“Los abogados son guardianes parciales del Estado de Derecho”

El jurista cordobés, José Ignacio Cafferata Nores, se refirió a la importancia del rol de los letrados y trazó un panorama de la justicia que viene: los juicios virtuales, la inteligencia artificial y su impacto en el Poder Judicial

Cuando de hablar sobre abogacía se trata y pensar en la Justicia, el nombre José Ignacio Cafferata Nores es uno de los primeros que aparece en la lista para ser consultados. Su trayectoria lo ubica como un abogado con 52 años en el ejercicio de la profesión. Todos conocen que es un especialista en derecho penal y procesal penal, profesor universitario y autor de numerosas publicaciones jurídicas. Sin dudas, se ha convertido en uno de los juristas más reconocidos de Argentina. Como abogado, también estuvo del “otro lado de la barandilla”, ocupando el cargo más importante en el Poder Judicial de Córdoba: fue vocal del Tribunal Superior de Justicia, allá por los años 80. Su larga trayectoria también incluye su paso por el Poder Legislativo como diputado nacional y, por el Ejecutivo, como ministro del ex gobernador Eduardo Angeloz. 

El Día del Abogado fue la oportunidad para dialogar con Cafferata Nores, quien reflexionó con Comercio y Justicia sobre el nuevo rol pospandemia de los letrados y los desafíos que enfrenta hoy el Poder Judicial. 

-La pandemia cambió la lógica y la manera como hasta hace un año se ejercía el derecho. Se profundizó la digitalización de los expedientes e irrumpieron los juicios orales virtuales. Ahora ¿es de esperar que se trabaje en cambios procesales que acompañen estos cambios tan abruptos?

-En muchos casos sí se requiere, porque el juicio es una garantía que el sistema constitucional argentino exige que sea regulado por la ley. Pero ésta no sería una tarea sencilla de llevar a cabo. Quizás, lo más prudente sea autorizar temporalmente por ley a los órganos superiores de los poderes judiciales para que -por medio de sus atribuciones de superintendencia- adecuen las normas vigentes sobre los actos procesales con pleno resguardo de las garantías individuales y, luego, aprovechar esta experiencia acumulada para una futura regulación legal integral del juicio digital.

-Los abogados se quejan de la lentitud de los procesos. ¿Cómo ve la justicia cordobesa? ¿Considera que Córdoba sigue siendo La Docta que siempre estuvo a la vanguardia y que otros miraban como ejemplo?

-Haciendo una consideración global de la cuestión acorde con las necesidades de la época, sumada a las respuestas que se dieron frente a las exigencias de la pandemia, diría que sí. Sin lugar a dudas, la especialización de los órganos judiciales que se han adaptado a las realidades de estos tiempos, la implementación de la oralidad en los procesos de todos los fueros, la puesta en marcha del juicio penal por jurados, la paulatina expansión del uso de tecnologías digitales, los juicios virtuales, totales o parciales, son los nuevos hitos de esa vanguardia. Aquí comenzó un disruptivo proceso evolutivo: los “estrados judiciales” simbolizados en un lugar físico de reunión presencial van migrando a “estrados cibernéticos,” en donde la presencialidad se manifiesta a distancia.

-¿Tienen los abogados hoy las herramientas y conocimientos técnicos para afrontar los juicios digitales?

-El ejercicio “virtual” de la profesión requiere imperiosamente la capacitación de los abogados en el manejo de la tecnología digital utilizada. Es el piso de igualdad ante los tribunales, con la acusación o la contraparte, imprescindible para prestar eficientemente sus servicios legales, a tal punto que en algunos países se está imponiendo como condición deontológica para el ejercicio de la abogacía profesional.

-La inteligencia artificial avanza en los procesos judiciales. ¿Qué opina al respecto?

-Sin duda que es así, no sólo en Córdoba sino en la mayoría de los países del mundo civilizado. Existen múltiples software de ayuda a letrados y tribunales, para eficientizar y acelerar sus tareas. Ya es más que una simple utopía la preparación de programas que pueden resolver casos sencillos, como el cobro de impuestos. Son los “softwares de decisión”, imaginativamente denominados como “ jueces robots”, que naturalmente generan fuertes discusiones por su falta de humanidad para tomar decisiones. Borges escribió que “el destino es ciego a las culpas pero puede ser implacable con las mínimas distracciones”. Cometiendo a sabiendas una exageración metafórica, podría decirse que hoy los avances en materia de inteligencia artificial comparten algunas características con el destino borgiano: estas discusiones no deben distraernos de un asunto de esta envergadura y dejarlo librado al “destino” del avance tecnológico. Piénsese, por ejemplo, que la inteligencia artificial “empieza también a contar con eso que se ha venido a llamar la inteligencia emocional” . 

“El abogado debe luchar con todos los medios institucionales y jurídicos a su alcance, protestando, recurriendo, sin pretender con esto presionar decisiones”.

-¿Cómo evalúa el funcionamiento en el fuero penal cordobés de estas nuevas herramientas como el principio de oportunidad?

-Sinceramente, pienso que lo que podría haber sido una herramienta de suma utilidad para la descongestión del sistema penal mediante soluciones alternativas al juicio y a la pena, a la vez que un eficaz modo de reasignar recursos materiales y humanos a aquellos casos que más lo exigen, no ha sido aprovechada en toda su capacidad de rendimiento por su regulación legal. A la par de reducirse su aplicación a delitos de poca entidad -lo que surge de la exigencia de una estimación sobre la imposición condicional de una eventual condena- se establece una serie de excepciones a su procedencia que reducen su ámbito aún más, a lo que se suma una forma poco práctica de terminación de los procesos en los que se las acoge. Sí debe aclararse que esta reticencia frente a los criterios de oportunidad ha sido una constante histórica en nuestro país: la mejor expresión de lo que aquí manifiesto es la deriva del trámite legislativo inicial y las posteriores interpretaciones jurisprudenciales de altos tribunales nacionales sobre la suspensión del juicio a prueba (probation) tratando de reducir sus alcances, hasta haber encontrado un aparente punto de equilibrio, en lo que Córdoba ha sido pionera.

-En su larga experiencia profesional ¿cuáles son los principales pros y contras del ejercicio de la profesión para el abogado?

-Como todo en la vida, la abogacía tiene luces y sombras, más aún cuando su tarea “lo pone siempre en el medio de un triunfo y una derrota, de un éxito y un fracaso, siempre en el medio de los contrarios” (Buompadre, El abogado).

En ciertos casos, el letrado siente la satisfacción de desempeñar una tarea útil para la causa que le ha sido confiada, contribuyendo a lograr decisiones judiciales equitativas para los derechos de su cliente. En algunas otras ocasiones, le parece que la actividad abogadil es desmerecida, haciéndosela sentir como una formalidad, pero sin ninguna posibilidad de incidir efectivamente en las decisiones. Pero contra esta percepción el abogado debe luchar con todos los medios institucionales y jurídicos a su alcance, protestando, recurriendo, dejando expresa su falta de conformidad ante los espacios institucionales y sociales de expresión, sin pretender con esto presionar decisiones.

-¿Volvería a elegir la abogacía como profesión?

 -Sí, por todo lo que aquí estoy expresando.

-¿Qué mensaje les transmitiría a quienes recién se inician en la profesión?

-Que siempre recuerden que, como abogados, son guardianes parciales del Estado de Derecho, parcialidad imprescindible para que éste funcione correctamente.

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