Jornada de alegatos por el asesinato de Brenda Cuello

El debate oral y público por la muerte de la beba de tres meses llamada Brenda, tendrá este jueves su jornada de alegatos y es posible que hoy mismo se conozca el veredicto.
En el banquillo de los acusados se encuentran la madre de la pequeña, Patricia Lourdes Cuello, de 21 años, y su pareja, Roberto Romero, de 37, ambos acusados del delito de homicidio, agravado por el vínculo en el caso de Cuello.
La gran incógnita es, sin dudas, conocer qué actitud asumirá el tribunal de la Cámara 3ª del Crimen y los jurados legos respecto de la responsabilidad que le cupo a Romero en la muerte de Brenda.

A lo largo del debate oral se intentó dilucidar si verdaderamente el padrastro de la pequeña estuvo trabajando en el momento que la niña fue asfixiada o si, en realidad, estuvo junto con Cuello, como ella aseguró.
La defensa de Romero pedirá su absolución sustentándose en que no hay pruebas suficientes para incriminar a su cliente. No obstante, y aun descartando la autoría del padrastro de la niña en el asesinato, ésto no implica que quede exento de toda responsabilidad.
A lo largo de la corta vida de Brenda, se demostró -a través de la autopsia practicada en el cuerpo de la beba- que ésta presentaba lesiones de distinta evolución, que no pudieron ser desconocidas por quienes estaban a cargo de su cuidado.

Precisamente, en la segunda audiencia del debate, el médico forense, Adolfo Bergese, declaró que la niña presentaba signos de “maltrato activo”. Sustentando esa afirmación, el profesional advirtió que la pequeña estaba desnutrida, deshidratada y, entre las lesiones, presentaba fracturas en un antebrazo y una costilla, hematomas, cicatrices y raspones.
La situación de la madre es más complicada, teniendo en cuenta que si bien intentó exculparse del hecho y acusar a su concubino, su declaración fue contradictoria y poco convincente.
La joven madre no logró justificar por qué no pidió ayuda cuando, según ella relató, se dio cuenta que la beba estaba muerta y, por el contrario, decidió subirse al automóvil de Romero y permanecer allí varias horas dando vueltas, hasta finalmente dejarla abandonada en la playa de estacionamiento del Hospital Córdoba.

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