Couyntura, Sociedades

¿Deben adaptarse las empresas al contexto o crear su propio destino?

Según el especialista Claudio Pizzi, las organizaciones -más allá de la pandemia- tienen que abandonar la “cultura de la adaptación” para ingresar en la “cultura de la superación”. El planeamiento estratégico es una herramienta útil para desarrollar capacidad económica y lograr el equilibrio presupuestario 

“La dura realidad tiene dos caras. La externa, representada por la pandemia, la política económica y social y sus consecuencias, y la interna, que involucra El funcionamiento de la empresa. De seguro, el contexto nacional empujó y empuja a las pymes a dar respuesta a la pregunta y elegir la ‘adaptación’ como medio de subsistencia” señaló Claudio Pizzi, magister y licenciado en administración.

Según el profesional, la decisión cortoplacista tiene un basamento lógico y racional, y los números “asustan”. La realidad económica muestra una caída de 3,8% en este sector industrial según la CAME (período 2019 – 2020). El cierre de decenas de miles de empresas en marcha (cámara de comercio 2020), y un pronóstico no muy alentador para los que integran modelos de negocios del tipo franquicias (30% de los locales franquiciados podría no abrir sus puertas en la pospandemia). 

¿Cuáles son los sectores más afectados por la crisis?

Calzado, restaurantes, hosterías, turismo, prestadores de servicios, así como venta de productos electrónicos, son algunos de los rubros que han sido duramente afectados. El desempleo en el primer trimestre 2020 llegó a 10,4%; hoy se encuentra en 11,7%. En este 2021, se produjo 50% más quiebras de hoteles y restaurantes que en 2020. Vale recordar que este segmento representa tres por ciento del valor bruto de la producción del país y cuatro por ciento de los puestos de trabajo totales. 

En 2002, aproximadamente ocho millones de personas percibían ingresos del Estado; en 2008, esa cifra trepó a 11 millones. En la actualidad, más de 21 millones de personas cobran dinero del Estado entre sueldos, jubilaciones, pensiones y planes sociales. De ese total, el Gobierno paga sueldos a casi cuatro millones de personas. Veinte por ciento del empleo público total lo paga el Estado nacional; 64%, el provincial, y 16%, el municipal. Entre 2012 y 2017, el empleo público creció 23%. En contraprestación a esto, según fuentes gubernamentales, la masa de asalariados del sector privado asciende aproximadamente a solo seis millones, y una cifra similar trabaja en el mismo sector “en negro” o “en gris”. Ello significa poco o ningún aporte al tesoro. En 2019, la población económicamente activa era de 19,1 millones; en 2020, se redujo a 17,3 millones. Esta información, sumada a la asfixiante presión tributaria y a las restricciones a la circulación, representa la base de sustentación sobre la que emprendedores y pymes privilegian el “adaptarse como se pueda al contexto” antes de “intentar crear su propio destino”.

Esta situación límite para nuestro país –y por extensión, para muchos de la región- no soporta más parches económico-políticos. El Estado debe aportar soluciones controlando el gasto público, la emisión monetaria, generando créditos blandos, desarticulando la burocracia en materia de creación de empresas, promoviendo legislación laboral adaptada a los tiempos modernos, desarrollando líneas de crédito blandas y reordenando la matriz tributaria como elementos base. 

Ante este panorama, ¿cuál cree usted que es el rol del emprendedor?

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A los emprendedores y pymes les tocaría convertirse en “actores fundamentales de la transformación productiva”, aportando inversión y empleo de calidad.

Si hay algo que los emprendedores y pymes no deberían hacer, no importa el contexto en el que se muevan, es renunciar a la pasión por el hacer. Es imprescindible pensar en grande a pesar de las circunstancias. Nadie tiene derecho (ni el Estado ni la política) a aplastar los deseos y las ilusiones de los demás. La tarea a desarrollar de aquí en adelante, más allá de la pandemia y de su duración, es la de abandonar progresivamente la “cultura de la adaptación” para ingresar en la “cultura de la superación”. Para lograr ser artífices del destino propio resulta indispensable recuperar la capacidad de elección y volcar la mirada hacia el interior de las organizaciones. El planeamiento estratégico es una herramienta útil para desarrollar capacidad económica y lograr el equilibrio presupuestario. Promueve el trabajo en equipo, la creatividad, el crecimiento de la capacidad mental y resiliente de sus miembros, y -en consecuencia- la generación de recursos tangibles e intangibles que se transforman con el tiempo en “valor sustentable”. El planeamiento de este tipo permite trabajar en la construcción de un sendero de crecimiento firme y escalonado, revisando las decisiones empresariales en lo que respecta al presente y al futuro de la industria, los cambios sociales de los consumidores y sus preferencias, la capacidad para reorganizar las actividades ante la incertidumbre y anticiparse a los efectos que produce el dinamismo de los mercados. Aumentar las competencias y habilidades mentales de la organización en su conjunto, la coloca en mejor condición para aprovechar las oportunidades que puedan abrirse ante las turbulencias económicas y sociales, o minimizar sus impactos. 

Animarse a crear el futuro

Según el profesional, avanzar en esta dirección requiere invertir tiempo en la optimización de las estrategias financieras, de procesos, productivas, y en la relación con clientes, usuarios, socios, afiliados, ciudadanos. Requiere construir un sistema de gestión flexible que contenga buena información para la toma de decisiones. Liderar la capacidad de los integrantes, sus motivaciones, ideas y potenciales soluciones. “Crear pymes con futuro y sustentables es posible”, refirió Pizzi.

Planeamiento estratégico y control de gestión sustentable

En esa línea, su reciente obra Planeamiento estratégico y control de gestión sustentable es un material de consulta permanente para emprendedores y empresas en marcha que desean llevar adelante proyectos sustentables.
Aborda temas centrales como la rentabilidad, la productividad, la competitividad, la innovación, el equilibrio económico-financiero, el desafío del crecimiento, el desarrollo y la creación de valor sostenible. Contiene herramientas prácticas para “planificar y administrar de manera eficiente” emprendimientos, empresas en marcha, organizaciones sin fines de lucro, organizaciones del Estado, con ejemplos cotidianos y prácticos de la vida comercial y empresarial, considerando las realidades de Latinoamérica y del mundo. De modo particular y destacable introduce guías de acción para contrarrestar los efectos de la incertidumbre en industrias y mercados que forman parte de un mundo turbulento, cambiante y dinámico.

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