Los diferentes lenguajes como recursos de empoderamiento de las partes

Albert Mehrabian -antropólogo especialista en comunicación interpersonal- distinguió los lenguajes verbal, paraverbal y no verbal, estableciendo a su vez sus porcentajes. Así, lo que vemos (apariencia, posición del cuerpo, movimientos, gestos, expresión del rostro, mirada) representa 55%; la voz (entonación, volumen, pausas, timbre) 38%, y lo que decimos -las palabras- 7%.

Por Claudia Sciu *

En el siguiente caso se distinguen y aplican para lograr el empoderamiento.
María (16) y Pedro (17) son papás de Benjamín (8 meses) y llegan a mediación acompañados por sus padres. En la sala se ubican a nuestra izquierda Pedro, su papá y su mamá, y a nuestra derecha María y su papá, a considerable distancia del otro grupo, lo que ya muestra el primer dato acerca del estado de las relaciones.

En la apertura invitamos a Pedro, solicitante, que nos cuente qué espera obtener en mediación. En voz baja y tono débil, dice: “La tenencia de Benjamín”. La reacción de María y de su padre fue notable: sus cuerpos se tensaron, sus rostros comunicaron sorpresa. El papá de Pedro avanzó con su cuerpo, corriendo la silla más cerca de la mesa y apoyando sus manos en ella expresa: “Benjamín va a estar mucho mejor con nosotros; María no cuenta con su madre, que vive en el sur y nunca se ocupó de su propia hija. María vive con la abuela, que está enferma y fuma como una chimenea, qué clase de crianza es esa”. Agrega que María viajó al sur con el niño, sin avisar; y remata expresando “no estamos dispuestos a tolerar otra situación como ésta”. Al finalizar sus palabras, suspira y reclina su cuerpo hacia atrás. La mamá de Pedro permanece tensa y en silencio.

El papá de María interviene con tono firme diciendo: “Ahora voy a hablar yo. A ellos nunca les importó el niño, María intentó avisar que viajaría por un tiempo con Benjamín y Pedro ni le atendió el teléfono. María vive con mi madre pero yo estoy al tanto siempre, quién se cree que paga lo que necesita Benjamín”. Sutilmente las mediadoras nos miramos y nos indicamos así pasar a privadas.

Ya en la sala con Pedro y sus padres vamos creando el clima de libertad y confidencialidad para conocer sus expectativas. Nuestra mirada y gestos se orientaron hacia él, calibrando y estableciendo un canal de comunicación con gestos corporales, de acercamiento físico.

Desde esta postura corporal le preguntamos: “Esto que dijo tu papá, ¿es lo que vos querrías lograr en esta mediación?” Pedro se reclina hacia atrás, respira, se frota las manos, y dice: “Yo lo que quiero… es ver a mi hijo”. Lo hace con la cabeza gacha, sin mirarnos. Dirigiéndonos a los padres expresamos: “Pedro dijo ‘quiero ver a mi hijo’. ¿Cómo vincula esto con lo que Ud. ha referido como tenencia?”. El papá responde: “Vamos a ir por la máxima para que reaccionen y para verlo; eso de la tenencia es un decir”. Al escucharlo, Pedro levanta la cabeza y lo mira. Preguntamos, entonces: “¿Podemos trabajar en esa dirección?”, acompañando con tono de invitación y firmeza lo expresado. La mamá de Pedro asiente con su cabeza, comunicando así su opinión por primera vez.

Pasamos a privada con María y su papá. Sus rostros expresaban mucho malestar; trasladamos lo que Pedro manifestó, limpiando la significación de la palabra “tenencia” dicha al comienzo. Dejamos claro que para Pedro “tenencia” significa ver a su hijo. Fue notable el alivio que se generó en María y su papá; un suspiro nos lo hacía saber. María dijo “no tengo ningún problema en que lo vean, sólo que también pido que se hagan cargo de gastos que yo tengo”.

Salí, me senté al lado de Pedro e incluyendo a sus padres con mi mirada comenté que el contacto con Benjamín estaba arreglado. Respecto a los alimentos, Pedro dijo que tenía dinero, pañales y leche para entregar a María; no lo hizo porque no veía a su hijo.

Al regresar a la sala el clima había cambiado totalmente. María acordó con Pedro los días y horarios para que él busque a Benjamín. Los abuelos paternos comentaron que el próximo sábado habría un festejo familiar y pidieron a María si podían tener al nieto hasta más tarde. Ella aceptó. Estaba claro que María y Pedro iban tomando su lugar de padres.

En la segunda reunión los recibimos a todos y en tono informal preguntamos cómo estuvo la celebración. A coro respondieron que muy bien, acompañando las palabras con sonrisas.

Estaba presente la abuela de María, que debía firmar el acuerdo como guardadora. Benjamín iba de brazo en brazo. Estos indicadores nos habilitaron para invitar a pasar a la sala a Pedro, María y Benjamín solos.

El acuerdo se delineaba entre las mediadoras: María y Pedro cruzaban sus miradas en cada ítem que tratábamos y asentían las diferentes opciones. Finalizado el acuerdo, nos dirigimos a ambos y los felicitamos por su logro, resaltando que ellos construyeron el acuerdo. Y que cuando a Benjamín le fuera posible comprenderlo, le contaran que, siendo papás muy jóvenes, conversando convinieron la forma de cuidarlo mejor.

* Mediadora. Licenciada en Psicología

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