Couyntura, Economía

Dolarizar o no dolarizar, ¿en qué se beneficiarían las pymes y los emprendedores?

Si se produce por ley, las primeras tendrían que modificar su lógica de funcionamiento y prepararse para dar batalla en el gran mercado global. Habría una mayor presión competitiva tanto interna como externa producto de las importaciones y el reacomodamiento de la economía en términos de precios relativos, destacó el especialista Claudio Pizzi

Ante el fracaso de las políticas económicas desarrolladas en la argentina desde la década de 80 a la fecha, se ha instalado un tema en la sociedad. Sostener el peso argentino o seguir el camino de países que apostaron a la “dolarización como: Ecuador, Panamá, El Salvador o Zimbabwe. «Factor» suplemento de Comercio y Justicia dialogó con Claudio Pizzi, licenciado en administración, master en administración de empresas con especialización en Finanzas egresado de la Escuela de Economía y Negocios de la Universidad de Belgrano.

“Argentina, según datos del Banco Mundial y del FMI, no crece desde 2011. Mantiene una moneda local devaluada y una inflación descontrolada. Ante este cuadro, el dólar aparece como el refugio ideal de inversores y empresas que necesitan un patrón de referencia internacional, una unidad de cuenta, y una opción para preservar el valor de sus activos. Nuestro país necesita corregir el rumbo económico y la ‘dolarización’ pica en punta por sobre otras opciones como la ‘convertibilidad”, señaló el profesional

¿Qué implica dolarizar la economía?

Para dolarizar, desde el punto de vista de los números, se requiere definir el “tipo de cambio de conversión” que surgiría de dividir los pasivos monetarios y no monetarios del Banco Central de la República Argentina (BCRA) por las reservas. Para tener una idea de “números”, en 2021, la cuenta daba un tipo de cambio de $170, y de $230 si se “neteaban” los encajes, que son dinero del público. Las reservas se pueden conformar por los DEG aportados por el FMI, préstamos de otros organismos como el banco de Basilea, el swap chino convertible en dólares, oro, y encajes bancarios. Tomando las perspectivas sobre las exportaciones y el valor de las commodities, las divisas faltantes podrían ser aportadas por el campo. Es posible que una parte de la base no requiera dólares físicos como podrían ser los depósitos bancarios, los cuales se convertirían al tipo de cambio establecido. Esto evitaría el “señoriaje” que significa “negociar con EEUU” la emisión de los dólares necesarios. 

Un sistema de conversión como el mencionado -o el europeo- podría bajar la tasa de interés de corto plazo a nivel de un bono estadounidense, dado que se eliminaría la facultad de emitir moneda, lo cual tendría un impacto en la inflación. Una moneda con reserva de valor favorecería el crédito de largo plazo e impactaría en el crecimiento. Estabilizar la inflación, el tipo de cambio y la tasa de interés generaría “credibilidad”, reduciría el riesgo país y -con ello- la carga financiera por la deuda, favorecería el incremento de la inversión y un mayor acceso al crédito. “Ahuyentaría las tan temidas corridas bancarias y las fugas de capitales”.

¿Cuáles son los inconvenientes de esta receta económica?

Este tipo de receta económica presenta inconvenientes que deben ser paliados con medidas correctivas. Un problema central son las “asimetrías” con los países desarrollados. Argentina genera caja a partir de sus commodities. Los precios internacionales hoy son favorables, pero, ¿se mantendrán así?, la dolarización puede generar distorsiones en los precios internos. La inflación es un problema, y el costo de los productos en dólares para los consumidores locales, es otro. La industria autóctona podría verse afectada, al igual que la generación de empleo. Un primer efecto observado en los países dolarizados fue el aumento de los importadores por sobre los niveles de industrialización. Por otro lado, las economías débiles se encuentran más expuestas a los shocks externos. Se inhibe la posibilidad de ajustar los tipos de cambio para suavizar los impactos de los diferentes ciclos económicos.

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¿Entonces, dolarizar o no dolarizar?

No debemos confundir una “medida alternativa” con el “problema de base”. Los argentinos queremos “dólares” porque desconfiamos del “peso” pero, en realidad, desconfiamos de las instituciones y, por sobre todas las cosas, de la clase dirigente. La dolarización no resuelve los “problemas de fondo de Argentina”. El “populismo” se puede aplicar sin moneda, aumentando el déficit vía endeudamiento externo e incrementando salarios por encima de la productividad. Los “sistemas abiertos” tienden a buscar el equilibrio sin importar su costo de oportunidad. La dolarización espontánea podría ser un ejemplo. Argentina es un país “dolarizado”. Aunque no circulen billetes como moneda corriente, los precios se referencian en “dólares” y al tipo de cambio de mercado. En Venezuela, la circulación de bolívares se redujo, se cayeron los controles de cambio, precios, y aranceles a la importación. En definitiva, o las cosas las corrigen los gobiernos y asumen el costo electoral, o lo hace el mercado y el costo lo paga la sociedad presente y futura. El equilibrio se logra, “a cualquier precio”.

Los problemas de confianza y productividad se originan en la “gestión”. Argentina puede funcionar sin inconvenientes con un banco central independiente y con su moneda de origen. La dolarización representa la “pérdida de la batalla cultural” más que un problema económico.

¿Por qué debería el FMI decirnos lo que tenemos que hacer?  “Eliminar el BCRA para dejar de emitir y gastar por encima de nuestras posibilidades, sería como prohibir las bebidas alcohólicas para evitar que la gente se emborrache”.  

La elección de una u otra receta económica no cambia el cuadro general. Nuestro país requiere de un sinnúmero de reformas enmarcadas en un “plan estratégico”.

Sin una visión clara de futuro, cualquier medida se puede autoesterilizar, sin lograr los resultados esperados. La dolarización puede funcionar como el euro en Europa, y como la moneda local en los países serios con mejor reputación en el mundo como Canadá y Australia, entre otros.

¿Qué se debería hacer si se aprueba una dolarización?

Si la “dolarización” se produce por ley, las pymes tendrían que modificar su lógica de funcionamiento y prepararse para dar batalla en el gran mercado global. Habría una mayor presión competitiva tanto interna como externa producto de las importaciones y el reacomodamiento de la economía en términos de precios relativos.

La Argentina tendría que “reconstruir” el sistema educativo, el tributario (reduciendo presión y carga fiscal), el laboral, el previsional, y el estado. Apuntar a recrear el mercado de capitales, facilitar el proceso de creación de empresas dinámicas, y a tener una justicia independiente. Sin estas reformas, cualquier cambio orientado sobre la apertura de la economía, representaría un alto costo sobre el tejido empresarial dado que más del 99% de las firmas activas tienen menos de 200 empleados y más del 80% son microempresas.

Cambio de visión 

“El desafío que las pymes y los emprendedores tienen por delante, cualquiera sea el escenario, consiste en entender que ‘competir y ser productivos’ no es una opción, es una necesidad. Para ello hay que creer en las capacidades y habilidades propias y prepararse para reemplazar la ‘visión de supervivencia’ por una de ‘crecimiento y desarrollo sostenible’, apostando a planes flexibles de largo plazo. Un objetivo imprescindible que va más allá de un signo monetario”, concluyó Pizzi.