Señales del futuro: economía del conocimiento, trabajo independiente e inteligencia artificial

Andrés Pallaro, director del Observatorio del Futuro de la Universidad Siglo 21, afirma que el mundo va hacia un futuro en el que los profesionales «tendrán trabajos y no tanto un empleo»

Hay señales y transformaciones que están emergiendo y que tendrán impacto en la configuración del futuro. La pandemia de covid-19 potenció este punto de inflexión. El mundo del trabajo está en plena transformación y -dentro de él- el trabajo profesional. 

La pandemia ha generado algún convencimiento de que el teletrabajo, las tecnologías de comunicación y el trabajo en equipo pueden funcionar, pero no es nada diferente de lo que venía ocurriendo a menor velocidad.

Lo que se puede avizorar ahora es que hay tres grandes líneas de tendencias, aceleradas por la pandemia: trabajos basados en la economía del conocimiento, trabajos esenciales y trabajos independientes, además de que la inteligencia artificial tiene más penetración en el mundo laboral. 

El primer movimiento que vemos es la aceleración de los trabajos basados en la economía del conocimiento, que hasta hace unos años era para una élite tecnológica que está en la tecnología de punta, pero al cruzar la tecnología con salud (healthtech), finanzas (fintech), agro (agrotech), todo lo que tiene que ver con las ocupaciones, los roles, los temas y las actividades que hay que desarrollar vinculadas a la economía del conocimiento, y que están relacionadas con la ciencia, la tecnología y la economía, se han multiplicado y se van a multiplicar mucho más en los próximos años”, afirmó Andrés Pallaro, director del Observatorio del Futuro de la Universidad Siglo 21.  

Para el politólogo y magister en dirección de empresas, queda la duda de si esos trabajos  serán masivos y de si realmente reemplazarán los trabajos rutinarios que se van perdiendo. Afirma que la apuesta del mundo en general es que en este campo no haya sólo ocupaciones para una élite privilegiada, “sobre todo porque no tiene que ver con pagarse las universidades más costosas del mundo, sino con desarrollar habilidades, destrezas, experiencias” y lo ejemplifica: una persona que desarrolla un algoritmo, que trabaja en un equipo de tecnología, no necesariamente tiene que ir al Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).

El segundo movimiento que percibe el observatorio que dirige Pallaro ocurre en el mundo de los trabajadores esenciales que la pandemia visibilizó: enfermeros, trabajadores de logística y trabajadores del comercio. “Hay mucho trabajo allí y va a crecer, pero hay que crecer en remuneraciones. El desafío que viene es que esos trabajos se enriquezcan, que un enfermero trabajando con dispositivos digitales y siendo mucho más valioso su trabajo, pueda tener modelos de remuneración mejores y lo mismo se aplica a un repartidor, a un trabajador de logística y a los trabajadores de la industria”. 

El tercer movimiento que percibe es el trabajo del mundo independiente. Advierte que ya es un tercio del trabajo en el mundo y que va a seguir creciendo. “Ahí tenemos todo el mundo del trabajo cuentapropista, emprendedores, trabajadores de la economía independiente y profesionales. La economía va hacia organizaciones más livianas, con menos nómina de personal directo. La prédica de las últimas dos décadas hacia el mundo emprendedor necesariamente va a crecer. En la economía de Estados Unidos, tres cuartas partes del crecimiento del empleo se explica por acuerdos contingentes de trabajo, acuerdos flexibles, son modalidades por proyectos”, describe Pallaro. 

Esto implica que hay una especie de desacople entre trabajos y empleo. Afirma que el mundo va hacia un futuro en el que los profesionales «tendrán trabajos y no tanto un empleo», aunque siempre va a seguir existiendo el trabajo remunerado. 

Esto se complementa con otras tendencias de consumo, de vivir más livianos, de tener menos gastos fijos, tener más reciclado de elementos, y más conciencia de los fenómenos del marketing que llevan a consumir mucho, a veces sin necesidad. En ese marco, advierte que también cambia la estructura de ingreso y de gasto, y aquello de tener picos y valles de ingresos. 

Finalmente, Pallaro sostiene que -en el caso de los profesionales- el desarrollo de habilidades de comunicación, de trabajo en equipo y de comercialización, son fundamentales para surfear en la economía independiente. “Por ejemplo, un técnico en energías renovables que sepa vender su servicio no es lo mismo que uno que esté sentado en su escritorio, en su laboratorio y no sepa vender. Esto es lo que nos genera el dique de contención frente a los avances de las tecnologías y la inteligencia artificial”, concluye.

Del macrofenómeno a la mano del profesional

Se espera que la inteligencia artificial deje de ser un fenómeno que se disfruta en el consumo de los asistentes virtuales y los sitios de comercio electrónico y pase a ser una realidad permanente en todos los procesos y organizaciones, porque implica convertir los datos en un insumo para la productividad y los resultados.

Con la inteligencia artificial puede haber un efecto de destrucción de empleo en el corto plazo pero confiamos en que abre un mundo de roles, de actividades, que no están debidamente calificadas en los organigramas y que ahí puede haber una ganancia neta. Por ejemplo, para trabajar con datos en un hospital se necesitan analistas, antropólogos, sociólogos y expertos en marketing para entenderlo, se necesitan otros roles y, por supuesto, transformar la manera de trabajar de mucha gente que está funcionando con procesos manuales pero sin ese dispositivo que te analiza todos los datos y te dice lo que va a suceder”, afirma Pallaro.

En Córdoba, el Observatorio del Futuro de la Universidad Siglo 21 inició un proyecto, con la Agencia Innovar y Emprender, junto con la Unión Industrial de Córdoba (UIC), la Bolsa de Cereales, el Cluster Córdoba Technology, que congregará cámaras empresariales y entidades profesionales de la salud, de la construcción y de los alimentos para entender mejor de qué se trata la inteligencia artificial y cómo podrían aplicarla.

A partir del 30 de septiembre, habrá sesiones virtuales con expertos en busca de perder el miedo a la inteligencia artificial y amigarse con la tecnología.

Hay algunas palancas para que los profesionales usen y están cada vez más disponibles, como plataformas, muchas gratuitas y otras con costos muy puntuales. Ya nos hemos amigado con el comercio electrónico, con las plataformas colaborativas de trabajo, con el Zoom, lo mismo pasará en los próximos años con estas plataformas más complejas. Todos los trabajos van a estar mediados por la tecnología.

Andrés Pallaro

¿Un futuro laboral acosado por la robótica y la IA?

Aparte de los problemas generales con el desempleo o la falta de educación, ocurre también la paradoja de que los jóvenes preparados, quienes por ser nativos digitales son más aptos que los adultos para manejar las nuevas tecnologías, son quienes chocan antes con la certeza de que ese nuevo mundo laboral terminará por marginarlos por efecto de la robótica y la inteligencia artificial (IA).

En un extenso trabajo denominado «Educación, juventud y trabajo. Habilidades y competencias necesarias en un contexto cambiante», la Cepal y la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) analizan cómo los sistemas educativos de la región desarrollan las habilidades necesarias para estar mejor preparados al momento de acceder al mercado laboral, «un escenario donde el cambio continuo y acelerado es la mayor certeza».

«La cuarta revolución industrial o la Industria 4.0, como se denomina desde el ámbito productivo, se caracteriza por la presencia de un cambio tecnológico acelerado y se define como la ‘transición hacia nuevos sistemas construidos sobre la infraestructura de la revolución digital», enuncia.

En este aspecto, el trabajo cita la velocidad con que las nuevas tecnologías se introdujeron en la sociedad y en los cambios que esto generó en el mercado laboral y en la elaboración de contenidos educativos. En el futuro, cerca de la mitad de las ocupaciones podrá ser automatizadas.
«Se trata de un complejo proceso que influye de múltiples maneras en la inclusión social y laboral de las personas, razón por la cual es necesario contar con políticas públicas que permitan aprovechar las oportunidades y prevenir o minimizar los riesgos», afirma.

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