Tiempos de cambio: los abogados deben escribir en lenguaje claro

La especialista Mónica Graiewski reflexiona sobre los vicios que tienen los letrados a la hora de presentar escritos o redactar contratos. En esta nota describe qué errores se deben evitar y cómo abordar un texto jurídico eficaz 

El uso de lenguaje jurídico claro es una propuesta de valor diferencial que tenemos que ofrecer los abogados”, asegura Mónica Graiewski, quien -además de abogada- es profesora universitaria y Miembro de la Red Nacional de Lenguaje Claro.

Para Graiewski, los tiempos cambiaron y la mirada de la sociedad hacia los abogados también. “A las personas que requieren nuestros servicios ya no les resulta suficiente que les expliquemos superficialmente la estrategia que seguiremos o qué significa lo que dice la demanda que van a firmar. Ahora, quieren entender de qué se trata”.

Desde hace varios años, Graiewski “milita” por la necesidad de que el lenguaje jurídico sea accesible a todos. Eso no implica ser “vulgar” ni mucho menos “chabacano”, advierte la especialista; sino hablar “como lo hace la gente”.

Cuando yo hablo de lenguaje claro me refiero a un lenguaje que vaya dirigido a toda la población, porque todos tenemos que entender, y la realidad es que muchas veces los abogados no nos entendemos ni siquiera entre nosotros”.

Con preocupación, asegura que en muchas ocasiones las sentencias resultan de difícil interpretación y los escritos de los abogados deben ser leídos dos o tres veces para entender lo que dicen. “Yo siempre digo que cuando uno tiene que leer algo más de una vez para poder entenderlo es porque está mal escrito”, subraya Graiewski.

Afortunadamente, la especialista es optimista respecto de un cambio cultural en la manera de entender cómo deben comunicarse los operadores judiciales y en esto están contribuyendo las universidades de Derecho, asegura . “Cuando empezamos con la red de Lenguaje Claro, en 2017, muchos jueces amigos me decían: ‘Vos también estás con esa estupidez. Nosotros somos abogados y nos tenemos que expresar propiamente’ , una locura”.

El problema comienza en la universidad: “Los chicos cuando vienen del secundario no escriben complicado, el problema es cuando entran a la facultad y empiezan a leer sentencias y a leer códigos, ahí se contagian”.

Entre las sugerencias, la abogada propone que los profesionales del derecho “eviten escribir párrafos larguísimos, reiterar ideas que resultan innecesarias o hacer escritos kilómetros repitiendo información que es accesoria”.

“El tema de la brevedad es fundamental en el lenguaje claro. Lo que nosotros hacemos con esos escritos kilométricos es esconder los datos en el medio de un montón de información irrelevante que no sirve para nada y lo que conseguimos es distraer la atención de los jueces ”, explica.

La tecnología impactó en el mundo jurídico y hoy el papel pasó a segundo plano. En ese contexto, Graiewski considera paradójico que los abogados intenten trasladar la forma de escribir en papel a la pantalla. “No cambiamos, repetimos los mismos vicios que teníamos en el papel, a pesar de que está demostrado que la manera de leer ya no es la misma, que la atención de la gente en pantalla no es lo misma. Todo esto parece que a los abogados no nos importa”.

Lo mismo ocurre en la oralidad. Para la especialista, esto queda en evidencia, especialmente en los juicios con jurados. Los fiscales y los jueces, en muchas ocasiones, tienen dificultades para hablar en lenguaje claro. 

“Siempre recuerdo la anécdota del juez que le dijo al imputado ‘queda usted absuelto’y el imputado le respondió: ‘¿por qué? ¡Si yo no hice nada!”.

Los contratos

El trabajo de los abogados no se reduce a los escritos que presentan en tribunales. Los contratos forman parte de las producciones que elaboran los letrados e integran los documentos con los que los ciudadanos interactúan todos los días. “Cuando uno firma un formulario para inscribir a un hijo en el colegio; cuando uno firma un consentimiento informado o se compras un auto con un autoplán, todos estos documentos están escritos por abogados y es fundamental que la gente pueda entender lo que dicen”.

“Yo he leído contratos con cláusulas que se contradecían una con la otra”, asegura con preocupación.

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