Reflexiones y sorpresas de abril

El enfrentamiento entre las cuatro entidades representativas del campo y el Gobierno por los incrementos e incorporación de retenciones móviles, es obvio que genere una serie de consecuencias nada deseables en la marcha de la economía y el bolsillo de todos.
La modalidad de protesta adoptada consistente en cortar rutas y con ello el normal aprovisionamiento de alimentos y también de insumos industriales, resiente las diversas líneas de producción. Su primera expresión se refleja en la carencia de muchos bienes pero, en especial, a través del notorio ascenso operado en los valores que llegan al consumidor final. En realidad no hay causas reales para que ello suceda en tal medida y una superior proporción reviste clara naturaleza especulativa. Sólo la existencia de este tipo de maniobras oportunistas puede explicar la desmesurada suba.

Ante la constatación de esa evidencia, el Gobierno debiera implementar mecanismos para detectar y sancionar a quienes tienen la responsabilidad definir la formación de los principales precios. Cabe advertir que lo programas antiinflacionarios, para ser eficaces, exigen encarar medidas combinadas de corto plazo -en acción paralela y simultánea- con otras para el mediano y largo. En cuanto a las primeras, habitualmente se concretan en base a acuerdos o controles, una enérgica moderación en el gasto público y restricciones en la expansión monetaria, son las que rigen en muchos de los países donde deben afrontar el mismo problema. Las que procuran impulsarla y, por lo tanto, acrecer la oferta global -aconsejada como idónea para superar "cuellos de botella"- no actúan instantáneamente sino después de transcurrido un cierto tiempo de maduración necesario para que puedan incorporar mayor cantidad de bienes.

Cuando la capacidad instalada se torna insuficiente para ampliar las disponibilidades que debiera cubrir la franja insatisfecha de la demanda, no hay otra alternativa que apelar a nuevas inversiones; pero hay que esperarlas. Los escasos o nulos resultados que arrojan las inspecciones esporádicas en las bocas de expendio, no deben extrañar a nadie. La esporádica "visita" de un funcionario o las amenazas que pueda proferir, se tornan inocuas y no sustituyen en un ápice la gestión que debe estar a cargo de un cuerpo permanente y especializado, que en este momento carece el país. Ello es así debido a que fue desmontado y disuelto hace bastante tiempo atrás -durante las largas décadas que rigieron en plenitud las ideas liberales que propugnan una gestión irrestricta de los operadores en los diversos mercados. Rehacerlo, instruirlo y entrenarlo en esa tarea no es cuestión de mera voluntad sino de un sistemático proceso de formación. La aparición de "piquetes" que sólo saben actuar por la vía de su amenazante presencia no sirve para nada.

Lo aconsejable es proyectar una actividad metódica a cargo de equipos experimentados que, dicho sea de paso, existen y operan en muchos países del mundo, entre ellos los de la Unión Europea, donde tienen una larga tradición en esa materia. Su accionar debe ser dirigido con preferencia a revisar toda la llamada "cadena de valor"; o sea, desde la fuente que provee insumos para la etapa de producción propiamente dicha, las de intermediación y su posterior llegada al consumidor.

El sospechoso reflotamiento de viejas ideas

Llama mucho la atención que se haya ignorado, y hasta despreciado, en la formulación de alternativas el decisivo factor tiempo. Quienes lo omitan no son inocentes ni imp

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