«El abogado del Estado hace una tarea noble y da batallas muy desiguales”

El Director Nacional de la Escuela del Cuerpo de Abogados del Estado, Guido Croxatto se refirió a la necesidad de mejorar la carrera administrativa y los salarios de los letrados que defienden los intereses de la Nación. Llamó a elevar el nivel de formación de los profesionales del derecho para contar con “mejores servidores públicos” y propuso que el país exija un examen de Estado a todos los egresados que quieran ejercer la abogacía

Guido Leonardo Croxatto es el director Nacional de la Escuela del Cuerpo de Abogados del Estado Nacional que funciona en la órbita de la Procuración del Tesoro de la Nación (ECAE). Es un férreo defensor de la “abogacía pública” y apuesta a la federalización. 

En esa tónica, desde que asumió el cargo recorre Argentina e impulsa actividades y convenios con diferentes centros de formación y universidades de todo el país, siempre con el objetivo de vencer el centralismo porteño. 

En el Día del Abogado, Comercio y Justicia lo convocó a reflexionar sobre el rol de los profesionales del derecho. Lo hizo con una mirada crítica y reflexiva. Además de bregar por elevar el piso de formación de los letrados y volver a dotar a la abogacía de una mirada humanista, propuso introducir en Argentina un examen de Estado obligatorio para quienes quieran ejercer la profesión. 

¿Cómo percibe la formación de los abogados del Estado?

Creemos que, en general, en todo el mundo, no sólo en Argentina, la formación de los abogados es cada vez más pobre; las carreras de abogacía son cada vez más técnicas, los abogados son más especialistas y esto hace que hayan perdido visión de conjunto. Las humanidades, la economía política, la filosofía, la historia, la antropología, la teoría del Estado -que antes eran materias muy importantes en la formación del abogado- ahora están desapareciendo de los planes de estudio y, en consecuencia, la formación es cada vez más acotada y reducida. Esto impacta de lleno en el ejercicio profesional, tanto en la abogacía pública como en la abogacía privada. El resultado está a la vista: tenemos una sociedad más injusta, menos igualitaria, con más excluidos y todo esto no es una casualidad. Muchas veces creemos que son dos fenómenos que no tienen vinculación entre sí pero nosotros entendemos que hay que conectarlos.

Estamos seguros de que para combatir la desigualdad, la exclusión, el atraso y el subdesarrollo que se vive en Argentina y en América Latina, una de las herramientas sobre las que hay que trabajar es en elevar la formación de los abogados y esto es algo en lo que nos tenemos que comprometer en todo el país. Esto trasciende cualquier coyuntura política o discusión política partidaria, creo que todos estamos de acuerdo en que es importante levantar el nivel de formación de los abogados en Argentina. Antes, ser abogado era sinónimo de ser una persona culta, formada en humanidades, filosofía, historia; hoy ya no lo es. La imagen que predomina es que el abogado es una persona con poca formación y que vive de producir pleitos y conflictos. Nosotros no queremos esa imagen del abogado, queremos volver a las bases de la abogacía, que son la defensa de la justicia, la del abogado como una humanista, formado y comprometido con la defensa de los derechos. 

«Antes, ser abogado era sinónimo de ser una persona culta, formada en humanidades, filosofía, historia. Hoy ya no lo es».

A mí me gusta hacer la comparación con los médicos: un médico se forma para defender la salud y la vida, el abogado hace lo mismo, jura defender la justicia y, sin embargo, si uno observa, los abogados parecemos cada vez más lejos de la justicia. Un médico ve a una persona en la calle herida y trata de ayudar; un abogado ve en la calle una injusticia y no corre a tratar de ayudar, se acostumbró a vivir con la injusticia, ése es un problema no sólo moral sino también profesional. Quizás, porque es demasiado grande la injusticia en la que vivimos, es tan abrumador el atraso, la exclusión social, la falta de derechos, es tan masiva la problemática que los abogados también estamos frustrados, falta el ánimo para enfrentar esta situación. 

Lo otro que tenemos que hacer es levantar la moral, el orgullo de la carrera que elegimos; queremos que los abogados sientan orgullo de ser abogados con conciencia de que su profesión es muy importante, no es una profesión más.

¿Cómo se mejora el nivel de formación de los abogados?

Yo pienso que hay que introducir en Argentina un examen de Estado riguroso para que los egresados de abogacía ejerzan la profesión. Yo creo que si ese estudio es riguroso va a exigir que los abogados estudien más, se preparen en serio para convertirse en profesionales. Ya hay países de la región que tienen su examen de estado: Chile, Brasil, Colombia son ejemplos de ello. También lo tienen varios países de Europa, en Alemania hay dos exámenes. 

¿Qué pasa con el lenguaje jurídico?, hay todo un movimiento que brega para que los abogados se esfuercen en escribir en forma correcta y sean capaces de expresar argumentos claros.

Mejorar el lenguaje jurídico es una tarea muy importante. Ya Genaro Carrió lo decía en sus debates con Soler sobre el realismo jurídico, es un debate muy interesante que hay que recuperar. Yo creo que la falta de claridad en el lenguaje tiene que ver con la falta de formación y con la falta de claridad conceptual que muchas veces hay en el derecho. ¿Cómo se soluciona esto? Una vez más, con la misma receta, levantando el nivel de formación de los abogados y tratando de que las humanidades vuelvan al Derecho y los abogados se acostumbren a leer más y que el Derecho y la cultura no estén tan separados como hoy. Nosotros creemos en la exigencia académica; se trata de subir el piso: hoy el piso de formación del abogado es muy bajo y nosotros en la Escuela de Abogados del Estado estamos apostando a levantar el nivel de exigencia porque creemos que, si les exigimos a los abogados del Estado que estudien más, se van a formar mejor y van a ser mejores servidores públicos. 

¿Hay poca oferta académica o poco interés de las casas de alto estudio para formar abogados del Estado?

Muchas universidades no forman a los abogados para que sean abogados del Estado, los forman con una mirada más desde el ejercicio liberal de la profesión. Ahora bien, yo creo que la abogacía es pública por definición y que hay que volver a levantar esta categoría. Para mí, la noción de abogacía pública es una categoría muy importante y creo que así como la abogacía por definición está asociada a la justicia, la justicia es por definición pública y no privada. Así como la base de la salud es pública, la base de la abogacía es también la abogacía pública. Por lo tanto, yo creo que sí hay que promover que los abogados desarrollen su profesión dentro del Estado. En muchos países ingresar al cuerpo de abogados del Estado es muy exigente, es muy riguroso y es un mérito. Entran sólo los mejores abogados.

¿En Argentina esto no sucede?

En Argentina no siempre ocurre así. En parte porque no hay una carrera administrativa acorde. Lo primero que necesitamos es una capacitación de excelencia; segundo, un examen riguroso que permita que sólo entren los mejores a la abogacía estatal, y tercero, un escalafón propio para que los abogados del Estado cobren un sueldo como corresponde; hoy eso no ocurre. Actualmente, los abogados del Estado están precarizados, con lo cual muchos quisieran trabajar para el Estado pero no lo hacen porque los sueldos son muy bajos. Desde hace medio siglo, cuando se creó el cuerpo de abogados del Estado, se sostiene que los abogados tienen que tener un escalafón propio y medio siglo más tarde aún no lo tienen; es una demanda pendiente que tenemos que resolver. No hay que perder de vista que el abogado del Estado presta una función muy importante porque defiende el interés público. 

“Si les exigimos a los abogados del Estado que estudien más, van a ser mejores servidores públicos”.

Nosotros en la Escuela de Abogados del Estado lo que hacemos es elevar el nivel de los programas de posgrado que reciben a los abogados del Estado y tratamos de ser cada vez más exigentes para formarlos mejor. Además, necesitamos que cobren bien para que tengan estabilidad y puedan concentrarse en hacer bien su tarea y tener condiciones dignas de trabajo. Muchas veces el abogado del Estado hace una tarea muy noble y da batallas muy desiguales porque con muy pocos recursos se enfrenta a juicios que se le hacen al país. Tienen la camiseta y defienden los intereses de Argentina con mucha dignidad pero, del otro lado, hay muchísimos recursos que nosotros no tenemos. Nosotros queremos abogados más preparados y mejor pagos.

¿Qué pasa con la formación en el interior del país? ¿Están trabajando para que los abogados de las provincias puedan también convertirse en abogados del Estado?

Nosotros proyectamos convenios con muchas provincias y, esto incluye la Universidad Nacional de Córdoba, porque entendemos que la abogacía estatal es federal por definición. Muchas veces hay una sobreoferta de cursos en la Capital Federal y hay una gran carencia en el resto del país pero la Escuela de abogados del Estado es nacional, con lo cual nuestros cursos tienen alcance nacional y la virtualidad ha favorecido esto. Somos muy cuidadosos en que los abogados de las provincias no se queden sin poder cursar o que se sientan menos abogados de Estado que uno de Buenos Aires. Nosotros proyectamos convenios con todas las universidades del país y los convenios con las provincias son parte de un diálogo que enriquece también a los abogados de Buenos Aires, que les permite ampliar su horizonte. Para nosotros el federalismo es parte de la construcción de la abogacía pública en Argentina.

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