¿Cambió la morosidad de los hipotecarios en el nuevo contexto económico?

Por Guillermo Bidart, Jorge Golla y Marcelo Raffin*

El cambio en el escenario económico y financiero observado a partir del inicio del segundo trimestre ha planteado un conjunto de desafíos para los deudores, tanto del sector corporativo como del de las familias. Respecto a estas últimas surge preguntarnos, con base en la última información disponible, si se ha observado algún cambio significativo en la morosidad de los préstamos hipotecarios otorgados por el sistema financiero en los últimos dos años. Recordemos que este tipo de crédito destinado a personas humanas registró un destacado crecimiento desde mediados de 2016, muy en particular aquellos denominados en Unidad de Valor Adquisitivo (UVA).
En los últimos años el Banco Central viene desarrollando un conjunto de herramientas destinado a reforzar el monitoreo prudencial de los distintos riesgos enfrentados por las entidades. En particular, en el Informe de Estabilidad Financiera del Primer Semestre de 2018, publicado en mayo, se introdujo un instrumento adicional para evaluar aspectos relativos al riesgo de crédito asumido por las entidades, que comúnmente se denomina “análisis de cosechas”.

Los resultados del análisis de cosechas presentados allí indicaban que la morosidad de los nuevos créditos hipotecarios generados a partir de 2016 (cuando se aceleró su otorgamiento, fundamentalmente de los denominados en UVA) estaba en niveles históricamente bajos. En el segundo trimestre no se presentaron cambios. En ese sentido, la irregularidad se manteniene por debajo de 1,5%. En particular, para las dos cosechas más recientes, los niveles de irregularidad en el segundo trimestre de 2018 son los más bajos entre todas las cosechas seleccionadas (0,07%).
Cuando se analizan los datos en forma acumulada -con el fin de contar con cierta aproximación a la probabilidad de que algún deudor de una cosecha específica pase a ser moroso al menos alguna vez en la vida del crédito-, se observan curvas de irregularidad significativamente más planas para las cosechas de fines de 2016 en adelante, en comparación con aquellos créditos con mayor maduración. En efecto, las cosechas más recientes tardan a lo sumo un año y medio en mostrar una tasa acumulada de 1% de irregularidad. Este valor es menor que la mitad del promedio de irregularidad alcanzado por el resto de las cosechas más antiguas cuando llegaron a ese mismo plazo de maduración.

En este sentido, se puede observar que para todas las carteras de hipotecarios originados desde fines de 2016 a la actualidad, la irregularidad acumulada alcanzada en los períodos subsiguientes constituye mínimos históricos cuando se los compara con las carteras originadas en los últimos ocho años. Cabe destacar que en este período (fines de 2016 y principio de 2018) se registró una combinación de variación positiva de la actividad económica, implementación del crédito UVA (con la característica de poseer una menor carga inicial de la deuda comparada con el crédito tradición a tasa de interés fija nominal) y condiciones crediticias favorables para este tipo de préstamos.
En ese lapso, el saldo de crédito hipotecario del sistema financiero a las familias aumento en términos reales más de 200%. No obstante este crecimiento, el endeudamiento total e hipotecario del sector familias continúa en niveles relativamente bajos.
Respecto a ello, los créditos hipotecarios UVA no sólo están participando cada vez más en la totalidad de este tipo de líneas crediticias sino que, además, lo hacen con mejor desempeño crediticio relativo. Así, las cosechas de créditos hipotecarios UVA no superan en ningún momento una irregularidad de 0,4%.

Considerando el indicador de irregularidad acumulada específicamente para los créditos UVA, también se percibe un adecuado desempeño crediticio, incluso mejor que el observado en el resto de los créditos hipotecarios. Lo que se observa también es que entre las primeras cosechas UVA (por ejemplo, las generadas durante el tercer y cuarto trimestre de 2016) se ha observado un mayor deterioro en comparación con las posteriores.
Así, si bien la generación de nuevos hipotecarios se ha desacelerado, la morosidad no ha mostrado cambios en lo que va de 2018, manteniéndose en niveles bajos.

* Economistas del Banco Central de la República Argentina. Estracto del blog Ideas de Peso

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