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El Teatro del Libertador vuelve a brillar como en 1891

Este ícono argentino de la arquitectura y del arte está siendo completamente restaurado. La conservación y refuncionalización de su infraestructura y la puesta en valor de todas sus piezas y sectores, tanto en colores como texturas y materiales, es una obra memorable y única para la historia de Córdoba.

Por Laura Pantoja – lpantoja@comercioyjusticia.info

Después de 127 años de inmutabilidad, por primera vez, en vísperas del próximo Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE), el legendario Teatro del Libertador General San Martín de Córdoba, está siendo completamente restaurado gracias a una tarea titánica que lleva a cabo un equipo de más de cien especialistas.
A cargo de Daniel Rey, secretario de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas y Financiamiento de la Provincia, y del director General de Proyectos, el arquitecto José Ferrero, la obra se encuentra en ejecución desde hace un año y tres meses, basada en un proyecto en el que los equipos técnicos de la Provincia trabajaron por más de dos años.
En un recorrido realizado por el El Inversor y la Construcción se pudo comprobar la envergadura del trabajo en ejecución, tanto en lo que respecta a la propia infraestructura interna del teatro como a la restauración pormenorizada de cada pieza y sector.

En diálogo con el propio Rey, éste resumió el trabajo del equipo: “Los arquitectos tenemos tendencia a diseñar: acá no diseñamos nada, la técnica es recuperar la pieza tal y como era antes”.
Con ese criterio y bajo la tutela de la Comisión Nacional de Monumentos Históricos “Teresa de Anchorena”, la obra se puede diferenciar en dos partes: una que responde a la puesta en valor de la estructura y la refuncionalización de sus espacios completos, y otra que atañe a la restauración propiamente dicha de paredes, textiles, butacas, palcos, pisos, cielorrasos y luminaria -entre otros elementos-.

Parrilla y techo del escenario
El Teatro del Libertador es uno de los tres en el mundo que conservaba hasta hace un año y tres meses, su maquinaria escénica original y en funcionamiento: su parrilla de madera, de donde se colgaban las sogas para que los teloneros realizaran sus tareas a mano. “En el mundo eso está todo tecnificado por computadora, los telones se manejan de manera automatizada, pero cuando lo presentamos a la Comisión Nacional de Monumentos Históricos ésta nos pidió que lo conserváramos”, reveló Rey.
Así es que se decidió por un lado conservarla y por otro, agregar una nueva parrilla metálica automatizada, lo que permitirá trabajar con las dos modalidades.
“Para agregar la parrilla metálica automatizada se debió ampliar el techo en ocho metros y colocar seis columnas de hierro de cada lado del escenario”, explicó el Secretario, y aclaró que ahora el techo tiene 30 metros de altura, lo que equivale a un edificio de nueve pisos.
A su vez, la parrilla de madera también se restauró: se le colocaron las varas que faltaban o que estaban deterioradas. También se incluyeron escaleras para los teloneros, con las que se les brinda mayor seguridad.

Fosa de orquesta
Otra modificación contundente está en la fosa o plataforma de orquesta, que se encuentra un nivel inferior a la sala de conciertos. Se la ha refuncionalizado, se le habilitaron dos salidas de emergencia, y se le ha colocado un piso levadizo automático a tres niveles. “El piso de la fosa se puede elevar a la altura de la platea y a la altura del escenario, dependiendo del tipo de espectáculo”, dijo el arquitecto; aclaró que este mecanismo antes funcionaba pero de manera muy rudimentaria. “Había que poner tarimas y las salidas de emergencia no estaban habilitadas”, explicó.
El espacio ahora es funcional para 80 músicos, al tiempo que el escenario, de 600 m2, replica las dimensiones del salón de espectadores.

Renovación y optimización de salas
Otra de las modificaciones edilicias sustanciales fue la reconversión de salas anexas: de las que estaban en uso, como la Luis de Tejeda y Rafael Grisolia, y de las oficinas donde funcionaban algunos sectores de la administración y los talleres, que se transformaron en 13 “salas nobles”. Están ubicadas en los laterales del teatro -entre planta baja y el nivel uno-, y serán destinadas a actividades de extensión cultural.
Es importante destacar la incorporación de un bar temático, secuela de la refacción de la sala Grisolia que, a diferencia del anterior que estaba en el primer piso, dará a la calle y estará abierto al público. Además de darle mayor visibilidad al propio teatro porque incluirá ornamentación típica, servirá de centro de atención al visitante del establecimiento interesado en la obra museística.
“Es que entre los proyectos se encuentra la idea de proponer visitas guiadas para conocer el corazón del teatro, lo que sumará un stand en el bar, con libros a la venta -que vamos a publicar acerca de la obra de restauración-“, anticipó Rey.

Las mejoras y modificaciones del interior del teatro permiten optimizar muchos espacios y recuperar otros para la actividad artística. El Gobierno de la Provincia lleva ejecutados 450 millones de pesos a la fecha, según infirmó Daniel Rey, el secretario de Arquitectura.

“Esto va a dar lugar a una conectividad cultural paralela a la sala principal”, resumió.
Con todo, en la estructura totalmente refuncionalizada se podrán identificar las siguientes salas: Boletería Norte, Boletería Sur o sala de protocolo, Museo de la Música Cristóbal Aguilar, Archivo del Museo, Salón Turco o Sala Grisolia -donde estará el bar-, Salón de los Músicos y Salón de los Instrumentos. También estarán: los salones De los Cisnes, Pompeyano y Heráldico; las salas Japonesa y de Diagramación, el Foyer alto, el Hall principal y los Pasillos artísticos.
También se reacondicionaron de manera completa los baños, cuya principal modificación consistió en revestir los pisos con porcelanato líquido. Del mismo modo, los pisos de las salas, de pinotea original, fueron extraídos, lustrados y pulidos, y vueltos a su lugar de origen. También, se adecuó toda la estructura a espectadores con discapacidad.

Un coliseo para conciertos
Ubicado en la avenida Vélez Sársfield, entre Duarte Quirós y boulevard San Juan, la superficie actual del predio es de 3.640 m² y su superficie cubierta es de 11.700 m². Luego de la habilitación de todos los palcos -algunos estaban en desuso-, “el Libertador” tiene una capacidad total para 1.005 espectadores entre platea, palcos altos y bajos -tanto laterales como centrales-, cazuela, tertulia y paraíso.
El edificio posee cinco plantas y un subsuelo, aunque la fachada parece poner en evidencia, por criterios de proporcionalidad, sólo dos pisos; las cinco plantas o pisos reales se elevan con cuatro líneas de palcos sobre la platea y el proscenio principales.
Su historia se inicia en el año 1891, cuando el entonces ministro de Justicia -luego gobernador- Ramón J. Cárcano propuso la creación de una sala para conciertos. Para asegurar la aprobación del proyecto y la financiación de la Legislatura de Córdoba, Cárcano encargó al arquitecto italiano establecido en Argentina, Francesco Tamburini (uno de los creadores de la Casa Rosada y del segundo y actual edificio del Teatro Colón de Buenos Aires) el proyecto de diseño del coliseo cordobés. En sus planes colaboró también el ingeniero italoargentino Giuseppe Franceschi, único especialista en hormigón armado hasta ese momento, quien estuvo a cargo de la dirección de la construcción. El edificio fue erigido sobre un terreno con forma de polígono irregular.

“El desafío más grande fue meternos en el corazón del teatro, incorporar la nueva parrilla metálica e incluir 12 columnas para soportar la estructura. Se van a usar las dos parrillas: la de madera, que seguirán subiéndola a mano , y la tecnificada, que se manejará por computadora”, explicó Rey.

Según Marta Deltrozzo, la arquitectura de este teatro corresponde al modelo de teatro lírico de la Ópera de París de Charles Garnier; pero, según el arquitecto Rodolfo Gallardo, Tamburini y su equipo trazaron el proyecto “en las líneas del Manierismo Palladiano”.
En la arquitectura del teatro predomina entonces un estilo italianizante ecléctico. El uso principalmente decorativo de columnas, arcos de medio punto, almohadillados y esculturas traídas de Europa puede hacer suponer que el edificio fue concebido desde la corriente llamada “influencia italiana”, en boga en el momento de su construcción.
Al diseño de Tamburini se yuxtaponen diseños interiores y exteriores de Arturo Nembrini Gonzaga, que se observan principalmente en los relieves de la fachada y la neoclásica escultura que corona al frontispicio sobre la parte superior central del ático, así como en las pátinas de cardenillo de los elementos de bronce. Membrini Gonzaga decoró principalmente la bóveda central en un estilo llamado pompeyano. A él se le deben los frescos del cielorraso y el grupo de estatuas neoclásicas ubicadas en el ático.
Casi la totalidad de los materiales -mármoles, tejidos y maquinaria- fue importada de Europa.

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