Acerca de algunos componentes del conflicto público y nuevos desafíos para los mediadores

Por Alejandra Ruiz ( mediadora, docente, investigadora UCC) y Sonia Zilberberg (mediadora intercultural, docente, responsable de implementación de programas mediación comunitaria)

En la continuidad de nuestra entrega del 2.8.2012 y antes de desarrollar las herramientas para el manejo de los conflictos públicos, entendemos que es útil aclarar que éstos tienen elementos constitutivos que los diferencian de otros; en ellos está en juego el interés colectivo y requieren de una decisión del Estado que, por su accionar, afecte derechos. Debemos prevenir y desinstalar la violencia para evitar lo que Arendt afirma: “El ser humano que carece de la facultad de acción pública será sometido al poder de los que definen los fines colectivos y los medios para alcanzarlos”.

Para que un conflicto público aflore es necesario un acontecimiento que cause cierta ruptura del orden constituido en el tejido social por causas tales como desigualdad, violencia, etc.

Al analizar los componentes de los conflictos públicos, citamos las minorías activas, que tienen un objetivo común, tienden a durar en el tiempo y sus integrantes pertenecen a un movimiento que los singulariza y les da identidad. En este marco, los medios de comunicación tienen un poder de expansión muy significativo y ejercen una influencia social-política; así, la protesta social se muestra frecuentemente en un repertorio cotidiano que llega a distintos destinatarios.

Resulta insoslayable que la presencia de los medios en estas acciones de protesta social garantiza la visibilidad, morigera el despliegue del poder o al menos es un dinamizador de escalada o desescalada de conflictos (los cortes de ruta sin la presencia de medios de comunicación se desarticulan rápidamente, ya que el objetivo no es el de maltratar al que transita sino producir un evento mediático) y funcionan como catalizadores de las manifestaciones que, por minoritarias e irrelevantes en el escenario publico, no lograrían visibilidad por sí mismas. Por eso, los protagonistas del conflicto social saben que los medios tienen incidencia directa en la formación de las representaciones sociales.

Dentro de la sociedad existen lo que Durkheim define como representaciones colectivas, portadoras de sistemas de código, valores, lógicas clasificatorias, principios interpretativos. De éstas se deriva la representación social, que se caracteriza por ser el modo de interpretar y pensar la realidad cotidiana que los sujetos construyen según la posición que ocupan en la sociedad. Los medios tienen un rol activo en la construcción de estas representaciones y una influencia inmediata en la opinión pública. Así, suele afirmarse que los sucesos que no son mostrados por los medios “no son”. Entonces, para comprender o visualizar estos conflictos hay que tener en cuenta qué se entiende por minorías, su rol, el interés y el papel de las mayorías en la situación planteada, las representaciones sociales existentes, el papel de los medios de comunicación, cómo se va configurando la opinión pública, cómo se posicionan los actores en el momento en el que el conflicto se hace visible y a partir de allí pensar en las estrategias para instancias de diálogo en los escenarios democráticos. Integrar una comunidad implica participar de estas representaciones colectivas y sociales que nacen en su seno: normas, valores, mitos, ideas. Surge así la identidad social, que forma parte del conflicto público, asentada en el sentido de quién es la persona derivada de su pertenencia grupal, contribuyendo a la formación del autoconcepto y de la memoria histórica.

Resulta prudente pensar en la posibilidad de reformular ciertos principios en que los Estados, las organizaciones y los individuos o grupos reclamantes se vinculan, y reflexionar acerca de buscar mecanismos de resolución pacífica de controversias en distintas instancias, que deben ser alentados. Asimismo, es menester una política pública que permita crecer y mantener los métodos adecuados de resolución de conflictos, facilitando la atención de las distintas necesidades sociales que así lo requieren. Los mediadores pueden contribuir para lograr que semejantes herramientas de pacificación sean conocidas y comprendidas por los ciudadanos y que las prácticas sociales las incluyan como legítimos mecanismos de generación de los consensos que operen como coadyuvantes de la paz y la seguridad sociales.

Las redes sociales son la base de convivencia entre ciudadanos y entre éstos y las organizaciones, por lo que son importantes para el proyecto de vida barrial, regional y nacional. Una sociedad debe tener lazos sólidos que la sostengan y es prioridad del Estado dar los pasos necesarios para hacerlo realidad, ya que es un proceso de construcción permanente, un sistema abierto multicéntrico de intercambios dinámicos entre colectivos diferentes para generar alternativas novedosas. No puede obviarse la influencia de las redes sociales por Internet y formas de convocatoria en los conflictos públicos a las protestas, que adquieren características singulares según el colectivo de que se trate.

Es necesario que los expertos en manejo de conflictos, entre los que se encuentran los mediadores, puedan mirar sus prácticas con todas las posibilidades que tienen, buscando ampliar su marco de actuación frente a los desafíos que el aumento de la conflictividad presenta.

Bibliografía: 1) Almeyra, Guillermo. La protesta social en la Argentina 1990-2004, Continente, Buenos Aires, 2004. 2) Nató, Alejandro. Mediación Comunitaria, Ed. Universidad, 2006.

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