Biocombustible a base de ricino, desarrollo local que surcará cielos antárticos

Un grupo de investigadores cordobeses avanza en este proyecto para uso aeronáutico en zonas de bajísimas temperaturas.

Adaptado para funcionar a temperaturas inferiores a 47 grados bajo cero, el biocombustible a base de ricino está siendo desarrollado en Córdoba para uso aeronáutico en la Antártida y la Patagonia.

Dado que el ricino es un cultivo benigno desde el punto de vista ecológico y social -puesto que no es comestible, su cultivo no es intensivo, ocupa tierras marginales y emplea mucha mano de obra-, los investigadores están trabajando por la diversificación de la matriz energética, en pos de superar la antinomia combustibles versus alimentos.

A partir de un acuerdo entre la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), la dirección de Investigación y Desarrollo de la Fuerza Aérea Argentina (FAA) y el Consejo Nacional de Ciencia y Técnica (Conicet), un grupo de científicos desarrolló un biocombustible a base de aceite de ricino, un arbusto que fácilmente podría explotarse en las regiones del norte del país -NOA y NEA-.

En diálogo con Comercio y Justicia, Jorge Pérez, doctor en química y director científico técnico del proyecto por parte del Centro de Química Aplicada (Cequimap) de la Casa de Trejo, explicó que el uso del nuevo desarrollo en aviones implica la utilización de 70% de hidrocarburo (querosene) mezclado con 30% de biodiésel de ricino.

Esta innovación, que próximamente será testeada en un vuelo, ya pasó las pruebas de laboratorio en las cuales se la expuso a condiciones y parámetros de temperatura similares a los de las zonas antárticas.

Como antesala del uso aeronáutico, los investigadores ya probaron con éxito la utilización del biocombustible en vehículos que circulan en la base argentina Comodoro Marambio.

Según precisó Pérez, el objetivo fue ir reemplazando progresivamente el gasoil antártico (GOA) por biocombustibles. El combustible que se prueba en este momento es el BioGOA, que contiene 20% de biodiésel desarrollado con ricino y 80% de gasoil antártico. Esta mezcla sirve para hacer andar barcos, maquinarias y camiones Mercedes-Benz Unimog (multipropósito) que circulan en el continente blanco.

“Desde el punto de vista técnico, es posible desarrollar estrategias que no colisionen ni con la preservación del recurso natural ni con la falsa opción alimentos versus combustibles”, destacó Pérez.

También, como antecedente del uso del biocombustible a base de ricino en aviones los investigadores cuentan con la experiencia de 2007, cuando se probó un avión pero con biocombustible a base de aceite de soja. Hoy, lo novedoso es justamente que se están haciendo las pruebas pero con un biodiésel proveniente de un cultivo no comestible.

Según indicó el investigador, el nuevo desarrollo a base del arbusto podrá beneficiar a los agricultores pobres, en particular en las zonas semiáridas y alejadas, donde no crecen cultivos alimentarios pero sí puede obtenerse ricino.

Asimismo, destacó que los biocombustibles deben analizarse como una alternativa estratégica de diversificación de la matriz energética, para pasar a un modelo de sustentabilidad y cuidado del medio ambiente.

Trabajo de cuatro años
En 2006, el Ministerio de Defensa de la Nación recibió como directiva del Poder Ejecutivo Nacional impulsar desarrollos de tecnologías duales, es decir, de interés para las Fuerzas Armadas y la sociedad civil. En ese contexto, los biocombustibles se constituyeron en uno de los ejes de trabajo y se realizó un acuerdo.

Desde ese momento, los esfuerzos se concentraron en formular un biocombustible a base de aceite de soja para uso aeronáutico y ahora a base de ricino.

Cabe destacar que en el proyecto también participan el ingeniero Omar Maccaglia y Patricia López Rivilli, como así también científicos de la FAA y del Centro de Ensayos en Vuelo (FAA).

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