de la tensión causada por dos situaciones legalmente llamadas Impedimento de contacto e Incumplimiento de deberes alimentarios familiares. Por Claudia Sciú *
Situaciones que remiten a cierta reciprocidad, ya que es bastante habitual que aparezcan vinculadas frases como “si no paga, que no vea a los chicos” o “si yo no puedo ver a mis hijos, ¿qué estoy pagando?”

La Fenomenología Sistémica de Bert Hellinger me ha posibilitado ampliar la mirada y mis comprensiones acerca de las relaciones entre los miembros de la familia. Desde este paradigma, es posible observar ciertas constantes o leyes de funcionamiento en los vínculos familiares que favorecen el logro en las relaciones. Dichas leyes o principios reguladores, llamadas Ordenes del Amor, me han abierto un nuevo panorama para trabajar en estos casos.

Bert Hellinger propone en su trabajo con las Constelaciones Familiares el uso de las llamadas frases sanadoras, en cuya estructura se condensan los principios vinculados con las leyes de funcionamiento familiar, con el lugar que cada uno ocupa en la familia, con los intercambios afectivos entre sus miembros y sus dinámicas. Cuando al constelar se dicen las frases, se producen movimientos tendientes a restablecer el orden, generando relaciones más saludables para que fluyan en dirección a su logro.

En la mesa de mediación he comprobado que su utilización causa un impacto a nivel emocional que da la posibilidad a los involucrados de ingresar en otros espacios de comprensión de modo más directo y eficaz, posibilitando a las partes la toma de contacto con otros niveles de comprensión y sensibilización.

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Es así que, poco a poco, los términos jurídicos van transformándose en su semántica, en una traducción que humaniza lo que están viviendo.
Los hijos van emergiendo de otro modo en relación con sus padres, fortaleciendo así uno de los principios fundamentales de la mediación: el protagonismo de las partes en las decisiones actuales y a futuro.

Técnicamente, frases propias de la Fenomenología Sistémica van integrándose a la circularidad narrativa construyendo un nuevo relato, construyendo así una historia alternativa.

No sin intención y sutilmente decimos: “En algún momento Uds. se eligieron y de esa elección nacieron”; “la pareja puede terminar pero el amor que hizo posible que los hijos estén en la vida permanece en ellos”; “cuando un hijo escucha hablar mal de su mamá o de su papá está colocado en un conflicto de lealtad que no puede resolver”; “en ocasiones los hijos enferman cuando están tensionados por la lealtad a uno o a otro”; “a veces los hijos cuidan a sus padres y parecen más grandes que ellos”; “ los asuntos de los padres son de los padres, Uds. son grandes y ellos los chicos”.

Poco a poco van apareciendo los hijos en su dimensión más humana, vinculando el hecho de que ellos llegaron a la vida como consecuencia de que sus padres lo hicieron posible. Se va ampliando el protagonismo de las partes, profundizando la legitimación entre ellas como auténticos y únicos padres de los hijos.

Si las frases producen el impacto esperado, los hijos aparecen en el centro del discurso y bajo la mirada de ambos padres, como si de pronto los hijos estuvieran en el centro de la mesa.

Estos movimientos simbólicos van situando a cada uno en su lugar: los padres en el lugar de padres, los hijos en el lugar de hijos, en el lugar que cada uno ocupa, principio de relevante importancia para relaciones saludables en la familia, y desde allí los microacuerdos van deslizándose sobre otra superficie discursiva.

Al abrir el paquete de la coparentalidad vamos conversando acerca del nombre de la escuela a la que asisten, qué les gusta comer, quién compro la ropa por última vez, cómo se llama su médico, cuántos tíos hay, cuándo y cómo ven a sus abuelos, quiénes son los padrinos, superando las preguntas como “¿quién tiene la tenencia?”; “¿cuánto es la cuota?” “¿cómo es el régimen de visitas ?”. Preguntas atravesadas por lo jurídico que, a mi humilde entender, son sin duda necesarias y a la vez insuficientes, ya que sostienen el poder en el mediador como agente de la justicia.

La Fenomenología Sistémica de Bert Hellinger me ha dado la posibilidad de modificar esas preguntas y traducir el discurso jurídico, para situarlas más cerca de los padres, más cerca de los hijos, para situar las reflexiones a futuro ya no en una mesa de mediación sino en sus mesas cotidianas.
Si este efecto se produce, lejos va quedando la tensión entre las dos I, la del Impedimento, la del Incumplimiento, para dar acceso a una nueva zona, la de la I precedida de la H: los hijos; los hijos se hacen visibles para ambos desde otro lugar, ya no entre los padres sino delante de los padres.

Y la mirada se expande alcanzando a todos los miembros de la familia del papá y de la mamá, a la cual también pertenecen, y acolchonados en su afecto podemos percibir en los padres la emoción que los embarga y, como casi mágico, el movimiento pacificador sucede.

* Psicóloga, mediadora, consteladora

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