Balance 2007 y del quinquenio 2003-2007

Era muy difícil prever lo que habría de suceder en Argentina luego de la aguda crisis ocurrida en el período 1999-2002. La referencia conocida sobre procesos de recuperación en todo el mundo indicaban que los mismos suelen ser bastante lentos y las metas destinadas a reintegrar el nivel preexistente insumen siempre, por lo menos, tantos años como los que hayan transcurrido de recesión. En algunos países, como Japón en los noventa, el estancamiento virtualmente los convirtió en la década perdida. Y eso que se trataba de la segunda economía en el ámbito universal, con un fenomenal desarrollo en las cuatro precedentes.
No obstante, rompiendo con lo que enseña esa reiterada experiencia internacional, en nuestro caso felizmente no fue así. Ya en los primeros meses de 2005 se equiparó el PBI con el logrado antes de la caída y, desde entonces, empezamos a transitar el camino de una expansión neta por encima del mencionado mayor registro conocido. Así, el quinquenio acumula sendos resultados positivos que, en conjunto, se tradujeron en un inédito incremento del 52.7%. En cuanto a 2007, el hecho que haya superado a 2006 -aunque levemente- y llegado a una tasa anual del 8.7%, constituye una performance no prevista al comienzo del mismo, en los cálculos de ningún analista. Los datos inicialmente provistos a través del EMAE (Estimador Mensual de Actividad Económica), emanado del seno del Indec no han dejado de sorprender.
Los problemas suscitados en este organismo han servido para descalificar en forma casi indiscriminada todos los indicadores elaborados o que, simplemente tengan ese origen. Se ha provocado por ello una peligrosa actitud de incredulidad y sistemática negación que pivotea sobre ciertos puntos críticos reales -déficit energético o presión inflacionaria- con la intención de desconocer, minimizar u omitir las facetas francamente favorables que son innegables éxitos.

“Explosión” del sector externo

La abundante siembra de dudas sobre el grado de certeza que provoca esa información estadística no empalidecen una serie de elementos reales y objetivos que aportan un razonable respaldo a los datos disponibles sobre crecimiento. En primer lugar, es una evidencia indubitable el alto nivel obtenido por las exportaciones que totalizaron -en el año pasado- la suma de us$ 55.933 millones contra us$ 46.569 millones (+20.1%) concretados en 2006. Ese registro supera a la suba habida en el año anterior en que había llegado a un satisfactorio 16.1%. Se podrá argumentar que nos ha beneficiado muy especialmente la persistencia de elevados precios internacionales en materia de commodities. Ello escierto y sirve para explicar, sólo parcialmente, ese importante “salto” que parece extenderse a 2008 -con mayor ímpetu aún en el reciente enero- pues la tasa interanual arrojó un inusitado y nunca antes alcanzado 67.0%. El reconocimiento de tal circunstancia no invalida el logro y, mucho menos, si se toma en cuenta que al mismo tiempo subió el volumen embarcado en más de un ocho por ciento, lo cual explica más de un tercio de ese excepcional resultado.
Conviene recordar que nuestro país se distinguió por la escasa proporción de bienes y servicios colocados en el exterior; hecho este que lo ubicaba entre las economías “semicerradas” (debajo del 10.0% del PBI). En forma progresiva, ello ha venido cambiando y en 2007 el mercado externo ya es destino del equivalente a un.17.2% del mismo; tendencia que se ratifica de manera rotunda por lo ocurrido en el posterior bimestre enero-febrero 2008.
En cuanto a su composición, si bien las exportaci

Artículos destacados