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Tres de cada 10 adolescentes privados de la libertad vivió en la calle, según Unicef

Veintiocho por ciento de los adolescentes privados de la libertad vivió en la calle y 14 por ciento lo hizo en hogares para niños y adolescentes abandonados, maltratados o abusados; según un estudio presentado ayer por Unicef que incluyó encuestas a 40 por ciento del total de menores de edad detenidos en centros cerrados juveniles del país.
“Lo más importante que señala este estudio es que la privación de libertad es una medida ineficaz, porque la mayoría de los chicos y chicas vuelven a reincidir; y que el sistema integral de protección no es capaz de prevenir que tomen contacto con el sistema penal juvenil”, aseguró ayer Ana de Mendoza, representante adjunta de Unicef en Argentina que realizó el estudio junto al Centro de Estudios de Población (Cenep).
“Cuando uno analiza sus trayectorias, tienen altos niveles de vulnerabilidad y hay sobrerrepresentación de aquellos que han pasado por los sistemas de protección”, agregó sobre las conclusiones de “Las Voces de las y los Adolescentes Privados de Libertad en Argentina”, que relevó información en 22 centros cerrados de la provincia de Córdoba, Buenos Aires, Capital Federal, Mendoza, Tucumán, Salta y Jujuy.

El último relevamiento nacional sobre adolescentes en conflicto con la ley penal realizado en 2015 contabilizó unos 7.200 jóvenes cumpliendo algún tipo de medida penal.
“Hay una ausencia marcada del Estado para garantizarles tempranamente derechos básicos, pero una intervención férrea a través del sistema penal y las medidas de encierro cuando se les imputa haber infringido la ley”, advirtió Hernán Monath, especialista en Protección de Derechos y Acceso a la Justicia de Unicef.
Los datos de la encuesta también indicaron que el 50% de los chicos no iba al colegio antes de ser privado de la libertad, y uno de cada cuatro ya tenía al menos un hijo, lo que “evidencia maternidades y paternidades muy prematuras”.
“Los centros de privación de libertad deberían reforzar las habilidades parentales y los vínculos con sus parejas”, afirmó Mariángeles Misuraca, otra de las autoras del estudio.