Es la primera medida en llegar al núcleo de la pobreza

La implementación de una asignación universal por hijo, anunciada días atrás por el Gobierno nacional, fue una medida que contó con el consenso generalizado de la sociedad, pero que también abrió fuertes debates respecto de su implementación y financiamiento. De acuerdo con la opinión de Alberto Parisí, director de la maestría en Ciencias Sociales de la UNC, la iniciativa fue la primera desde 2003 que alcanzó “el núcleo duro de la pobreza en el país”. De todas maneras, señaló que aún debe abordarse de manera eficiente el control de la inflación para sostener el poder adquisitivo y el consumo interno, y que es necesaria una reforma impositiva para financiar de otra manera el programa.

– ¿Qué opinión le merece el anuncio de una asignación universal por hijo?
– Me impactaron dos cosas. La primera fue que el Gobierno nacional haya finalmente decidido optar por una política de tendencia universalista, algo que se le venía reclamando desde sectores progresistas de la sociedad. Esto es un avance respecto de los programas focalizados, que son necesarios, pero que tienen muchas limitaciones. La segunda cosa que me sorprendió fue que la recepción de la medida por parte de la oposición fue muy turbia. Hoy, toda iniciativa del Gobierno es analizada de manera incorrecta: las políticas no se deben juzgar de acuerdo con las intenciones de quien las implementa, sino por los efectos que ocasionan.

– ¿Qué pasó para que esta medida fuera reclamada por casi todos los sectores, cuando en 2001, con un mayor nivel de pobreza, se la consideraba inviable?
– Lo que ocurrió fue que el país mejoró en sus cuentas y en su crecimiento y dejó de basarse en la teoría del derrame, para pasar a implementar políticas activas. Eso permitió un descenso de la pobreza, de la indigencia y del trabajo en negro, aunque no es suficiente todavía. Todos acordamos en que las deudas con la sociedad son muy grandes aún y no se van a resolver ni en éste ni en el próximo gobierno, suponiendo que hubiera políticas progresistas progresivas en los próximos 10 años. Porque hay un núcleo duro de la pobreza al cual ésta es la primera política que le llega en serio.

– ¿Qué opina sobre el financiamiento del programa con fondos de la Anses?
– Por supuesto que hubiera sido mucho más interesante que se utilizaran fondos generados a través de gravámenes a las transacciones financieras o a la compra y venta de acciones, tributos que hoy no existen. Pero hay que estar decidido a confrontar con el capital financiero, que es el enemigo más importante de una sociedad democrática, que tienda a un mayor grado de ciudadanía y de calidad de vida. Si uno les planteaba a esos sectores un gravamen de ese tipo, se abría un nuevo frente de disputa y, ante la inminencia del cambio de la composición en ambas cámaras del Congreso, esta cuestión se iba a postergar, es decir, no iba a salir nunca. Pasaba lo mismo que con la ley de Servicios Audiovisuales. Abrir hoy un nuevo frente con el capital financiero es difícil, más aún cuando ya hubo enfrentamientos: la quita de deuda externa fue una confrontación que le costó mucho al país, porque la dejó afuera de los mercados de capitales. La estatización de la administración de los fondos de las AFJP también fue un enfrentamiento importante. Abrir nuevamente un tercer round hubiera sido peligroso.

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– De todas maneras, ¿considera que hace falta una reforma al sistema impositivo para financiar este programa?<br

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