Los modelos referenciales

Los que escribimos esta columna tratamos, en lo posible, de reflejar cuestiones que consideramos importantes para el modelo de diálogo que pretendemos instalar. Pensando en ello, en estas últimas semanas se han producido varios hechos que, en la realidad, hacen que el esfuerzo de mediadores y facilitadores sea aún más arduo de lo que es.
Frente a una sociedad seccionada, atomizada, partida en dos en los temas que cobran alternativamente actualidad -léase pena de muerte vs. Código Penal vigente, Poder Judicial vs. Poder Ejecutivo y viceversa, Campo vs. Gobierno, etc.-, nos preguntamos: ¿es posible trabajar en negociación, mediación facilitación, cuando tenemos referentes tan opuestos?
Me atrevo a nombrarlos: hermetismo, falta de circularización de la información, partes de prensa opuestos que nos hacen pensar en realidades paralelas, medidas de protesta avasalladoras para el resto de la sociedad, toma de decisiones que no contemplan al otro u otros, insultos y amenazas entre los legisladores en la Cámara… Y la lista seguiría, interminable.

La instalación de procesos de diálogo no es sencilla, ya que son procesos de co-construcción entre los miembros de una sociedad. Con relación específicamente con la Mediación, ha tomado diez años de trabajo y concientización en un hacer conjunto de los operadores, y de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Tenemos una ley debidamente reglamentada, una Secretaría de Resolución de Conflictos, Acordadas del Superior Tribunal, etc.; en resumen, es un proceso de acompañamiento entre los que nos formamos para este trabajo y los poderes del Estado que nos permiten que nuestra función esté dada dentro de un marco legal.
Pero no sólo eso, porque en realidad lo más importante ha sido el consenso. La lectura de este proceso sería: durante años las partes se han reunido a debatir ideas, escribir proyectos, analizar posibilidades, dar o crear espacios de desenvolvimiento. En ese marco referencial fue difícil, pero posible. ¿Cómo hacemos los mediadores, con qué herramientas acometemos la tarea cotidiana de establecer reglas de juego que se respeten para la consecución de los acuerdos? ¿Cómo implementamos las técnicas impecablemente aprendidas cuando la realidad de los noticiosos, Internet, diarios, etc., reflejan exactamente lo opuesto?.

Aunque los operadores de la mediación somos casi increíblemente optimistas y seguimos adelante tratando de dar otra oportunidad a la resolución de conflictos por la vía de la negociación y el concierto, resulta absurdo pensar que no podamos mirar a los costados sin encontrar confrontación.
Quizás apelando a una mirada sistémica encontremos la respuesta. Los mecanismos de equilibrio, desestabilización, retroalimentación e interdependencia harán oportunamente lo suyo.
Mientras tanto, la pregunta sería si es posible crear espacios de diálogo “despegados” de lo que pasa en el entorno. Porque no sólo estamos frente a una necesidad extrema de consenso, sino que se están horadando día a día los cimientos de la sociedad argentina. Necesitamos menos violencia en las familias, menos mujeres y hombres maltratados en sus empleos, menos docentes disconformes, menos profesionales sin futuro, menos obreros sin perspectivas.
El lector se ubicará en su propio espacio; los mediadores, frente al dilema, elaboraremos, como habitualmente hacemos, alguna respuesta. Siempre junto al otro y con el otro, de modo tal que esta “otredad” encuentre su verdadero significado.

(*) Abogada, mediadora

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