Alertan sobre la incidencia de la fauna silvestre en las enfermedades emergentes

Las enfermedades infecciosas emergentes (EIE) y reemergentes están ganando terreno, no sólo en las páginas de los diarios sino también en la preocupación de aquellos veterinarios que, como Fidel Baschetto, sostienen que “la salud humana depende de la salud de la fauna silvestre en muchos aspectos de la vida”.

Influenza, dengue, fiebre amarilla y ébola son algunas de las EIE que avanzan hacia nuevas regiones, causando graves daños a la salud mundial. La mayor parte de este tipo de enfermedades (60,3%) son zoonosis; es decir, pueden transmitirse de animales a seres humanos, y dentro del grupo, la mayoría (71,8%) se originan en animales silvestres, según precisan los especialistas.

En diálogo con Comercio y Justicia, Baschetto, uno de los pocos referentes locales especializados en fauna silvestre, alertó sobre la importancia de hacer vigilancia epidemiológica sobre las especies que funcionan como reservorios; es decir, que mantienen el virus vivo pero que no les produce ningún tipo de síntomas a ellas. Controlar esta situación permitirá prevenir la evolución de otras fases de incidencia directa en la salud humana.

“Hay un área que está tomando una prevalencia muy grande y es el estudio de las enfermedades emergentes y reemergentes a nivel mundial. Son enfermedades que de alguna manera han generado un concepto de divulgación masiva. El 70% de ellas está condicionada a su reservorio a la fauna silvestre. Estamos hablando de enfermedades en los humanos, que de alguna manera tienen amplia incidencia en la salud. Desde el sida, que fue una transmisión desde un primate hacia un humano -hay dos teorías de cómo ingresa el sida a las poblaciones humanas -, hasta la última influenza, donde estamos convencidos de que los reservorios son las aves silvestres”, describió el profesional.

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¿Qué rol juegan las especies como reservorios?
– El concepto epidemiológico de reservorio es una especie que mantiene el virus vivo y que no le produce ningún tipo de síntomas a ella. Es el peor momento epidemiológico de la situación porque tenés el virus pero no manifestás síntomas, entonces nadie sabe que lo tiene. Por ejemplo, el ave mantiene el ciclo viral, no aparece la enfermedad y es capaz de contagiar.

– ¿Sería un transmisor silencioso?

– Tal cual; eso es un reservorio. Y así han pasado y está pasando con un montón de enfermedades.

– ¿Qué otras?
– La fiebre amarilla, que ha habido casos en Paraguay y en Misiones, donde ha diezmado poblaciones de monitos nuestros (especies de monos aulladores). Realmente la fiebre amarilla ha causado trastornos en estos animales y de alguna manera no solamente han pasado al hombre sino que están latentes con la posibilidad de que siga pasando. También la fiebre amarilla tiene un vector que es el que hace falta para que la enfermedad se transmita. Los vectores son mosquitos, al igual que en el dengue y la leishmaniasis, que es una enfermedad terrible que de alguna manera puede llegar a provocar un simbronazo en caso de que se popularice. (N. d R. Las manifestaciones clínicas de la enfermedad van desde úlceras cutáneas hasta formas fatales en las cuales se presenta inflamación severa del hígado y del bazo)

– ¿Hay casos?
– En este momento hay casos exóticos en animales en Córdoba. Son animales que han venido con la enfermedad desde otro lado. Aquí no tenemos todavía el mosquito que transmite la leishmaniasis, pero sí tenemos identificados

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