Brasil y Estados Unidos buscan una salida colectiva para guerra cambiaria

Si no se detiene la batalla de las monedas, el enfrentamiento puede intensificarse en el plano comercial. El país vecino quiere evitar las  “soluciones individuales”.

La crisis internacional reinstaló entre los empresarios locales la necesidad de seguir más de cerca la agenda internacional y, pocos meses atrás, la “guerra cambiaria” que se desató entre algunas de las principales economías mundiales renovó esa urgencia. En ese marco, constituye una buena noticia para el sector productivo local el acuerdo logrado entre Brasil y Estados Unidos, que buscarán que el tema de la guerra de monedas esté en la pauta de debate del G-20 -que se reunirá próximamente en Corea del Sur- y que en el organismo se decida una acción coordinada entre las naciones que lo integran, para evitar las “soluciones individuales” que están minando la competitividad de los distintos países.

El ministro brasileño de Hacienda, Guido Mantega, aseguró ayer que llegó a un acuerdo con el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Timothy Geithner, para que ambos países lideren una discusión sobre la actual “guerra cambiaria” en la reunión que los miembros del G-20 tendrán entre finales de octubre y principios de noviembre en Corea del Sur.

Mantega comentó que esta semana acordaron con Geithner que sus respectivas naciones presionarán para que el asunto sea “colocado en la pauta del G-20”. Si bien el funcionario brasileño no asistirá al encuentro de Corea del Sur, explicó que el secretario estadounidense hablará en su nombre acerca de la necesidad de adoptar medidas multilaterales para frenar la actual volatilidad en los mercados de divisas.

“Queremos que el G-20 diga públicamente que vamos a actuar unidos. Eso le mostrará al mundo que una solución conjunta puede ser más efectiva que soluciones individuales”, indicó Mantega al referirse a las medidas que vienen adoptando varios países -entre ellos Brasil- para depreciar sus monedas, con el fin de aumentar su competitividad externa.

Guido Mantega comentó que el funcionario estadounidense le garantizó que ese país no permitirá desvalorizar su divisa artificialmente. De ese modo, con el dólar y el real fortalecidos frente a otras monedas, ambas naciones tendrán más capacidad para liderar una negociación multilateral. “Él me garantizó que la política estadounidense no es desvalorizar el dólar sino lo contrario. Para mí lo que más desestabiliza el cambio mundial es la depreciación de la moneda estadounidense, incluso más que la del yuan”, consideró el ministro brasileño.

I
mpacto en el país
Si bien el ministro de Economía, Amado Boudou, expresó días atrás durante la Cumbre del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) en Washington, que Argentina tiene la capacidad de “aislarse” de la guerra de monedas y que seguirá administrando el tipo de cambio para que sea competitivo y permita desarrollar el mercado interno, es evidente que una profundización de la guerra cambiaria impactará sobre el aparato productivo local, sobre todo si la moneda brasileña se debilitara, lo que haría perder competitividad a la producción argentina.

Como lo saben los empresarios argentinos desde la convertibilidad, la revalorización del peso aumenta los costos de la producción local -los salarios se pagan en pesos- y resta competitividad a las exportaciones, que se vuelven más caras en dólares.

Por ahora, se corre con la ventaja de que el país vecino no está pensando en más medidas que las anunciadas -aumento de 2% hasta 6%  del impuesto sobre las inversiones de extranjeros destinadas a aplicaciones en renta fija en Brasil, entre otras-, pero nadie descarta iniciativas más drásticas si la espiral cambiaria no se detiene. En ese marco, la tregua y la acción conjunta que parecen dispuestos a impulsar Brasil y Estados Unidos en el G-20 resultan una buena noticia para el país.

En Argentina, el impacto podría notarse además si, en un contexto de inflación en alza, el Gobierno deja revaluar el peso, una cosa poco probable, aunque no es menos cierto que el Ejecutivo ha ido devaluando la moneda local en menor medida que el incremento de los costos durante 2010.

Por ahora los industriales argentinos venían más preocupados por las elecciones en Brasil y por las perspectivas que abría un triunfo del opositor José Serra, representante de una línea más dura dentro del Mercosur, menos componedora con el resto de los países y más proclive a una devaluación del real. Pero ahora también están comenzando a preocuparse por este panorama internacional.

Lo mismo le pasará al Gobierno nacional. Amado Boudou se reunirá hoy y mañana con los ministros de Economía del G-20 (formado por los siete países más industrializados, Rusia, once países recientemente industrializados -entre ellos Argentina- y la Unión Europea). El ministro de Economía adelantó una agenda del país más centrada en el avance de las regulaciones financieras, las calificadoras de riesgo y los paraísos fiscales, pero necesariamente deberá posicionarse también sobre la denominada “guerra cambiaria”, para que no se convierta cada vez más en una guerra comercial.

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