La Asignación Universal por Hijo tiene un impacto positivo pero no suficiente

Bajó el riesgo de inseguridad alimentaria y exclusión escolar. Sin embargo, la erradicación del trabajo infantil sigue siendo una deuda pendiente.

Un informe del Barómetro de la Deuda Social Argentina 2012 demuestra que la Asignación Universal por Hijo (AUH) tuvo un impacto “positivo y progresivo” durante el período 2010-2012 sobre los ingresos per cápita y la pobreza extrema de la infancia.

Según el estudio presentado en los últimos días por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), la tasa de indigencia en áreas urbanas del país disminuyó de 9,2% a 5,4% entre el último trimestre de 2010 y el mismo período de 2011. Esto implica que dos millones de personas todavía no cuentan con ingresos que cubran una canasta básica alimentaria de 36 pesos por día para una familia de dos adultos y dos niños.

En cuanto a la tasa de pobreza por ingresos, se evidenció una caída de 26,6% a 21,9% durante el mismo período, lo cual significa una mejora social real, señala el informe. Sin embargo, 8,5 millones de personas todavía no contarían con suficientes ingresos que le permitan a una familia tipo de dos adultos y dos niños cubrir una canasta básica total diaria de $74 (equivalente a $720 por adulto por mes). La proporción de hogares indigentes también descendió de 5,2% a 3,3% en el último año, mientras que la de pobreza en hogares retrocedió de 17,1% a 13,6 por ciento.

También se destaca el resultado igualmente positivo y significativo -aunque menos progresivo- que tuvo el programa AUH en materia de reducir el riesgo de inseguridad alimentaria y exclusión escolar en la población con participación en el programa.

Lo que falta
Aun sin dejar de destacar el efecto positivo, el impacto de AUH fue mucho menor y poco progresivo a la hora de garantizar seguridad económica y reducir el trabajo infantil. “Esto, muy probablemente, debido a que los montos transferidos no son suficientes para superar de manera acabada las demandas de inclusión económica”, concluye el estudio.

“Sin lugar a dudas, las transferencias por AUH constituyen una herramienta clave para dar asistencia, protección y/o garantizar un piso mínimo de inclusión social a casi un tercio de la población infantil de nuestro país. En su mayoría, miembros de familias de alta vulnerabilidad socio-económica. Sin embargo, estos resultados son insuficientes para brindar sustentabilidad a este proceso”, remarca el observatorio.

En ese contexto, el estudio interroga sobre los límites estructurales que presentan no ya el programa sino la estructura productiva y el mercado de trabajo, así como los servicios público-privados de educación, salud, cuidado y protección, para garantizar no sólo igualdad de oportunidades sino de resultados en materia de desarrollo humano e integración plena de la infancia en situación de riesgo socio-económico.

El informe abunda en otros datos, como el miedo a la inseguridad. Este problema se agravó, según el trabajo, de 24,6% en 2007 a 29,3% en 2011. El miedo pasó de 72,5% a 82,2 por ciento. Si bien creció la conformidad con el funcionamiento de la democracia, la disconformidad es alta, de 40%. Y seis de cada diez consideran que no hay igualdad de oportunidades para la educación, el trabajo y la vivienda.

Positivo

Entre los escasos estudios que evalúan el impacto del programa mediante métodos cuasi experimentales, se destaca uno realizado por el Ministerio de Trabajo, el cual identifica un impacto positivo entre 2010 y 2011 de $72 sobre el ingreso per cápita medio en los hogares beneficiarios por sobre la mejora observada en los hogares apareados no beneficiarios. Sin embargo, el informe de la Universidad Católica indica que -aún después de la transferencia- los hogares con AUH continuaban teniendo ingresos per  cápita levemente por debajo de los hogares apareados sin AUH.

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