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Una nutricionista y una periodista lanzan una mirada feminista sobre la nutrición

Jesica Lavia y Paula Giménez presentarán un libro que reflexiona sobre “peso ideal”. Entrevistaron a cinco mil personas (94% de ellas, mujer) y advirtieron de que la culpa a la hora de comer, no conseguir talle, el amor propio, la influencia de las redes sociales y de la incidencia de las madres emergen en lo referido al peso corporal

El cuerpo femenino “fue agrandándose o achicándose a lo largo de la historia” según “los mandatos del mercado”, lo que impactó e impacta en las mujeres, analizan, en un libro novedoso, una nutricionista y una periodista que unen el feminismo a la buena alimentación.
Se trata de Pese lo que pese, que se presentará en los próximos días, de autoría compartida por Jesica Lavia, licenciada en Nutrición y la periodista feminista Paula Giménez.
Para iniciar el desafío que siempre implica un libro, que además se aborda desde una perspectiva nueva, las profesionales hicieron una encuesta que fue respondida por 5.000 personas.

“Los resultados de esa encuesta los utilizamos como eje para el libro, no sólo por las estadísticas, también por los comentarios que nos sirvieron para darle forma al libro”, contó Lavia.
La publicación “tiene historias reales y el prólogo está armado con los testimonios de mujeres que respondieron la encuesta, ya que la mayoría de las participantes (93,8%) fue mujer o persona que se percibe como tal”.
La culpa de ellas a la hora de comer, no conseguir talle, el amor propio, la influencia de las redes sociales y de las madres en el peso corporal, fueron algunos de los aportes de las encuestadas.

“Nos sorprendió mucho cómo las madres marcan a algunas mujeres sobre las dietas y la preocupación por el cuerpo. ¿Son las malas de la película? No, son víctimas de una sociedad y una cultura que las llevaron a eso”, analizó la nutricionista.
Esa pesquisa les permitió, también, determinar que “el promedio de comienzo de dieta es a los 16 años, pero también muchas empiezan antes de los 10. Hay muchas chicas atravesando desórdenes de la alimentación”, agregó Giménez.
Luego, comenzaron a investigar y constataron que “casi no hay un cruce entre feminismo y nutrición, si bien el feminismo atraviesa todas las disciplinas”, explicó la periodista.

En el primer capítulo “hay un contexto histórico desde la cultura occidental”, especificó Lavia.
Allí hay una entrevista a María Victoria Baratta, doctora en Historia e investigadora del Conicet, “que nos permite ir dilucidando cómo y cuándo el cuerpo de las mujeres se vuelve objeto de consumo, cuándo entra la balanza a las casas, cuándo empieza a ser una herramienta de control, cuándo la cultura de las dietas se instala cómoda en los hogares, para lo cual la publicidad tuvo mucho que ver, y aún lo tiene”.
El segundo capítulo es “¿Cuestión de género?”, en el que ellas ahondan en la no ley de talles nacional, en la incidencia de los medios de comunicación y las redes sociales como “máquina de hacer muñecas” y sobre “el rol de las madres víctimas y victimarias de este sistema”.

Miradas sobre el cuerpo
“Mi amor’ es el título del tercer capítulo, definido por Giménez como “el más feminista del libro”, en el que las profesionales indagan sobre “cómo se construye el amor propio” y brindan información de dos movimientos: el Body Positive y el Body Neutral.
El Body Positive plantea que todos los cuerpos son hermosos, “lo que está bueno, pero el afuera es una mierda y aunque te sientas hermosa, si no entrás en el asiento del subte o en un local de ropa te dicen que para vos no hay talle, se complica”, resaltó la periodista.
Y el Body Neutral “propicia el amarte, pero si no amás, no pasa nada. Aceptar que hay días que no va a suceder, entonces saca la mirada del cuerpo. No somos sólo cuerpo, miramos a la persona integral”, destacó la nutricionista.
Con “El peso del peso” y “Que la flacura no te tape el bosque”, las profesionales cierran el libro que “está atravesado por un concepto de salud integral, porque no necesariamente estar flaca significa salud. El objetivo es alimentarse mejor para ‘habitarse’ mejor”, concluyeron las autoras.