Crónicas de una guerra en marcha: las pretensiones hegemónicas de Azerbaiyán

Por Silverio E. Escudero – Exclusivo para
Comercio y Justicia

La guerra entre Armenia y Azerbaiyán por el control del enclave separatista de Nagorno Karabaj sigue escalando. Es un nuevo episodio de un largo enfrentamiento que lleva siglos y que tiene condimentos etnorreligiosos profundamente enraizados en las tradiciones de ambas naciones.

Las cifras de muertos y heridos difieren según la fuente que se consulta. Todo es provisional en el frente de batalla, incluida la vida. 

Se habla de helicópteros derribados, tanques destruidos y ataques con drones pertenecientes a las dos ex repúblicas soviéticas. por lo que se han desplazado a la región traficantes de armas que ofrecen sus “souvenirs” ante la mirada de todos o, sin ponerse colorados, por debajo de la mesa cuando se trata de armar batallones clandestinos. 

Atenas, Nicosia, Belgrado, Sofía y Odessa, al parecer, son escenario de los negocios encubiertos. Observadores militares advierten de la presencia de vendedores chechenos que, con su valijita, ofrecen a buen precio bombas de deflagración retardada y novedosos fusiles-ametralladoras o morteros, que producen en la clandestinidad a pesar del sistema represivo montado por Vladimir Putin.

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Desde hace milenios, los azerbaiyanos han acunado sueños imperialistas que fundan en el hecho de constituir la nación más grande y poderosa del Cáucaso y gozar de una posición geopolítica de excepción: ser puente entre Asia Central y Europa Oriental. 

Ésta es razón suficiente para que sea un bocado muy apetecible de todos los imperios que fueron desde los comienzos mismos de la historia. Fue, por cierto, dependencia del imperio de los medos, para integrar más tarde el reino de la Albania caucásica entre el final del siglo IV y comienzos del III a. C., cuya capital fue la ciudad de Gabala, ubicada en el actual distrito de Qabala, que sería trasladada -por razones geopolíticas- al sur, sobre el actual territorio de Barda, refundada bajo el nombre de Partaw. 

Al llegar a la región las primeras tribus sasánidas en el año 252, convirtieron la Albania caucásica en un Estado vasallo, mientras el rey Urnayr adoptó oficialmente el cristianismo como la religión del Estado en el siglo IV.

Pese a las numerosas conquistas de los sasánidos y los bizantinos, Albania permaneció como un Estado semiindependiente hasta el siglo IX. En 667, el califato Omeya expulsó a ambos ejércitos de la región y conquistó la Albania caucásica, luego de suprimir la resistencia cristiana liderada por el príncipe Javanshir. El vacío de poder dejado por el declive del califato Abasí fue cubierto por numerosas dinastías locales, como las de los saláridas, los sayidas, los shaddadids, los rawadids y los búyidas. A principios del siglo XI, el territorio comenzó a ser atacado por oleadas de tribus túrquicas oguz provenientes de Asia Central.

En 1918 se estableció la República Democrática de Azerbaiyán, la primera república secular y democrática en el mundo islámico que, a poco de andar, pasó a formar parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), desde 1920 hasta su independencia, en 1991.

La adhesión a la URSS le concedió beneficios especiales. Sería Azerbaiyán una nación privilegiada que gozó de la mirada benevolente de Iosef Stalin. Ello la convirtió en un auténtico gendarme del “patio de atrás” de Moscú, tarea que cumplió con eficacia, ya que fue responsable -entre otras- del control político de los musulmanes residentes en el territorio soviético.

Aunque sus autoridades administrativas y políticas (junto a sus pensadores e intelectuales) trataron de ocultarlo, las milicias azerbaiyanas fueron la mano de obra elegida para ejecutar las matanzas ordenadas por Stalin a partir de 1930. Asesinatos en masa que pasaron a la historia como la “Gran Purga”, en la cual fueron exterminados cientos de miles de miembros del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), socialistas, anarquistas y opositores perseguidos, juzgados y, finalmente, desterrados, encarcelados o ejecutados en los campos de concentración o gulags

Azerbaiyán y Armenia -desde siempre-, junto al enclave Nagorno Karabaj, conforman uno de los «conflictos congelados» después de la disolución de la URSS. Cuestión que le ha hecho decir a Thomas de Waal, experto del centro de estudios Carnegie Endowment for International Peace: «De todos los conflictos no resueltos que estallaron cuando se deshizo la Unión Soviética, el de los armenios y azerbaiyanos por Nagorno Karabaj ha sido el más amenazante».

¿Cómo empezó todo? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Lo real es que está en disputa el territorio montañoso de Nagorno Karabaj, una región de unos 11.500 km2 con una población de mayoría armenia.

En 1988, hacia el final del régimen soviético, las fuerzas azerbaiyanas y los separatistas armenios comenzaron una sangrienta guerra en la que murieron entre 20.000 y 30.000 personas. Más de un millón huyeron de sus hogares.

Una tregua se firmó en 1994 y los armenios de Nagorno Karabaj lograron crear un Estado independiente de facto. Pero desde entonces, varias negociaciones para lograr un acuerdo de paz permanente fracasaron y la disputa continúa «congelada».

¿Ha habido otros enfrentamientos armados? El cese el fuego fue violado en cientos de ocasiones, pero desde que se alcanzó el acuerdo en 1994 ha reinado una tensa calma en la región.

Los azerbaiyanos tienen resentimiento por la pérdida de territorio, que consideran suyo, pero los armenios no parecen dispuestos a entregarlo.

Rusia, Francia y Estados Unidos presiden el Grupo de Minsk de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), que desde entonces intenta encontrar una solución pacífica para el conflicto.

La “Línea de Contacto” en Nagorno Karabaj es una de las zonas más militarizadas de Europa. El ministro de Defensa de Azerbaiyán, Zakir Hasanov, amenazó con un «gran ataque» contra la capital de Nagorno Karabaj, Stepanakert, si los separatistas no dejan de bombardear sus asentamientos.

Nagorno declaró que respondería de forma «muy dolorosa». Armenia, por su parte, advirtió de que el enfrentamiento podría desatar una «guerra a gran escala en la región». 

El ex presidente Serzh Sarguysan dijo que un nuevo conflicto podría afectar la seguridad y estabilidad, no sólo del Cáucaso Sur sino también de Europa.

A pesar de que Rusia tiene influencia e intereses en ambas partes, incluida su antigua alianza militar con Armenia, «no está en el asiento conductor de este conflicto», según las palabras de De Waal. Tampoco tiene presencia terrestre en Nagorno Karabaj.

Además, hay otra potencia importante en el Cáucaso Sur, Turquía, que ha estado apoyando a Azerbaiyán.

Tanto Turquía como Rusia, sin embargo, están ahora dirigiendo. 

La intervención de Rusia podría ser decisiva para una solución pacífica del conflicto, pero eso no ha evitado que rusos y turcos se acusen mutuamente de intervencionismo.

Según la agencia rusa de noticias Interfax, el nuevo acuerdo de cese del fuego fue logrado luego de un encuentro entre las partes en Moscú. Así las cosas, la mediación rusa parecía clave para una posible solución pacífica. Sin embargo, cuando aún no se había secado la tinta de las firmas del acuerdo, el acercamiento estalló por los aires.

Armenia y Azerbaiyán se acusaron de haber violado una nueva tregua humanitaria en Nagorno Karabaj, un día después de haber acordado el cese de hostilidades y a una semana de un primer alto el fuego que nunca llegó a respetarse.

Existen, al parecer, pocos escenarios posibles. Uno es que Azerbaiyán decida lanzar una operación militar para recuperar su territorio perdido, la cual, afirma De Waal, tendría el “beneficio adicional” de distraer a la población azerbaiyana de los problemas económicos causados por la caída en los precios del crudo. “En los últimos días, tanto los armenios como los azerbaiyanos han estado ondeando sus banderas nacionalistas. Las emociones están exaltadas», advirtió el experto.

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