Conflictiva relación comercial de Estados Unidos con China

Por Salvador Treber. Exclusivo para Comercio y Justicia

 Por Salvador Treber

La personalidad del presidente estadounidense es por todos conocida; pero resulta muy extraño que en el nivel que ostenta Estados Unidos no se hayan implementado ciertos frenos a sus reiterados arranques, pues también es motivo de asombro que, por más que ocupe la primera magistratura, muy frecuentemente da rienda suelta a su ímpetu sin ningún tipo de consideración. Todo ello contrasta con la medida y harto prudente modalidad que caracterizan a los funcionarios asiáticos de semejante nivel, pues sus temperamentales reacciones son más propias de un intrascendente conflicto barrial que una puja entre las dos más grandes potencias del ámbito ecuménico.
Mucho es lo que se habla sobre la decisiva influencia de los “factores de poder” en Washington aunque parece que dichos episodios no les interesan.
Entre las actitudes que ha tenido Trump recientemente se encuentra el violento rechazo con que demostró su oposición a los convenios comerciales multilaterales, e incluso el manifiesto desprecio por la presencia de la Organización Mundial de Comercio (OMC) que, entre otras funciones, dirime disputas que puedan entre algunos de sus países integrantes. En la oportunidad que nos ocupa se refirió a la dudosa existencia de un eventual conflicto relativo al intercambio comercial entre ellas, que exhibe en forma permanente saldos muy favorables a los asiáticos. La medida más conflictiva que adoptó Trump fue la de aplicación de aranceles a la importación de 1.300 productos originados en China, que totalizan un monto equivalente a US$60.000 millones.

Estos arenceles rigen desde julio y los 27 países europeos han replicado, gravando una serie de productos que caracterizan a EEUU, tales como vestimenta, cigarrillos, whisky, todo tipo de motos y de automóviles, con lo cual pretenden recaudar alrededor de 2.800 millones de euros y anuncian que están preparando otras medidas que no son menos importantes. En consecuencia, se ha configurando así una virtual “guerra comercial” que seguramente perjudicará a ambos bandos; pero constituye una incógnita lo qué decidirá Trump para reforzar su poco racional embate contra sus ex aliados.
Cabe advertir que un tradicional socio de EEUU, Canadá, ha adoptado represalias semejantes que se estiman cercanas a 10.000 millones de euros. La Unión Europea (UE) comunicó formalmente a la OMC -en detalle- todos los productos incluidos en ese nuevo régimen “punitivo” en un prolijo listado que se extiende en 18 páginas. Además, consideran ilegal lo que ha implementado el gigante americano a instancias de Trump.
Todo lo precedentemente descripto constituye un verdadero desafío y generó una inmediata respuesta que agitó el ambiente. Los especialistas estiman que China no se verá muy perjudicada pues podrá, sin mucha dificultad, reorientar dichas exportaciones hacia otros destinos y, paradójicamente, a EEUU ello le será mucho más problemático, ya que corre el innecesario riesgo de desequilibrar sensiblemente su comercio exterior. Nadie que conozca el tema hubiese adoptado semejante actitud, que se vuelve en contra de quien la aplica primero. Pese a ello, Trump es absolutamente imprevisible y suele con frecuencia prescindir de la opinión de los expertos al servicio de la Casa Blanca. Cabe recordar que desde el momento mismo de su asunción promovió la construcción de un muro de tres metros de altura para cerrar los 3.200 kilómetros de la frontera sur con México.

Las derivaciones del conflicto
Los nuevos aranceles se elevan a 25% en el caso de la importación de acero y a 10%, en la de aluminio que Trump intentó justificar en supuestas razones de “seguridad nacional”. Tal planteo casi de inmediato demostró su total falta de sustento, pues tuvieron que exceptuar de tales recargos en primer instancia a Canadá y luego a toda a la zona de Libre Comercio que rige en América del Norte, para luego hacerlo con otros varios países entre los cuales se incluyó al nuestro.
Se señala con preocupación que se han multiplicado los temas que generan controversias; tal como sucede con la industria automotriz, pues las cotizaciones internacionales de tales productos se han perturbado peligrosamente y los eventuales efectos negativos se extendieron a países que nada tienen que ver con dicho enfrentamiento.
Todo lo antes mencionado sólo se torna comprensible y adquiere algo de coherencia en el contexto de una política más integral fuertemente proteccionista que, debe advertirse, rompe con toda la tradición histórica de EEUU, que siempre alentó el libre cambio. Ello coadyuvó durante un siglo para que se convierta en una muy poderosa potencia en todo los aspectos.
Es obvio que los caprichos y raptos de Trump, sumados al hecho de que frecuentemente no pudo fundar seriamente sus decisiones exponiendo causas válidas y reales para tomarlas, han erosionado su prestigio. Por el contrario, sus actitudes no sólo causaron una sensible pérdida respeto a nivel estrictamente personal sino también alcanza a su país por haberse dado “el extraño lujo (?)” de elegir como presidente a alguien de muy discutibles condiciones para desempeñarse como tal. Todo se agrava debido a que los continuos traspiés no lo han inducido a buscar el asesoramiento de personal avezado.

Un ejemplo de tal circunstancia es que no ha comprendido que no es el saldo del intercambio con China lo realmente decisivo sino el resultado del comercio multilateral con todos los países del mundo. Además, es importante comprender que la reducción de importaciones provenientes de China no necesariamente significará, en forma automática, lograr un incremento en el nivel de su ocupación estadounidense. El motivo real de ese “desvío” fue un muy notorio menor costo y ello también se podría lograr con radicaciones en varios países de sudeste asiático como Tailandia, Vietnam o Bangladesh.
En consecuencia, son relativamente escasos los casos en que, por su complejidad, tales procesos deberán encararse dentro del país. Además, no es seguro que la sustitución de importaciones promoverá un mayor uso de mano de obra pues es probable que en la elaboración de esos productos se apele al uso de robots; modalidad ya muy generalizada para el procesamiento de una considerable gama de bienes.
El presidente Trump pretende que China reduzca voluntariamente sus ventas a EEUU en nada menos que US$100 mil millones y esto es una idea casi infantil, pues intenta hacer prevalecer sus deseos que chocan con una realidad muy diversa que no admite un manejo de esa naturaleza.

Insólitas réplicas y contrarréplicas
La mayor preocupación que dice tener Trump se refiere al déficit bilateral. Es obvio que la “guerra de aranceles” perjudica mucho más a los empresarios americanos. Los asiáticos pretenden distender la referida escalada y procuran evitar lidiar en tribunales estadounidenses pues aunque les acompañe la razón, sostienen con plena convicción que en dicho ámbito todo puede ser distorsionado. Por otra parte, alertan sobre que se han reducido las expectativas respecto al territorio chino pues han verificado que no es, como se suponía, un “paraíso” económico.
Por su parte, el “clima” en EEUU y Europa es actualmente mucho menos propicio que hace algunos años, dado que se ha desvanecido la versión casi novelesca de que se trata de un ámbito apropiado para generar rápidas y generosas ganancias. Si algo faltaba para oscurecer más dicho escenario, las actitudes francamente rupturistas de Trump en oportunidad de la reunión del Grupo de los Siete en Canadá terminaron por convencer a los demás integrantes que es inútil alentar tal esperanza y que, por el momento, no tiene sentido este tipo de convocatorias porque sólo sirven para crear escenarios de inútiles disputas para los productos elaborados. Esos conflictos les han permitido a las empresas chinas ampliar sus posibilidades mientras sus competidoras pierden mercado.

En realidad, no se trata solamente de los mercados actuales sino que China podría llegar a acceder con mucho éxito a los sectores más estratégicos e incluso podría prevalecer en áreas que hoy aún no domina, extendiendo así en forma decisiva su presencia, especialmente en materia de inteligencia artificial.
La actitud que prima en la UE es de proteger celosamente la disposición de todos los conocimientos más avanzados mientras los asiáticos se muestran, por contrario, dispuestos a compartirlos. No debe olvidarse que China, en los últimos años, ha avanzado extraordinariamente y actuar frente a ella como lo hace Trump le proporciona a aquella una ventaja inesperada.
Lo aconsejable sería promover un acuerdo global que reglamente y armonice la implementación de la tecnología interrelacionada; lo cual Europa está dispuesta a aceptar no Trump, quien no sólo rechaza el posible acuerdo sino que loignora rotundamente.
Es altamente posible que en los próximo años se logre coincidir en crear para impulsar un esquema internacional que contemple un radio de vigencia ecuménico al que, por lo tanto, concurran sin obstáculos artificiales países que por su historia precedente, en muchos casos milenaria, difieren en cuanto a cultura, historia y tradiciones. Pero no pocos sostienen que ello sólo será posible cuando Trump termine su actual mandato pues EEUU debe ser, necesariamente, un muy gravitante protagonista de tal acuerdo.

En lo inmediato, Europa pretende que los nuevos aranceles estadounidenses sean virtualmente licuados con subsidios y los tacha de ilegales. En tal sentido, optó apelar a los tribunales zonales de Bruselas pues considera que esa respuesta debe ser la “medida proporcionada contra una decisión unilateral de EEUU de imponer aranceles a las exportaciones europeas de acero y aluminio”.
En cuanto a los nuevos impuestos europeos a productos de origen estadounidense, se comunicó oficialmente a la OMC mediante una presentación de 19 páginas, 18 de las cuales contienen el listado completo de los productos cuyo ingreso al área se han resuelto gravar en carácter de represalia. ¡Y pensar que eran aliados!

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