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Las madres de la Bauhaus

En el marco del primer centenario de la Bauhaus -la escuela superior de diseño fundada por Walter Gropius-, El Inversor y la Construcción recuerda a las primeras alumnas que se volvieron expertas en tapices, fotografías, mobiliario, objetos de diseño, cerámica y escultura, interiorismo y arquitectura. Aunque muchas no terminaron los estudios, son parte del ADN del movimiento moderno y del diseño industrial. 

Por Laura Pantoja – lpantoja@comerciyjusticia.info

El año 2019 marca el primer centenario de la Bauhaus, la escuela superior de diseño fundada por Walter Gropius en 1919 en Weimar (Alemania), una institución pensada como una comunidad preocupada por dar respuestas a las necesidades sociales a través del trabajo creativo. Su influencia en el mundo del arte, la arquitectura y el diseño fue y es fundamental para aprender la historia de la estética del siglo XX.
Mientras los artistas hombres que formaron parte de la escuela alemana son hoy recordados como creadores influyentes (Klee, Kandinsky, Gropius), la mayoría de las veces sus compañeras, también formadas en la Bauhaus, son mencionadas como “esposas de” y/o poco referidas. Algunas de ellas no lograron culminar sus estudios, pero no por eso dejaron de desarrollar una intensa vida creativa y profesional que les permitió por un lado acentuar su lugar como protagonistas fuera del ámbito familiar, y ser parte constituyente del movimiento estético generado en ese contexto.

Se destacaron en el desarrollo de tapices, fotografías, piezas de mobiliario, modernos objetos de diseño, cerámicas vanguardistas y esculturas, proyectos de interiorismo e incluso de arquitectura, a pesar de que la escuela -orientada desde sus inicios hacia la arquitectura- no contó con un programa especializado en la materia hasta 1927.
Lo cierto es que no sólo propulsaron el avance de la escuela sino que también fueron esenciales para construir los cimientos del diseño y el arte que continuó años después y hasta nuestros días.
Con base en publicaciones internacionales, El Inversor y la Construcción realizó su propia selección, con la que las recuerda y celebra.

Friedl Dicker
Fue una de las primeras alumnas de la Bauhaus quien, junto a Franz Singer, Anny Wottitz y Margit Tery, formó el conocido grupo de “los vieneses”, una congregación de alumnos provenientes de la escuela de arte de Viena de Johannes Itten.
Participó en los talleres de encuadernación, tipografía y textil, fabricó marionetas, realizó litografías y, además de la de Itten, recibió una notable influencia de Paul Klee, quien en 1920 se incorporó como profesor.
Aunque en un momento Dicker dejó la escuela sin haber terminado sus estudios y sin ningún tipo de diploma de acreditación, continuó desarrollando una multidisciplinaria carrera en campos tan diversos como la arquitectura, el diseño de mobiliario y la pedagogía. Junto a su compañero Franz Singer, fundó en Viena un estudio de arquitectura con el dualismo como eje generador de la mayoría de sus proyectos. Un club de tenis (1928), la ampliación de la residencia de la familia Reisner (1929), el interiorismo del jardín de infancia Montessori (1930) y

la construcción del Pabellón de la Condesa Heriot (1932-34) -con su moderno ascensor acristalado de paredes curvas incluido- fueron algunas de sus obras más importantes, además del significativo proyecto de la emblemática Villa Moller (1927-1928).

Marguerite Friedlaender-Wildenhain y Margarete Heymann
La Bauhaus estaba abierta a cualquiera que deseara estudiar en ella, independientemente de su expediente académico, género o nacionalidad. Un principio de igualdad que en la práctica no impedía que a la mayoría de las mujeres se las empujara hacia determinados talleres, “más femeninos”, como el de encuadernación o el textil, y se las alejara de otros como los de cerámica, carpintería o de metal. Mientras Marguerite Friedlaender-Wildenhain y Margarete Heymann lograron acceder al poco recomendado taller de cerámica, Marianne Brandt se convirtió en una de las pocas alumnas que logró ingresar en el de metal, que luego terminó dirigiendo luego de la salida de su maestro László Moholy-Nagy, en 1928.

Marianne Brandt

El trabajo inicial de Brandt impresionó tanto a László Moholy-Nagy que en 1924 abrió un espacio para ella en el taller de metal, disciplina que anteriormente estaba prohibida para las mujeres. Brandt diseñó algunas de las obras más icónicas asociadas a la Bauhaus: el cenicero que se asemeja a una bola de metal y un infusor y colador de té de plata, que fue su primer diseño estudiantil.

Durante su estancia en la Bauhaus se convirtió en la diseñadora industrial más famosa de Alemania. En 1928 llegaron dos hitos de su carrera: reemplazar a Moholy-Nagy como jefe de taller de metal y desarrollar uno de los objetos más exitosos, la lámpara de noche Kandem. Después de abandonar la Bauhaus, en 1929, Brandt se convirtió en directora del departamento de diseño de la empresa de artículos de metal Ruppelwerk.

Gunta Stölzl
Gunta fue una de las primeras en llegar a la Bauhaus, en 1919. Mientras experimentaba con una amplia gama de disciplinas, Stölzl se centró en el tejido, un departamento que dirigió desde 1926 hasta 1931. Su trabajo se destaca por sus complejos mosaicos de patrones, compuestos por líneas onduladas que se funden en mosaicos caleidoscópicos de colores. De

hecho, sus tapices revistieron la famosa silla de Marcel Breuer.

Con la llegada del nazismo, fue expulsada por haberse casado con su compañero judío Arieh Sharon.
Stölzl creó una compañía de tejido con otros estudiantes de la Bauhaus en Suiza, en la que diseñó multitud de alfombras y textiles. “Queríamos crear seres vivos con relevancia contemporánea, adecuados a un nuevo estilo de vida”, dijo una vez. “Era esencial definir nuestro mundo imaginario, dar forma a nuestras experiencias mediante el material, el ritmo, la proporción, el color y la forma”.

Gertrud Arndt
Gertrud soñaba con convertirse en arquitecta pero al llegar a la Bauhaus, en 1923, vio que las clases de arquitectura aún no estaban disponibles en la escuela. Sobre esa base, comenzó fabricando alfombras con dibujos geométricos en el taller de tejido. Aunque era sobresaliente en el telar, fue su práctica fotográfica la que perfeccionó fuera de los talleres de la Bauhaus, convirtiéndose -con su serie de autorretratos Máscaras de retratos- en precursora de artistas como Cindy Sherman.
La serie muestra a Arndt interpretando una variedad de roles femeninos tradicionales y con una profusión de velos, encajes y sombreros. También se especializó en fotografiar edificios y paisajes urbanos.

Ilse Fehling
Fehling se destacó por sus formas escultóricas y diseños de teatro, habilidades que perfeccionó aún más en la Bauhaus. Fue alumna de Paul Klee y del escultor Oskar Schlemmer. Sus objetos y su teatro dieron vida a la fantasía y la función. En 1922 patentó un escenario redondo giratorio para títeres de palo. Después de dejar la escuela, se mudó a Berlín y pasó su tiempo entre la confección de escenografías y esculturas.
Luego de estudiar en Roma a principios de la década de 1930, Fehling regresó a Alemania. Entonces sus esculturas, forjadas en metal y piedra, fusionando cubismo y corporalidad, fueron consideradas “degeneradas” por los nazis.

Ise Gropius
Conocida con el apelativo de Mrs. Bauhaus -por el que le llamaba cariñosamente su propio marido-, Ise Gropius llegó a la escuela poco antes de aquella exposición de 1923 como la prometida de Walter Gropius, con quien contrajo matrimonio pocos meses después (con Kandinsky y Paul Klee como testigos). Desde entonces, Ise se volcó a la vida de la escuela apoyando el trabajo de su marido y desempeñando labores de organización, edición y secretaría. Una vez que Walter renunció como director, se convirtió en coautora de muchos de sus textos, artículos y conferencias, un trabajo que él siempre le reconocería y una labor literaria que llegaría a emprender en solitario vendiendo diferentes ensayos a distintas editoriales de Alemania y del Reino Unido. Con esta faceta consiguió cierto reconocimiento, aunque decidió dejarla totalmente de lado después de que la revista literaria norteamericana The Atlantic Monthly rechazó publicar su artículo “Grandma was a career girl” por promocionar la “espantosa idea” de las mujeres trabajadoras.

Alma Siedhoff-Buscher
Fue una de las pocas en el departamento de madera. Alma desarrolló diseños de juguetes y muebles, incluido su “juego de construcción de barcos pequeños”, que sigue en producción hoy en día. El juego manifestó los principios centrales de Bauhaus: sus 22 bloques, forjados en colores primarios, podrían construirse en la forma de un barco, pero también podrían reorganizarse para permitir la experimentación creativa.
También obtuvo notoriedad gracias a sus diseños de kits de recorte y libros para colorear. Sin embargo, su trabajo más audaz fue una habitación para niños en Haus am Horn, una casa diseñada por miembros de Bauhaus que ejemplificó la estética del movimiento. Siedhoff-Buscher lo llenó con muebles blancos modulares y lavables.

Lou Scheper-Berkenkamp
Como muchos de sus contemporáneos de la Bauhaus, Scheper-Berkenkamp era una apasionada colorista, un interés que impulsó en el taller de pintura mural de la escuela, donde fue una de las pocas mujeres. En Moscú, con su compañero y esposo, Hinnerk Scheper, estableció un centro para asesoramiento de color para arquitectura y paisaje urbano, diseñando esquemas de color para construcciones exteriores e interiores de la capital rusa.
Tras el cierre de la Bauhaus en 1933, Lou trabajó como pintora independiente en Berlín y publicó varios libros para niños. Después de la muerte de su marido, Lou Scheper-Berkenkamp se hizo cargo del negocio de diseño de colores, en el que llevó a cabo los planes para el edificio de la Filarmónica de Hans Scharoun, el Museo Egipcio y el edificio del aeropuerto Tegel, en Berlín.

Anni Albers
Después de su salida, en su cargo como directora de taller la sustituirá brevemente otra de las grandes mujeres de la Bauhaus, Anni Albers. Ann llegó a la escuela en 1922 con la intención de convertirse en pintora, pero descubrió entre los hilos y retales de su taller textil todo los recursos para desarrollar obras de arte. Fue la primera artista textil en exponer sus obras en una exposición individual en el MoMa de Nueva York. Además de originales patrones y tapices, durante sus años en la Bauhuas experimentó con nuevos materiales como el celofán, con el que logró crear un novedoso tejido reflectante capaz de absorber el sonido. Antes de finalizar sus estudios se casó con el joven profesor, y también antiguo alumno, Josef Albers. Con él formó una de las parejas artísticas más importantes del siglo XX. Después del triunfo del nacionalsocialismo y del cierre definitivo de la Bauhaus, en 1933, juntos emigraron a Estados Unidos, donde continuaron desempeñando una importantísima labor artística.

Lucia Moholy
Otra de estas mujeres que influyó de manera importante en la vida cotidiana de la escuela y en sus alumnos sería sin duda Lucia Moholy, esposa de László Moholy-Nagy. Antes de su llegada a la Bauhaus había trabajado como editora en diferentes editoriales de Berlín y publicado diversos escritos de carácter vanguardista -bajo el seudónimo de Ulrich Steffen-, pero durante sus años en la escuela será en la fotografía donde vuelque toda su atención. Se convirtió en la encargada de fotografiar los trabajos de los alumnos y en la autora de gran parte del material fotográfico que se conserva del día a día de la vida en la escuela.
Pero ella no fue la única en caer rendida ante la incipiente fotografía de principios de siglo, ya que fue una práctica hacia la que se inclinaron y desarrollaron otras estudiantes de la Bauhaus como Grete Stern, Gertrud Arndt, Judith Kárász, Irena Blühová, Grit Kallin-Fischer -una de las pocas mujeres, junto a Marianne Brandt, que accedieron al taller de metal-, Etel Fodor-Mittag o Florence Henri.
Fue una artista formada en París bajo la tutela de Fernand Léger y Amédée Ozenfant, que pasó brevemente por la Bauhaus de Dessau en 1927. Residió en la vivienda del matrimonio Moholy, donde se convirtió en íntima amiga de Lucia Moholy, quien la alentó a alejarse de la pintura y a desarrollar su talento como fotógrafa. En ese campo terminó cosechando grandes éxitos, al punto de situar su nombre y la calidad de sus trabajos a la altura de la de los grandes artistas de la fotografía experimental de la época.

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