Así se organiza una cumbre con 132 presidentes, 300 eventos y 5.000 periodistas

La gran cita anual de la diplomacia internacional se desarrolla durante una semana pero los preparativos duran meses. Nada se puede dejar al azar en el máximo evento global. El detrás de escena de la Asamblea General de la ONU, que comienza hoy

El presidente de un país sube al podio de la Asamblea General y habla ante una audiencia de millones de personas. Ésa es una imagen familiar para todos que se repite a finales de septiembre en la sede de la Organización de Naciones Unidas (ONU=, en Nueva York. Lo que no se ve es el trabajo entre bambalinas para organizar la mayor cita internacional: 132 jefes de Estado y de Gobierno, más de 300 eventos paralelos, decenas de exposiciones y 5000 periodistas acreditados.
Las cifras dan tan sólo una ligera idea de la ingente cantidad de trabajo que hay detrás. Cientos de empleados de la ONU se encargan de que -cuando comienza arranca el debate, cada 25 de septiembre- todo esté en su lugar: las medidas de seguridad, la comida apropiada para todas las culturas o la bandera nacional correcta en cada encuentro bilateral.
Los preparativos comienzan con hasta un año de antelación. “Ya están reservando espacios el año que viene, porque son limitados y se van muy rápido”, explica Fernando Barquín, del Departamento de Eventos Eespeciales que se encarga de la logística.

Los 193 Estados miembros se ponen en contacto con el Departamento de Protocolo de la ONU para informar sobre quién asistirá en representación del país; normalmente el jefe de Estado o Gobierno o un ministro. Poco a poco se empieza a crear el rompecabezas de la lista de oradores que intervendrán ante la Asamblea General. El orden viene determinado por el rango del mandatario. Por tradición, siempre comienzan Brasil y Estados Unidos y les siguen los jefes de Estado, los de Gobierno y, por último, los ministros. La lista se actualiza constantemente y a menudo hay cambios hasta el último minuto.
En las semanas previas, los gobiernos envían lo que se conoce como “equipos de avanzada”, que mantienen reuniones con los diferentes departamentos de Naciones Unidas involucrados. Entonces, se les hace un recorrido por el edificio para que sepan cómo llegar a las distintas salas, o los pases que necesitarán y las restricciones de tráfico que encontrarán.
El hecho de que asista un jefe de Estado o un ministro no sólo determina si este hablará en los primeros días, cuando hay más atención mediática y más delegados en la Asamblea, sino también el recibimiento que se le dará en la ONU.

El servicio de Protocolo recibe a todos los dignatarios. A los jefes de Estado y de Gobierno se les acompaña cuando van a hacer su discurso. Para asegurar que todos están en el podio en el momento correspondiente, un oficial de protocolo los acompaña a una sala conocida como GA-200 unos minutos antes. Allí los mandatarios esperan, mientras repasan su discurso o toman un café, a que termine el anterior y a que el presidente de la Asamblea General los llame.
Es el momento cumbre, que reflejarán las televisiones nacionales e internacionales, pero los mandatarios asisten a decenas de actos y encuentros.
Las reuniones con el secretario General suelen desarrollarse en su oficina de la planta 38 de la sede de Naciones Unidas. Son docenas. Tantas, que el propio António Guterres no era capaz de precisarlas a preguntas de los periodistas. “Hay, ciento… ciento…ciento…”, decía Guterres buscando la cifra entre sus papeles ante las risas de los corresponsales. “Hay 132 jefes de Estado y de Gobierno, más unos cuatro vicepresidentes y unos cuarentaitantos ministros de Relaciones Exteriores”, aseguró tras sumar “de cabeza” y agregó: “Se está organizando el calendario porque aún tengo también que hablar en 40 eventos”.
Unas pocas semanas antes, la geografía de la ONU empieza a mutar. En el vestíbulo de la primera planta, que habitualmente acoge exposiciones y a decenas de turistas, se crean, con mamparas, salas temporales. “Son 28 salas, todas iguales, todas tienen los mismos muebles y la misma capacidad para no tener problemas de protocolo con nadie”, cuenta Barquín. “Cada una tiene ocho sillas, seis con respaldo bajo y dos con respaldo alto para los presidentes. Una mesa para las tazas de café y una mesa para una planta y una alfombra persa que se renta”.
La seguridad es un trabajo conjunto de la ONU y las autoridades de Estados Unidos: la policía de Nueva York y el departamento de Seguridad Interior.

El perímetro de la ONU se cierra y sólo los trabajadores, los visitantes acreditados o quienes viven en la zona pueden entrar. El intenso tráfico del centro de Manhattan esos días se vuelve caótico.
Unos 5.000 periodistas acuden a la sede de la ONU para cubrir los eventos. Hay medios de prácticamente todos los países del mundo.
Además, la señal de televisión de todo lo que ocurre se envía a las cadenas de todo el mundo por fibra óptica (el satélite es mucho más caro).
“Tenemos solamente cinco líneas y es un pequeño rompecabezas. Empieza una reunión y la sacamos de una fibra óptica, metemos otra. A veces me llaman las televisiones y tengo que decirles que esperen al día anterior para ver si tengo alguna ventana donde pueda introducir la reunión”, cuenta Martín Redi que trabaja en el Departamento de Televisión. “Hay muchísimas reuniones, cerca de 100 al día, pero es una cantidad infernal, es increíble”. Asegura que cuando él empezó en la ONU, en 1993, eran muchas menos. “Ahora hay más problemas en el mundo, todos los países están más involucrados en otros países, las regiones y eso ha dado a que la cantidad de reuniones cada ve crezca más”.
Para captar todo lo que ocurre, en todas las salas de conferencias de la ONU hay cámaras. “Son lo que llamamos cámaras robóticas. Cada asiento de la sala tiene un micrófono y un botoncito. Cuando el delegado aprieta el botón la cámara apunta directo a donde está el micrófono”, explica Redi.

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