¿Uber sí? ¿Uber no?

En estos días ha generado gran revuelo mediático otra aplicación informática, Uber, que busca facilitar el transporte de pasajeros en el mundo y próximamente en Argentina. ¿Podrá hacerlo? ¿Por qué no?

Uber requiere que el pasajero descargue la aplicación en un smartphone, genere la cuenta de usuario e ingrese una tarjeta de crédito o débito. Para solicitar el viaje debe indicar desde y hasta dónde y el tipo de vehículo, todo en un mapa digital. El sistema calcula el costo y duración del viaje. Si la demanda de vehículos es alta, Uber puede incrementar el precio del viaje. Si se acepta la propuesta, consulta a los conductores más cercanos su disponibilidad. Acordado el viaje, Uber envía los datos personales del chofer (foto de perfil, modelo del vehículo y número de patente) al pasajero. Al llegar a destino, el conductor confirma el costo y el pasajero da su conformidad calificando al conductor. El pago es automático a través de la tarjeta de crédito o débito que ingresó el pasajero en la aplicación móvil. Uber le cobra al chofer 25% del valor del viaje.

Un dato importante es que chofer puede ser tanto un profesional del volante como una persona que todos los días realiza un mismo recorrido en su auto y quiere obtener algún beneficio transportando a terceros.

Esta herramienta, que fue recibida cálidamente en algunas ciudades y rechazada brutalmente en otras, en Argentina presenta algunas cuestiones a analizar.

Por un lado, si el chofer es un profesional del volante, el servicio de transporte de pasajeros es considerado un servicio público y, como tal, exige determinados requisitos para que una empresa pueda prestarlo. En tal caso, Uber deberá cumplimentar esos requisitos y adecuar su funcionamiento a la legislación vigente, al igual que lo realizan las conocidas “centrales de taxis”, que serán su competencia.

Por otro lado, si el chofer es un particular que todas mañanas, camino a su trabajo, aprovecha los servicios de Uber y lleva pasajeros, al igual que todas las tardes de regreso a su hogar. Entonces, este esporádico chofer habrá incorporado entre sus actividades lucrativas el servicio de transporte, al diariamente percibir una retribución, lo que lo obligará a tributar impuestos como cualquier otro comerciante.

La disyuntiva no sería Uber sí, Uber no, sino que quien encuentre una nueva manera de hacer las cosas, no sólo se beneficie de su inventiva sino también de una desproporcionalidad en las exigencias legales con relación a las empresas tradicionales.

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