Muñecos contra la discriminación, una opción para los Reyes Magos

Juana, su familia y sus amigos no son muñecos comunes, ni estereotipados. En el otro extremo del estilo Barbie, son de tela, algunos con anteojos, otros de tez morena y también los hay gorditos. Nacieron hace dos meses, a partir del deseo de tres mamás porteñas -una abogada, una comunicadora social y una diseñadora de ropa infantil- de aportar al mundo de la niñez un espejo en el que reflejarse, fomentando el respeto por la diversidad y los modelos familiares no tradicionales, como son las familias ensambladas. Tan es así, que Juana tiene una media hermana.

A pocas horas del día de Reyes, en que los juguetes toman un protagonismo central, Comercio y Justicia dialogó con Jessica Lipinszki, abogada de derechos humanos y una de las creadoras de “El mundo de Juana”, que cuenta con el apoyo de la Asociación Internacional por el Derecho de los Niños a Jugar (IPA), entidad que afirma que el juego es una forma de aprender a vivir y no un mero pasatiempo. A continuación, algunos detalles de esta iniciativa que ya se comercializa en Buenos Aires y espera desembarcar pronto en Córdoba.

– ¿Cómo surgió la iniciativa?
– Como madres, veíamos que había pocas alternativas, sobre todo para las niñas. Había que elegir entre la Barbie, Patito Feo, la tabla de planchar o la cocinita; es decir, el prototipo de mujer linda o la ama de casa, todo muy estereotipado. Además, otra de las mamás con las que llevamos adelante este emprendimiento, Ana Correa, veía mucha discriminación en el jardincito del hijo. Observaba que no jugaban con muñecas que tuviesen rulos o piel morena, entonces pensamos en hacer muñecos distintos, que promuevan lo diverso; por ejemplo uno tiene anteojos, otro rulos, otra es rellenita. Queríamos acercar otra alternativa para jugar, segura y con valores.

– Además, los niños también tienen opciones sobre la actividad a la que se dedican los padres.
– Sí. La mamá de Juana (Carola) trabaja todo el día; es una mamá moderna. Y los niños pueden optar entre tres vestuarios para jugar con ella: periodista, folklorista o veterinaria. El padre (Francisco) también tiene tres vestuarios: cocinero, programador de computadoras o rockero. La intención es que encuentren que los padres pueden desarrollar distintas profesiones. El hecho de que se promueva la diversidad hizo que nos consulten muchos psicólogos y médicos que quieren tener estos muñecos en su consultorio, para trabajar el tema con los niños.

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– ¿Cómo se integró el equipo de las creadoras de estos muñecos?
– Somos tres socias: Ana Correa, que se dedica a Prensa y Comunicación, Paola Flores, que está al frente de una marca de ropa infantil, y yo que trabajo en un organismo de Derechos Humanos de la Nación, en la Procuración Penitenciaria.

– Habrás aportado tu impronta en materia de defensa de derechos, entonces…
– Sí, pero me ocurrió que yo estoy acostumbrada a luchar por los derechos de los presos, para que no los golpeen, para que tengan comida. Y ahora defiendo el derecho de los niños, para que puedan jugar, para que tengan otras opciones y que se puedan evitar los juegos violentos o aquéllos que estimulan la discriminación. Queremos que reciban mensajes más humanos.

– ¿Recibieron apoyos en este sentido?
– Sí, recibimos asesoramiento de la Asociación Internacional por el Derecho de los Niños a Jugar (IPA-Argentina), nos ayudaron a cumplir con las normas de seguridad y calidad. Por otra parte, obtuvimos un subsidio de la Ciudad d

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