Cirugía mayor para estabilizar a un paciente con pronóstico reservado

 Por Lucas Croce *

El momento al que la sociedad argentina nunca quiere llegar, pero que es incapaz de evitar, está nuevamente entre nosotros. Una vez más estamos transitando una crisis económica.
La falta de coraje político del Gobierno para explicitar un legado macroeconómico catastrófico y enfrentar sus costos (y de la oposición para apoyar), el crédito internacional a tasas bajas dispuesto a financiar el statu quo fiscal que permitiera evitar el ajuste de las destrozadas cuentas públicas, y un optimismo exagerado frente a este temible escenario, pospusieron hasta hace algunas semanas lo inevitable. Pero, como los argentinos sabemos mejor que nadie, las decisiones que un gobierno no toma planificada y ordenadamente, las toma el mercado, caótica y cruentamente.
Frente al frenazo del financiamiento externo, la correcta decisión de recurrir al FMI para garantizar el cumplimiento del programa financiero hasta 2020, despejando las dudas sobre una reestructuración de la deuda, no podrá evitar, sin embargo, la recesión disparada por una brusca devaluación, la consecuente alta inflación y el atraso de los salarios reales. Y como si esto fuera poco, este achicamiento de la economía se extenderá y profundizará, como consecuencia del ajuste fiscal presupuestado, y del apretón monetario decidido por el nuevo presidente del Banco Central, ambos necesarios pero costosos.

Como es sabido, el ministro Nicolás Dujovne envió al Congreso un presupuesto 2019 que adelanta para el año próximo el objetivo de llegar al equilibrio fiscal primario, lo que implica un fuerte recorte del gasto, amén del aumento de la presión impositiva sobre sectores exportadores.
Guido Sandleris, en tanto, ha decidido poner el foco en frenar la inflación, “aspirando” pesos todos los días, valiéndose de tasas de interés altísimas, que contribuyen a quitarle presión al tipo de cambio, variable que ahora se moverá entre dos bandas (fijadas en el inicio en $34 y $44), que se debe estabilizar a la brevedad, como primera condición para poder encontrar la puerta de salida de la crisis iniciada en mayo.
Si bien una semana no es tiempo mínimo suficiente para analizar el resultado de una gestión, en estos primeros días el Banco Central ha logrado su cometido.

Habiendo llegado a este punto crítico, agravado por la tasa de interés americana cómodamente instalada por sobre 3,20%, no quedaba más opción que hacer por obligación lo que hace tres años se debió encarar por propia voluntad. El camino elegido será duro pero es el único que, en las actuales circunstancias, puede lograr el doble objetivo de controlar la inflación y eliminar el déficit fiscal primario.
Pero el gran desafío radica, también, en su dureza: este conjunto de medidas no puede aplicarse más que por algunos pocos meses sin paralizar la economía, situación que no sería soportada por muchas familias y no pocas empresas.
Pero cerraremos estos comentarios con algunas notas alentadoras. Para los inversores acostumbrados a la volatilidad del mercado argentino, los rendimientos actuales, tanto en bonos en pesos (inflación más 8%) como en dólares (entre 9% y 10% de Tasa Nominal Anual), aparecen como muy atractivos, siempre que el objetivo sea obtener renta.
En cuanto a la economía real, los próximos 180 días serán muy complicados y la recesión se hará sentir con fuerza. Pero a partir del segundo trimestre de 2019 comenzarán a verse los efectos del ingreso de dólares de las cosechas de trigo, soja y maíz, del tipo de cambio alto, que incentivará exportaciones (y desalentará importaciones, turismo y atesoramiento), haciendo crecer el nivel de actividad general y las economías regionales en especial.

* Asesor Financiero de DLC Asesores

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