Abuela o guardería

 Por Elba Fernández Grillo / Licenciada en Ciencias de la Información – Mediadora

Eran las 8.30 del lunes. Como todos los lunes, Valeria sacaba su bicicleta y llevaba a Matías al jardín. Pero este lunes fue diferente porque Matías, su hijo de 3 años, le había pedido quedarse a dormir en la casa de su abuela. Ese día Valeria esperaba sola con su bicicleta poder cruzar la avenida de Circunvalación, miró el asientito vacío de Matías y se sonrió; la verdad, lo había extrañado; juntos hacían todos los días ese recorrido, pero cuando su hijo le pidió quedarse a dormir en casa de su abuela dijo que sí, necesitaba estar a solas con Antonio, su esposo y padre de Matías, para definir la separación. Habían aprovechado la ausencia del niño para establecer quién se iría de la casa, cuándo, cómo se arreglarían con las visitas, etcétera. Valeria miraba hacia uno y otro lado sin poder cruzar, miraba sin ver, su corazón, su mente, estaban impregnados de esa desazón que significa un fracaso matrimonial. De pronto Valeria cruzó, le pareció que se podía, no lo vio, no lo escuchó y atravesó la avenida en el mismo momento en que se aproximaba un camión. Valeria falleció en ese mismo instante y lo que iba a constituir una separación lo fue, pero de otra manera.

Con esta narración comenzó Zulema, la mamá de Valeria, su relato en la primera audiencia de mediación. Estaba acompañada por otra hija, Alejandra, hermana de Valeria; al frente se habían sentado Antonio y su abogada. Y Zulema continuó diciendo “¿y a Ud. le parece, mediadora, que ahora el niño, desde que murió Valeria, pasa 10 horas al día en una guardería porque mi yerno no quiere que se quede en mi casa”? Como mediadores, cuando escuchamos estas historias, necesitamos de un pequeño tiempo para recomponernos, para acomodar el cuerpo y el alma a estas tristezas de la gente, escuchar para comprender. Y estas historias constituyen esa singularidad en nuestra rutina diaria que nos despabila, que nos alerta sobre nuestro rol, tratando de equidistar entre unos y otros. Cuando le dimos la palabra a Antonio, éste manifestó que, habiendo fallecido Valeria, era él quien decidía cómo sería la vida de Matías y que creía que no estaba mal que el niño permaneciera esas horas en la guardería porque él debía trabajar; y que en esta institución su hijo era tratado con mucho cariño, porque conocían su situación y no estaba dispuesto a que su ex suegra se entrometiera en la crianza de Matías.

Escuchado todo esto no dudamos con Susana, mi comediadora, en pasar a reuniones privadas.

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Cuando nos quedamos a solas con Zulema y Alejandra, apareció toda su bronca, su ira, su dolor contra Antonio, contra el mundo, pues sólo hacía seis meses que habían perdido a Valeria y sentían que él algo tenía que ver en este especie de suicidio de ella, pues decían no era un buen padre, ni un buen marido, pero que ellas estaban allí para pedir un régimen de visitas para abuela.A continuación hicimos pasar a Antonio con su abogada, quienes nos explicaron la razón por la cual Antonio no quería dejar a Matías en casa de su abuela. Eran dos en realidad: porque se había mudado, luego de la muerte de Valeria, y sus casas estaban muy lejos una de otra, y porque Zulema practicaba una religión que no compartía, pues él era agnóstico, y por lo tanto no estaba dispuesto a otorgar ningún régimen de visitas a esta abuela. Dicho esto le pedimos a Antonio que pensara por un instante qué estaría sintiendo Matías, que había perdido a su mamá y también a su abuela, con las cuales estaba todos los días y cuánto podían ser de nocivas estas creencias religiosas que descalificaran la calidad del afecto de esta abuela por su nieto. También los invitamos a reflexionar sobre cómo construir para Matías la mejor opción de vida posible cuando ya la vida lo había privado de un amor tan importante. Pasamos a una segunda audiencia pidiéndoles a todos que pensaran en el bienestar del niño y cómo se imaginaban podían vincularse nuevamente abuela y nieto.

En reunión privada con Antonio y su abogada les manifestamos que si Zulema no encontraba alguna respuesta a su reclamo en la mediación, continuaría en Tribunales y posiblemente un juez de Familia le otorgase un régimen de visitas.

En la segunda audiencia trabajamos concretamente sobre días y horarios factibles para todos en los cuales concretar estas visitas. Finalmente Antonio aceptó que Zulema retirase al niño del hogar todos los días miércoles y sábados a las 8, permaneciera el día entero con ella y lo restituyera a las 20.00.

Por supuesto, a Antonio le pareció haber concedido mucho y a Zulema haber recibido muy poco. Nosotras nunca olvidaremos el caso de Matías, esperanzadas en que el tiempo minimice las diferencias del padre con la abuela en pos del bienestar de este niño.

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