Jueces que apuestan al futuro desde la escuela

“Les proponemos poblar un nuevo planeta… ¿Cuáles son las primeras necesidades para que quienes lo habiten en un futuro puedan vivir pacíficamente en sociedad?”, pregunta la portadora de un cartelito que dice Claudia. “Buenas condiciones para que haya vida y alimento”, coinciden 25 adolescentes, previo debate, divididos en tres grupos. Luego, discrepando un tanto en el orden, sostienen que ese planeta también necesitará educación, vivienda, salud y libertades de expresión y religión para poder vivir en él.
A estas reflexiones, de las que emergen los derechos fundamentales, les seguirán otras, sobre las responsabilidades a cumplir para poder ejercerlos y la necesidad de lograr el hábito de “escuchar y ser escuchados, aceptando las diferencias y evitando el conflicto”. Esto, que pareciera básico para poder convivir, se torna difícil en la escuela, lugar que no es más que un reflejo en miniatura de la sociedad en la que está inserta.

El reloj marca las 10.30 y cinco jueces parten desde tribunales; una de ellas es la del cartelito, la jueza Claudia Smania, que junto con Julio Viñas (ambos al frente de los juzgados de Ejecución Fiscal) y Viviana Yacir, titular del Juzgado Civil y Comercial de 20º Nominación, dejarán su rutina de expedientes y decisiones judiciales para dirigirse al IPEM Nº 15 “Santiago Ayala” de barrio San Vicente. Al grupo se suman Graciela Somoza y Olga Fraire, jueza y secretaria jubiladas, respectivamente.
Ellos son parte de los 70 magistrados y funcionarios que decidieron apostar al futuro y se sumaron voluntariamente al Programa “Los jueces van a la Escuela”, diseñado por Centro de Perfeccionamiento Ricardo Núñez del Poder Judicial de la provincia. La iniciativa plantea tres encuentros de 80 minutos (un módulo), con los estudiantes en su escuela y una visita a tribunales.
“Pretendemos generar espacios donde los chicos puedan expresar los valores, no venimos a enseñárserlos, existen dentro de cada ser humano. Trabajamos mucho sobre la escucha atenta y activa, ponerse en lugar del otro y el respeto; todo eso hace a una participación en serio y es la forma de construir ciudadanía”, describe Cristina Rodríguez, coordinadora del programa y ex jueza civil. En una frase sintetiza: “La nuestra es una apuesta al futuro, creyendo que es posible”.

Aborto y procreación responsable

Con la intención de que los chicos crezcan con capacidad de identificar también el límite de sus derechos, una jueza pregunta: “¿Podremos sostener ese planeta sólo con los derechos?”
Tras meditar unos segundos, Anahí, alumna del tercer año, responde: “Me parece que a esos derechos hay que ponerle límites”.
Enseguida, Fernando, el más pequeño del aula -cursa primer año-, afirma que a cada derecho hay que agregarle una obligación. “Por ejemplo, en el derecho a la vida, la obligación es el respeto a la vida del otro y no al aborto”.
Pero desde otro rincón Antonela, de cuarto año, cuestiona: “¿Y si no van a poder mantener el hijo? ¿Y si viene por un error?”
“No se puede permitir que una persona tenga mil hijos, o doce o trece, el Estado no se puede hacer cargo de todo”, acotan desde otra mesa.
El debate queda planteado, los jueces escuchan y aprovechan la oportunidad para introducir el

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