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¿Desarrollo vs. Patrimonio Histórico?

De vez en cuando la vida …” comienza la canción de Serrat.

Y de vez en cuando, y de tanto en tanto, leemos notas en matutinos o vemos en televisión algún movilero que relata -con preocupación- la implacable demolición de alguna antigua edificación cordobesa.

Por Arquitecto Roberto Lapid *

Esa preocupación es genuina, no cuidamos nuestro patrimonio histórico. La Municipalidad de la ciudad posee un listado de construcciones “indemolibles”, pero parece que con esto no alcanza.

Habitualmente, las primeras culpas recaen sobre desarrollistas o arquitectos, en apariencia desalmados profesionales a quienes sólo les interesa el rédito monetario.

El prejuicio se extiende y siembra dudas. ¿Cómo es posible que quienes se han formado en las aulas universitarias, en el estudio de la arquitectura histórica, en la contemplación y el aprendizaje de lo ya realizado, contengan estas actitudes tan irracionales, tan reñidas con la conservación de lo valorable?

La respuesta al interrogante es simple. El arquitecto trabajador no es el culpable. Es apenas un engranaje más de una maquinaria social donde las leyes y políticas de crecimiento y desarrollo de nuestra ciudad yacen abandonadas en los cajones de algunos burócratas.

Simplemente, no hay un plan de conservación del patrimonio que esté rigurosamente estudiado y respaldado.

Con este panorama, el mercado comienza a hacer lo suyo. La oferta y la demanda, la carga cultural de inversores, compradores e inquilinos. La falta de políticas claras llevan a cada profesional a trabajar donde se puede construir y donde sus clientes le demandan productos.

Las carencias en el desarrollo de la infraestructura necesaria (calles, autopistas, iluminación, espacios verdes, servicios básicos) favorecen la concentración de construcciones en los lugares donde, aparentemente, esas necesidades están ya satisfechas. El mismo vacío en el planeamiento urbano lleva al deterioro de áreas muy ricas en patrimonio histórico, donde la ruina avanza ante la ausencia de rescate edilicio y reciclaje de lo obsoleto.

De nada nos sirve evitar las tan destructivas demoliciones, si no revivimos esa propiedad o esa área, con nuevos destinos, usos o ideas.

Hay intentos en nuestra urbe, incompletos pero exitosos, como la puesta en valor de la calle Belgrano en barrio Güemes, y hay sobrados ejemplos de revalorización del patrimonio histórico en lugares no muy lejanos, como Bella Vista (Santiago, Chile), El Pelourinho (Salvador de Bahía), La Candelaria (Bogotá) y muchos otros que son ávidamente recorridos por turistas y lugareños.

Creo que no es necesario encontrar culpables por las aborrecibles demoliciones de barrios enteros, en cuotas, o de bellas casonas cordobesas. Los responsables o irresponsables somos todos. Si bien han existido algunas iniciativas, nos faltan planes, crecimiento ordenado, desarrollo estudiado e ideas. A trabajar.

* Arquitecto de la Universidad Nacional de Córdoba, escritor y conferencista. Su libro Dizna, Mensaje desde el Pasado recibió el Premio “Ozik Rosenblat 2012”. “El Enigma Weiss” es su segunda novela.

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