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Organizaciones sustentables: un desafío impostergable

 Por Claudio Pizzi*

Muchas pymes se encuentran luchando por pagar salarios e insumos y mantener la clientela. Otros, analizando con los contadores de qué forma se pueden pagar los impuestos sin llegar al concurso o a la quiebra.
Querer tapar esta realidad es como pretender detener un tsunami armando un castillo de arena en la playa. Ahora bien, de igual forma, querer tapar el cambio y lo que ocurre en el mundo con la excusa de vivir en un status de coyuntura permanente, es igual.
Argentina tiene por delante una serie de desafíos en verdad sumamente complejos. Es un país que requiere de dos reformas de fondo. La jurídica y la impositiva.
La primera, orientada a establecer normas y sistemas que den seguridad al inversionista, castiguen severamente la corrupción y establezcan metodologías eficientes y rápidas de impartir justicia. La segunda está vinculada con la eliminación de todo impuesto distorsivo, adelantos al Fisco, bancarización de las operaciones y establecimiento de porcentajes y bases tributarias racionales que no se transformen en agobio fiscal para los contribuyentes.
Si esto ocurre, y me atrevería a decir que es “imprescindible” para el futuro del país, el próximo paso es el dar soporte a las “usinas naturales generadoras de empleo y bienestar” que son los emprendimientos y las empresas.

¿Qué significa dar soporte?
Es importante aclarar este concepto porque cuando se habla de “ayudar” a las pymes y los emprendimientos, en general se lo propone desde una concepción tradicional.
Se piensa en financiación, en su organización societaria, en las ventas y por ello se suelen ofrecer diferentes líneas de crédito, asistencia jurídica, entre otros.
Todo muy bien y valorable, pero no es suficiente. La organización necesita aprender el concepto de sustentabilidad, que está relacionado con la cultura, la estrategia, el desarrollo y mantenimiento de aquella en el tiempo. Necesita hacerlo desde sus entrañas y no de forma artificial por medio del consumo de beneficios parciales vinculados con su día a día.
Darle auxilio financiero y abrirle las puertas del mercado no garantizan su permanencia en éste. Las empresas deben aprender a competir, a medir sus resultados, a crecer, y a desarrollarse de forma sustentable, y aquí nace la segunda pregunta.

¿Qué es la sustentabilidad?
Algunos profesionales y académicos la definen desde un aspecto exclusivamente ambientalista, de responsabilidad social.
En mi caso particular, entiendo la sustentabilidad como una necesidad de las organizaciones que parte de adentro hacia afuera. Está relacionada con lo mencionado y los recursos humanos, el capital intelectual, el posicionamiento, la imagen corporativa y el valor agregado para la sociedad, ¿por qué?, la respuesta es simple.
¿De qué sirve una organización que respete el medio ambiente y sea injusta y despiadada con sus empleados, o respete a sus empleados pero destruya el hábitat en el cual estos viven, o una organización que respete a sus empleados y el medio ambiente pero no reinvierta sus beneficios en la comunidad que la nutre?
La sustentabilidad es algo más que un manual de responsabilidad social, digamos que la base de su sostenimiento en el tiempo es la generación de valor para la comunidad, el cual se traducirá en la proporción necesaria de utilidades para que siga un proceso de crecimiento continuo, firme y flexible a la vez.
Una empresa sustentable debe desarrollar un buen sistema de comunicación interna y externa, un criterio racional para medir el desempeño de sus empleados.

En este tipo de organizaciones el error es insumo para el aprendizaje y la palabra “dividir” le cede el espacio a “multiplicar”. El conflicto se aborda desde los principios y no desde las conveniencias personales. La creatividad e innovación son el insumo que necesitan para saltar con éxito por sobre el punto de declinación y los resultados no son el producto de su búsqueda sino de la búsqueda de una adecuada arquitectura organizacional. No debemos olvidar el papel del liderazgo, elemento central para llevar adelante las estrategias y políticas que la mantengan alejada de las coyunturas económico–financieras.
Como vemos, Argentina necesita transitar este camino, el de convertir en sustentables los miles y miles de proyectos empresariales que luchan en el día a día por sobrevivir y crecer en un contexto normativo-legal insalubre y teñido de contradicciones.
Hemos preparado las pymes para vivir en el corto plazo. Las hemos entrenado para sobrevivir pero no fuimos capaces de ayudarlas a profesionalizarse, a abandonar los modelos mentales que alguna vez fueron exitosos, pero que hoy terminan siendo obsoletos. Ahora nos toca capacitarlas en el complejo pero imprescindible camino del desarrollo, todo un desafío.

(*) Licenciado. Profesor de Administración General Ciencias Económicas ( UBA). Master en
Dirección Estratégica de Empresas. Director de Dorbaires Consultora Organizacional

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