“América Latina se volvió más realista en el manejo de su economía”

Ricardo Arriazu, economista y titular de Ricardo Arriazu y Asociados

El recrudecimiento de la crisis en Estados Unidos y Europa reenfocó el análisis sobre la incidencia en América Latina de una recesión mundial -o, al menos, de una fuerte desaceleración del crecimiento- y sobre las virtudes de la región para no estar sufriendo la misma situación que los países desarrollados. En ese marco, en el mundo empresario es muy escuchada la opinión del consultor internacional Ricardo Arriazu, quien en diálogo con Comercio y Justicia valoró el “realismo” económico sostenido en la región durante los últimos años, descartó crisis profundas “al estilo 2001” en Argentina y auguró que los precios de los granos se mantendrán “altos aunque decrecientes”.

– ¿Qué hizo bien América Latina para no estar en crisis como Estados Unidos y Europa?
– Históricamente, América Latina -obviamente, dentro de ella también Argentina- lo que hizo fue aprovechar los ciclos de bonanza para expandir y gastar todo el dinero en consumo, pedir prestado y cuando se daba vuelta el ciclo no tenía los recursos para pagar la deuda y así surgían sus crisis periódicas. Lo primero que se hizo bien en América Latina fue ser mucho más prudente. El caso extremo fue Chile, que guardó todo el aumento del precio del cobre, pero eso también pasó en Uruguay y en otros lugares.

La segunda cosa que hizo es crecer de manera mucho menos dependiente del gasto estatal: liberó mucho más la actividad privada, mejoró los precios relativos y por lo tanto dejó que los sectores más competitivos fueran los que crecieran. Oviamente, fue ayudada por una coyuntura internacional muy favorable. Todo esto indica que se volvió más realista, menos soñadora al manejar la economía.

– ¿Cuáles son los principales nubarrones a futuro?
– Argentina en algún momento va a tener que corregir el tema del excesivo nivel del gasto público, que sólo se puede financiar si alguien tiene ingresos extraordinarios. Si bajan los precios internacionales no se puede mantener; entonces,  el interrogante es cómo bajo el gasto público.

En segundo lugar, tenemos el costo laboral unitario -es decir, ajustado por productividad- más alto de la historia. Ése es uno de los factores detrás de la inflación pero también es uno de los factores detrás del deterioro de la balanza comercial y del deterioro de la rentabilidad.

En tercer lugar, hemos distorsionado los precios relativos de la energía y de los servicios públicos, con lo cual está bajando la producción de energía primaria y el consumo está siendo incentivado. Hemos eliminado los saldos exportables y ahora somos importadores netos de energía. Todas estas son cosas que deberán ser corregidas por cualquier gobierno en el futuro.

También es cierto que hay muchas cosas buenas pero lo que estoy diciendo es que los ajustes no son catastróficos, no que no haya que hacerlos. Si tenemos superávit en cuenta corriente, eso implica que el país no está gastando por encima de sus posibilidades. En el pasado, en los momentos buenos gastábamos de más.

Eso implica que el país no necesita un ajuste global con estos precios, aunque sí lo necesitaría si bajan los precios de las commodities. Lo que necesita es un cambio entre sectores, que el Gobierno gaste menos y que el sector privado gaste más en inversión, no en consumo.

– Entonces ¿no avizora crisis profundas en el país, al estilo 2001?
– En el mundo se perdieron 80 millones de toneladas de granos con la sequía rusa, lo cual implica que hay que recomponer los stocks. Si no hay un gran evento que cambie las circunstancias, los precios van a seguir altos – aunque decrecientes-, eso implica que va a haber menos crecimiento pero no va a haber catástrofe. Para que la haya tiene que pasar una de dos cosas: o el mundo entra en una catástrofe -y los políticos están jugando con fuego a nivel mundial, tanto en Estados Unidos como en Europa, en cuyo caso se caería todo; y la segunda alternativa es que el mundo deje de subsidiar la bioenergía. Ésta está creciendo por el subsidio y Argentina se ha beneficiado de eso. Si el mundo deja de subsidiar la bioenergía, pueden caer los precios y la pasaríamos muy mal. De todas maneras, crisis como la de 2001 ó 2002, aun en casos de fuertes problemas, no lo creo; sí puede haber caída del Producto (interno bruto).

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