“La poesía requiere de un bien poco frecuente: el de ponerse en el lugar del otro”

Alejandra Correa, periodista retirada, poeta en acción, participante del Festival 2014, la define como una “necesidad” o una “herramienta para combatir el individualismo”. Dice: “Cuando uno lee y otros escuchan, estamos recreando un ritual muy antiguo de reunión en torno al fuego”.

Por Laura Pantoja – lpantoja@comercioyjusticia.info

La muerte caló sus huesos y transformó el dolor en poesía. Abandonó su oficio de periodista para no “bastardear” las palabras y dejarlas en libertad. Es la creadora de “Poesía en 3D”, una muestra plástica que se llevó a cabo en el marco del Festival de Poesía 2014 que se desarrolló entre los pasado días 12 y 15 en la ciudad de Córdoba.

“La poesía es una necesidad social”, aseguró Alejandra Correa, nacida en 1965 en Uruguay, habitante de Buenos Aires desde los tres años y autora de los libros de poesía Río partido, El grito, Donde olvido mi nombre, Los niños de Japón y Cuadernos de Caligrafía.

-¿Cómo y cuándo te iniciaste en el camino de las letras y la cultura?
-Comencé siendo periodista, trabajé en gráfica durante 15 años. Luego, como gestora cultural emprendimos una Audiovideoteca en el ciudad de Buenos Aires, con la finalidad de reunir todas las entrevistas y videos de interés.

-¿Cómo llegaste al Festival de Poesía?
-Éste es el tercer año. Primero me invitaron a leer, el año pasado y éste vine por medio de la ONG que generamos con una amiga, Fundación Proyecto Cultural para el Desarrollo, por la que fomentamos la cultura en los jóvenes. Llevamos distintas propuestas artísticas a los jóvenes de las escuelas, entre ellas poesía. Ya lo hicimos en Buenos Aires, en Salta, Tucumán, Jujuy y en Córdoba, en ocasión del Festival. Llegamos a 7.000 jóvenes.

-¿Cómo funcionó la experiencia en Córdoba? ¿Qué nivel de receptividad tuvieron los jóvenes?
– Siempre priorizamos las escuelas públicas y de situaciones más complicadas socialmente. La propuesta no es sólo que escuchen sino que escriban. Les proponemos consignas rápidas para que les sea más fácil pensar. Los chicos nos sorprenden; la edad de la poesía es la infancia y la adolescencia. Ellos tienen la poesía como muy cercana y cuando van creciendo se va alejando.

-¿Es cómo que tienen la poesía en la piel?
-Claro, sus vidas están impregnadas de amor y de muerte, temas muy recurrentes en la poesía, entonces enseguida se lanzan a expresarse. Escriben cosas muy fuertes. Se emocionan, escuchan, la experiencia es muy rica.

-¿Cómo se sostiene la fundación?
– Mediante subsidios del Estado o colaboraciones de algunas empresas.

-¿Se puede vivir de la poesía?
– No es fácil, yo no vivo de esto. Lo hago por una cuestión pasional y porque tengo un marido que me ayuda, si no, no podría. No conozco gente que pueda vivir de la poesía; hasta los escritores más grandes tienen que dar cursos y talleres. Es muy difícil que como poetas puedan vivir de sus libros.

-¿Te referís en general a la venta de libros o a la venta de libros de poesía?
-No, libros se venden mucho. Lo que se vende poco es poesía. Es como la hermanita pobre de la literatura. Se han deteriorado los mecanismos de difusión y de la industria editorial por los que la poesía ha quedado relegada. Si bien nosotros nos movemos en un mundo donde nos leen, la lectura de poesía no es masiva, difícilmente llega a todos.

-No obstante, el festival de este año muestra de una mayor cantidad de participantes…
-Claro, eso ocurre por la presencia de las redes sociales, por las cuales muchas más personas acceden al arte.

-¿Esto podría revertir eso del papel de la “hermanita pobre”?
-No creo. La poesía requiere de una destreza diferente, de un nivel de abstracción alto. Se requiere de un bien que es poco frecuente: el de ponerse en el lugar del otro. Hoy no hay tiempo para escuchar, para darle al otro un lugar en su vida. Y la poesía necesita de eso, de un lector comprometido. Aunque esto es poco frecuente, también hay una gran necesidad: vivimos en una sociedad enloquecida por el consumo y por otras invasiones, pero cuando los jóvenes están metidos en sus computadoras con los auriculares, llega un momento en que quieren saber y escuchar eso mismo que les está sucediendo. Cambian, empiezan a escuchar de otra manera, hay una necesidad.

-Entonces la poesía puede ser un buen artilugio para combatir ese individualismo…
-Claro. En cuanto se logra la conexión con la poesía, cuando alguien lee, alguien escucha y todos nos sentamos a escuchar, estamos recreando un ritual muy antiguo como el de reunirnos en torno al fuego, escuchando y compartiendo. La palabra, hoy desvalorizada, vuelve a cobrar un valor sagrado.

-¿Cuándo hiciste el quiebre en tu vida, en esto de romper con la rutina y lanzarte a escribir poesía?
– Tuve que dejar de ser periodista, sentía que estaba bastardeando la palabra al escribir cosas que no me interesaban. Quería escribir con esa misma palabra algo que me atravesara. Necesitaba que esa palabra fuera nueva y no que estuviera gastada de escribirla.

-Has escrito mucho sobre la niñez y, por tus versos, ha sido muy oscura. ¿Es así?
-Es un gran tema. Mi papá falleció cuando yo tenía ocho años. Eso no sólo me marcó la infancia, sino la vida entera. La poesía está ahí: con esa muerte, quise mantener un diálogo con las personas que se estaban yendo. En ese lugar nació la poesía.

-Da la impresión de que la poesía nace cuando algo se quiebra. Cuando abandonaste tu oficio, cuando viviste esta crisis personal…
-Sí, tiene que ver con eso, y tiene que ver con una conciencia de muerte. La poesía surgió frente a ese abismo profundo con el que llegamos a este mundo. Es una herramienta en el intento de sobrepasar de alguna manera esa angustia de la muerte. Es crear, crear poesía, crear una obra visual.

-Como dice Clarice Lispector, quien escribe para salvarse…
-Saber que estás destinado al fracaso, que te vas a morir, es un fracaso. Pero estás intentando darle un sentido a la existencia.

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