«Guerra marcaria» entre Chile y Perú por el pisco

La añeja disputa entre Perú y Chile por la paternidad del pisco escaló en intensidad luego de que los peruanos buscaron registrar ante la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), la denominación de origen del pisco peruano.
Tal organismo, dependiente de la ONU, entre otros convenios relativos a la protección de la propiedad industrial e intelectual, coordina el Convenio de Lisboa, que consiste en dar protección a la denominación de origen de ciertos productos y del cual son parte 25 países, incluido Perú.
La solicitud se politizó rápidamente y ambas Cancillerías consagraron ingentes esfuerzos a torcer a su favor los resultados de la solicitud.

Cabe destacar que una vez que un país miembro solicita el registro de la denominación de origen, la Organización remite la petición a los países asociados y sólo a ellos les corresponde decidir si conceden o no el registro.
En este tema del pisco, siete países no aceptaron registrar al pisco peruano sin registrar al chileno (Francia, Italia, Portugal, Eslovaquia, Costa Rica, Hungría, y República Checa), dos rechazaron la petición de otorgarle la exclusividad a Perú (México y Bulgaria), trece países no presentaron ninguna objeción y por lo tanto registraron la denominación de origen peruana (Argelia, Burkina Faso, Congo, Cuba, Gabón, Georgia, Haití, Irán, Israel, Nicaragua, Moldova, Corea del Norte, Serbia y Montenegro, Togo y Túnez) y dos restan indecisos (Irán y Nicaragua).

Para aligerar la tensión, el ministro de Agricultura chileno, Álvaro Rojas, propuso que ambos países emprendieran una campaña conjunta para promover el pisco.
La cuestión sobre la posibilidad de imponer el pisco como una denominación de origen no es sólo un tema de historia, o una reivindicación cultural. Implica una posibilidad económica cierta a favor de quién lo logre y en contra de quién, elaborándolo, quede fuera de tal registro de origen. Tampoco el dato es simplemente anecdótico, sino que nos toca de cerca en nuestra realidad comercial. ¿Acaso no tenemos, por citar como ejemplo, los famosos salames de la Colonia o los de Oncativo? Por caso, “Córdoba, la docta”, “El cuarteto cordobés” o “El humor cordobés” no resultan inmejorables títulos para cualquier producto cultural originado en nuestra sociedad.
Por supuesto que lo son junto a algunas otras y a las que el ingenio y la capacidad de producir bienes o servicios con calidad puedan agregar. Pero no tenemos aún la conciencia comercial de lo que ello desarrolla. Un atraso de visión que se paga con menos ingresos, con menos crecimiento, con menos empleos.

(*) Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas.
(**) Agente de la Propiedad Industrial.

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