La “economía del bien común”, un movimiento ya presente en 27 países

Economistas Sin Fronteras lo incluyó entre las nuevas formulaciones surgidas al calor de la extensión de la crisis del sistema financiero y comercial global. Propone un sistema completo a asumir por todos los países en su organización interna y en el comercio internacional.

Desde el comienzo de la crisis que envuelve hoy la economía mundial, el debate sobre las alternativas al actual sistema económico capitalista se ha reavivado. Si bien es algo que siempre ha existido, en la actualidad está alcanzando proporciones desconocidas con anterioridad, tanto en visibilidad como en la profusión de ideas que están surgiendo o retomándose. No obstante, es un tema que sigue siendo minoritario debido a la hegemonía del pensamiento económico ortodoxo.

El debate mereció jornadas de trabajo global de la organización Economistas sin Fronteras, en las que se presentaron algunas interesantes reflexiones que combaten la idea -tan arraigada en muchas personas- de que no hay otras formas de “hacer economía”. Se mostraron también ciertas experiencias que están surgiendo desde abajo y que demuestran que sí es posible otra economía, que ya existe una economía real que está rompiendo los clichés impuestos por el pensamiento único, mediante la puesta en práctica de otros valores, como la primacía del bien común sobre los intereses individuales, la participación y la colaboración entre las personas, la sostenibilidad medioambiental, el ecofeminismo, el cooperativismo, el decrecimiento…, en definitiva, nuevas formas de entender la economía, pero también la vida.

Para ello, se parte del reconocimiento de que el sistema económico capitalista en el que estamos inmersos, regido por las leyes del “libre” mercado y basado en un crecimiento continuado, no es capaz de satisfacer las necesidades básicas de las personas y asegurarles una vida digna -además de ser insostenible-.

La Economía del Bien Común es uno de esos nuevos aportes para pensar la nueva economía. Se trata de un sistema económico alternativo completo, cuyos fundamentos fueron desarrollados por Christian Felber en 2008, en un texto no traducido al español cuyo título puede entenderse como “Nuevos valores para la economía” (Neue Werte für die Wirtschaft). Hoy, la Economía del Bien Común adquirió la condición de movimiento, con la adhesión de 1.400 empresas de 27 países y grupos locales encargados de su implantación en varios países europeos, principalmente.

Este modelo ofrece un camino concreto para alcanzar un nuevo orden económico orientado al bien común, que aquí se resume en 20 puntos que deben ser seguidos por gobiernos, empresas y organizaciones sociales. Su formulación detallada puede consultarse en la web.

Como señala Felber, la Economía del Bien Común es sólo un posible paso para el futuro, un proceso participativo, de desarrollo abierto que busca sinergias con procesos similares.
Se basa en los mismos valores que hacen florecer nuestras relaciones: confianza, cooperación, aprecio, democracia, solidaridad. El marco legal económico experimenta un giro radical al cambiarse las reglas del juego de afán de lucro y competencia por cooperación y contribución al bien común: las empresas que practican la cooperación serán recompensadas.

En cambio, el comportamiento competitivo conlleva desventajas. El éxito económico no es medido por indicadores monetarios como el beneficio financiero o el producto interno bruto sino por el balance del bien común (BBC, a escala empresarial) y el producto del bien común (a escala macro).

El BBC se convierte en el balance principal de todas las empresas. Cuanto más social, ecológica, democrática y solidaria sea la actividad, mejores serán los resultados del BBC alcanzados. Mejorando los resultados de éste en las empresas en una economía nacional, mejorará el producto del bien común.

Las empresas con buenos BBC disfrutarán de ventajas legales: tasas de impuestos reducidas, aranceles ventajosos, créditos baratos, privilegios en las compras públicas y a la hora del reparto de programas de investigación, etcétera. La entrada en el mercado se verá, por tanto, más favorecida para actores responsables. Productos y servicios éticos, ecológicos y regionales serán más económicos que los no-éticos, no-ecológicos y globales.

“Se trata -explica Felber- de un proceso participativo, de desarrollo abierto, que busca sinergias con procesos similares: desde la economía solidaria y la economía del poscrecimiento, pasando por el movimiento de bienes comunes y el de la renta básica, hasta el movimiento de comunidades de transición y el de monedas complementarias”.

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