Argentina, en un año signado mundialmente por la depresión

Por Salvador Treber. Exclusivo para Comercio y Justicia

Todos los analistas económicos más respetados consideran que el año que se ha iniciado será muy duro y que en ninguna latitud del planeta se logrará superar esa coyuntura sin afrontar un alto costo social.

En los comienzos del año en curso, una apertura y una fugaz tendencia ascendente hizo abrigar firmes esperanzas de que se operaría una firme y persistente reversión del signo negativo que se venía afrontando. Sin embargo, bastó el transcurso de enero para que esas expectativas se esfumaran y fueran sustituidas por datos concretos que preanunciaron un período de muy baja actividad.

Quizá motorizadas por la lógica ansiedad de operadores y empresarios en general, las perspectivas de fuerte reactivación duraron muy poco y prontamente los mercados bursátiles volvieron a cotizaciones en baja que borraron todo hálito de optimismo. Este “clima” negativo ha venido primando incluso en China e India que, si bien siguieron liderando, lo han hecho a un ritmo que marca una segura desaceleración pues los pronósticos ahora son, respectivamente, de +6,2 y +5,9% para el año en curso. Incluso lo dos lunes “negros” que asolaron la bolsa de Beijing, en el primer mes de este año, terminaron por extinguir cualquier atisbo de mejoría.

En cuanto a Estados Unidos, indiscutida potencia líder mundial, se esperaba que 2016 fuera un año de firme retorno a la “normalidad” signada por una tasa anual de crecimiento de tres por ciento pero ello también muy pronto debió ser descartado pues las bolsas, después de un fugaz amague de recuperación, pasaron a caracterizarse por un virtual desplome en la cotización de todo tipo de títulos y bonos, tanto públicos como privados, muy especialmente de entidades financieras de larga trayectoria en Wall Street. Es altamente sintomático que durante los primeros cincuenta días de 2016 su mercado bursátil haya perdido nada menos que dos billones de dólares pues constituye una virtual catástrofe que supera en negatividad a todas las sucesivas caídas registradas desde el año 2008, a partir de la extensa crisis que abarca en forma generalizada a todos mercados, sin ofrecer ningún indicio de reversión alguna.

A ello se suma -como factor adicional de alarma y continuidad de esa tendencia depresiva- la vigencia de precios internacionales del petróleo cada vez más en baja. En este caso, la cerrada negativa de reducir el volumen del producto volcado al mercado, especialmente por los productores de Medio Oriente, ha alejado toda perspectiva de una relativamente próxima mejora, ya que tampoco Estados Unidos se muestra dispuesto a hacerlo. Por el contrario, ahora cunde la convicción de que el tema, con sus obvios efectos, se ampliará más allá de la finalización de la segunda década de este siglo.

La evolución en caída libre del crudo
En 2008, paradójicamente, el precio del barril de petróleo alcanzó su valor mas elevado, con US$141. Nadie suponía entonces que de esa cima-récord, en sólo 14 meses caería alrededor de US$40.

Desde entonces se inició una caprichosa curva de cotizaciones con altibajos hasta que en 2011 logró trepar, aunque fugazmente, a US$100, que los especialistas consideraron un valor razonable. No obstante, luego de oscilar con pronunciadas modificaciones en un segmento de entre US$70/80 el barril, comenzó una sostenida caída que a mediados de 2014 se aceleró de forma tal que para el 27 de enero de 2016 se colocó por debajo de US$30.
Sin mayores explicaciones fundadas, se pensó inicialmente que el descubrimiento de gas y petróleo de naturaleza “no tradicional” (ubicado entre 2.000 y 4.000 metros adherido a rocas) se reservaría para ampliar el plazo de agotamiento en el planeta.

De este tipo de combustible, conocido también como “esquitos”, Estados Unidos es el principal beneficiario por la gran abundancia de ambos en su territorio. Resulta oportuno recordar que a Argentina le corresponde el segundo lugar en el mundo en materia de gas y el cuarto en petróleo por su yacimiento de Vaca Muerta (Neuquén). La producción efectiva se programó encarar en sociedad por mitades junto con empresas internacionales de primer nivel pero las condiciones recesivas que priman en el mundo vienen postergando atraer interesados en lo inmediato para una explotación intensiva.

Otra modificación operada en el mercado petrolero tradicional surge como consecuencia de los acuerdos alcanzados por Estados Unidos, como líder y representante de la NATO, con Irán pues permite que este país retorne como importante productor y proveedor de petróleo. Ello es obvio, ya que se lo considera el segundo mayor potencial productor mundial y, a medida que vaya incursionando, logrará recuperar la ubicación que ostentaba antes de haber sido drásticamente bloqueado cuando intentó fabricar armamento atómico. Esta actitud constituía que consideraron grave, con fundamento, marcó un hito. Ahora, eliminado ese aspecto, se vuelve lógico que incursione nuevamente, sin frenos, en el mercado con toda su ya conocida capacidad precedente.

La situación en otras diversas áreas
La reiterada caída de mercados bursátiles, testimonio indiscutible de situaciones económicas muy comprometidas, salvo Alemania (pese a que su tasa anual de crecimiento ha sido de apenas 1,2%) en ningún caso hay quien siquiera pueda atenuar en el resto de Europa los efectos de la recesión en curso. También en un breve término, a inicios de 2016, las cotizaciones de sus mercados bursátiles perdieron más de 300 mil millones de euros.

Según el Indice Eurstoxx 600, que surge de observaciones sobre un conjunto de países componentes, se vienen manifestando mediante caídas simultáneas y en cadena, llegando a marcas hasta ahora desconocidas por su gran magnitud.

Dentro de ese problemático contexto, el mayor temor está referido a ciertos países de la Eurozona como Irlanda, Portugal, España, Italia y Grecia. Este último sigue en negociaciones permanentes con la conducción colegiada de Bruselas, desde donde ya tuvo tres rescates frustrados y está en inminencia de un cuarto si se aceptan las duras condiciones planteadas pues es evidente que crece la protesta popular y el reclamo de no reiterar lo que antes se verificó que no es la adecuada vía de solución.

La mayor economía de Europa Occidental y Central que afronta múltiples dificultades es Italia. La bolsa de Milán dio a conocer en detalle las causas y consecuencias de la tendencia y la dimensión de las caídas, así como las razones por las cuales su sector financiero afronta el peor “rebote” después de haber operado generando utilidades de inédita magnitud. De todas maneras, por su magnitud relativa, no sería nada fácil acudir en su auxilio.

La segunda entre las más comprometidas es España, que está en el nivel más bajo de los últimos años y agrega a tales turbulencias las enormes dificultades que afronta para constituir un gobierno que esté a la altura de las circunstancias. Si bien la tasa de desocupación abierta ha mejorado levemente (descendió de 26,4% a “sólo” 21,7%), este índice sigue traduciendo con precisión la dura emergencia que afrontan, sin perspectivas ciertas de encontrar soluciones aptas dentro de los próximos años.

La economía argentina en ese contexto
En oportunidad de realizarse la más reciente Asamblea Anual conjunta del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, celebradas en Lima (Perú), se dio a publicidad el informe regional. Según éste, el crecimiento de Argentina en 2016 sería muy modesto (0,7%), pero el Banco Mundial augura para los dos años subsiguientes sucesivas recuperaciones, aunque de diversa magnitud, +1,9% en 2017 y +3% para 2018.

En especial enfatiza sobre la influencia de un contexto conflictivo por los momentos críticos que afronta Brasil y que, obviamente, influyen sobre toda el área.

En el caso del país vecino, inicialmente habían estimado que cerraría 2015 con una caída de dos por ciento y que llegaría a la mitad en 2016; pero la realidad viene presentándose bastante más problemática. En efecto, la baja de 2015 llegó a -4% y en 2016 se considera muy probable se vuelva a repetir una marca semejante. En consecuencia, los indicadores asignados a Argentina son meritorios y deben ser valorados en todo lo que pueden significar en un contexto tan poco propicio. Pese a que las cotizaciones internacionales seguirían deprimidas, se confía en muy buenas cosechas de soja, maíz e incluso de trigo que apuntalarían el inicio de una más extensa y amplia recuperación.

En una situación semejante se menciona a México, muy afectado por los bajos precios del petróleo aunque, pese a ello, exhibe síntomas de mejoría debido a la concurrencia de los efectos positivos tras ciertas reformas estructurales y la paulatina recuperación de la demanda del mercado estadounidense.

Sin embargo, el Banco Mundial insiste en que hay que mantenerse alerta. Llama mucho la atención el alto grado de reservas con que se expide este organismo, dado que habitualmente lo ha hecho siempre en forma enfática y rotunda. En el párrafo final advierte:

“La debilidad observada simultáneamente en la mayoría de los principales mercados emergentes afectará fuertemente la actividad mundial en 2016 y dificultan la posibilidad de alcanzar los objetivos de reducción de la pobreza y prosperidad compartida, ya que dichos países contribuyeron enormemente al crecimiento mundial en los últimos años”

Como se puede apreciar, el organismo internacional ha optado por no hacer afirmaciones rotundas y, en general, ha preferido dar un tono de hipótesis fundadas a sus amplias evaluaciones. De todas maneras, fue claro y firme en el análisis sobre la actualidad y futuro inmediato de Brasil, las prometedoras tendencias que han detectado en México y, con bastante más optimismo, las presunciones avaladas con estimaciones cuantitativas sobre la magnitud de la recuperación anunciada de la economía argentina.

Sus únicas prevenciones en nuestro caso apuntan a una eventual intensificación de la caída brasileña, a lo que habría que agregar los méritos, todavía no valorados plenamente, de los nuevos equipos de gobierno que asumieron el 10 de diciembre ppdo.

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