Se agrava el déficit externo y ni la recesión lo frena

El Gobierno renunció a la administración del comercio exterior. Y quedó a merced de sus vaivenes y hasta del clima. La sequía barrió con los números del sector privilegiado por el modelo y hoy el país importa incluso soja

Por Javier De Pascuale – jdepascuale@comercioyjusticia.info

El comercio exterior argentino agravó en agosto su saldo negativo, mostrando un déficit acumulado entre lo que exporta el país y lo que importa, de casi 7 mil millones de dólares, un aumento cercano a 58% respecto de los 4.400 millones de dólares perdidos en el mismo período del año pasado.
De acuerdo con los datos del informe sobre Intercambio Comercial difundido en la tarde de ayer por el Indec, agosto fue el segundo peor mes del año en materia de saldo comercial externo, sólo agravado por el resultado de junio. El mes pasado el déficit rozó los 1.130 millones de dólares, mientras que en junio superó poco más de 1.300 millones, en valores de la divisa estadounidense.
Ni siquiera la profunda recesión que atraviesa la economía nacional logra salvar las cuentas de un país que sigue orientado a las compras externas y no a los despachos al exterior, que en ocho meses apenas superaron 40 mil millones de dólares, cuando hace sólo dos años llegaban a 65 mil millones de dólares, para el mismo lapso.

A este ritmo, la proyección anual de las exportaciones del año rozarán los 60 mil millones de dólares, una cifra muy cercana del peor año de la actividad, el fatídico 2015, al que todos recuerdan por un nivel de despachos de 56.800 millones de dólares, cuando el aparato productivo del país está preparado para sumar envíos por más de cien mil millones de dólares.
Por supuesto, el déficit comercial se explica porque las compras externas siguen duplicando a las ventas. Mientras las importaciones acumulan un alza a agosto de casi 10%, las exportaciones apenas superan una décima de cuatro por ciento de aumento respecto del año pasado.
El déficit comercial incluso podría haber sido más grave, si no fuera porque los precios de los productos que la Argentina envía al resto del mundo mejoraron sensiblemente (8,5%).
Sin embargo, hasta ahora nada pudo compensar el brutal impacto de la sequía en las cuentas externas: en cantidades, el país despachó este año 16% menos de granos y casi 10% menos de productos agroindustriales. La importante mejora en los envíos de combustibles y energía (+44%) y un nada desdeñable comportamiento de la industria (+8%), no lograron revertir el déficit. Cuando posamos la lupa en el comportamiento del comercio exterior por sectores, descubrimos que el déficit comercial se explica en gran medida por el comportamiento del bloque sojero, soja y sus derivados.

El furioso aumento de las compras rusas y chinas de carne, así como la notable mejora de las compras brasileñas de autos y camiones, o las compras de México, Irán y Egipto de aceite de girasol (todos productos que suman mucho en las exportaciones de agosto), no logran sacar al país de los números negativos que sigue dejando la peor sequía del campo argentino de los últimos 70 años y sus nefastas consecuencias en lo que hace a la cosecha argentina de dólares por el mundo, vía el comercio exterior.
Visto en perspectiva, la apuesta del Gobierno nacional por el campo, por la soja y los cereales, resultó definitivamente anulada simplemente por el clima, mientras que muchos otros sectores de la actividad productiva sufren por el boom importador y la caída paralela del mercado interno.

Es el caso por ejemplo de la importación de bienes durables y electrodomésticos de consumo familiar no industrial, que este 2018 siguen su escalada de los últimos años trepando casi 25%. O el caso de alimentos y bebidas importados, que crecen a 13%, o de autos, camiones y colectivos, que trepan más de 15%.
Cada uno de esos rubros son cientos y miles de empresas nacionales, junto a su fuerza de trabajo, que pierden mercado contra productos extranjeros que ingresan sin más control que el precio en dólares y su ajuste local vía alza del tipo de cambio, tal es el modelo económico vigente.
Y lo peor es que la apertura externa ni siquiera sirve para surtir de máquinas a la industria: la importación de bienes de capital cae cinco por ciento en el año.

En agosto, el déficit acumulado llegó a casi US$7 mil millones. Eso significa un aumento interanual de 58%.

El déficit se explica porque las compras externas continúan duplicando las ventas.

La sequía fue un factor preponderante: este año cayeron las exportaciones de granos (16% ) y de productos agroindustriales (10% ).

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