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La violencia de género en los tiempos de pandemia

Por María Victoria Jalil Manfroni (*)

Columna de AMJA
Por María Victoria Jalil Manfroni (*)

Inmediatamente después de que se dictó el DNU 297/2020, mediante el cual se dispuso el aislamiento social, preventivo y obligatorio, los efectores que trabajamos con violencia familiar comenzamos una frenética y vertiginosa carrera para proteger a las mujeres víctimas de violencia de género con modalidad doméstica, ya que se conocían perfectamente las consecuencias negativas que el encierro podía acarrear, porque muchas de ellas debían quedarse en sus casas junto a sus agresores.

Todos los integrantes del Estado estuvieron a la altura de las circunstancias. El Poder Ejecutivo Nacional reforzó la línea telefónica 144 las 24 horas, todos los días del año, y  sumó la campaña “Barbijo Rojo”, lanzada por el Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad, que consiste en iniciar protocolos de activación de hechos de violencia por medio de las farmacias, que hoy es uno de los rubros más utilizados en la crisis sanitaria que se encuentra transitando todo el país.

Nuestra provincia, mediante el Polo Integral de la Mujer en Situación de Violencia y el Poder Judicial -en acciones conjuntas-, confeccionó protocolos de trabajo para no dejar solas a las mujeres que se encuentran en esa situación de alta vulnerabilidad, entendiendo que el aislamiento podía potenciar el riesgo de las víctimas. Desde el inicio del receso se dictaron cantidades de exclusiones del hogar, restricciones de acercamiento y se entregaron botones antipánico y se estableció una modalidad de teletrabajo de las magistradas, funcionaria/os y empleados/as del fuero, desde los domicilios.

El Tribunal Superior de Justicia (TSJ), por medio de la Oficina de Coordinación de Violencia Familiar, ejecutó múltiples acciones, como la prórroga automática de las medidas cautelares que se vencieran o a vencerse durante el receso extraordinario por un plazo de 90 días (Res. de Presidencia Nº 12) y la entrega de botón antipánico sin evaluación de riesgo previa (Res. de Presidencia Nº 11).

Esta inmensa tarea fue realizada por un sin número de personas que trabajó arduamente, sin importar días ni horarios porque cada vez que ocurre un femicidio, sentimos una profunda angustia y una sensación de frustración y dolor que nos atraviesa. En esos casos, nos preguntamos: ¿qué no vimos? ¿qué faltó hacer? ¿en qué nos equivocamos? Nos interpelamos nosotros mismos y nos cuestionamos cómo y qué podemos hacer para mejorar el sistema que tenemos.

Uno de los posibles caminos para combatir la violencia machista es comprender que es un problema grave, estructural y coyuntural que no comienza con un femicidio sino que éste es la finalización de un cúmulo de múltiples violencias previas y que, si no actuamos comunitariamente, también podría convertirse en una pandemia. Hoy vemos con claridad que es un flagelo social y cultural en el cual se establecen jerarquías y asimetrías de poder, mediante el cual el varón mantiene un lugar hegemónico. Entonces: ¿cómo lo enfrentamos? Tal como lo estamos haciendo con el Covid 19, unidos y entre todos.

Las redes sociales están abarrotadas de memes y chistes que evocan lo difícil que es soportar a las mujeres -convivientes o cónyuges- durante la cuarentena; tanto, que muchos de ellos prefieren tener el virus y estar internados en un hospital. Entonces, sólo cuando dejemos de naturalizar las agresiones -simbólicas- a las mujeres, como el caso que citamos, que aparentemente nacen del humor, y desistamos de juzgarlas por cómo hablan, cómo se visten, si son buenas o malas como madres, si deben quedarse en la casa a cuidar a sus hijos o si deben trabajar, o cuánto dinero deben o pueden ganar, y de nombrarlas en función de los roles estereotipados que desempeñan, en ese preciso instante comenzaremos, por fin, a bajar la tasa alarmante de femicidios. Visibilizar la violencia contra las mujeres y no reproducirla es una forma de combatirla.

Así como estamos todos abocados a combatir el covid 19, mediante múltiples acciones -como el cumplimiento efectivo de la cuarentena, la utilización de elementos como guantes, barbijos o el lavado frecuente de manos-, la violencia contra las mujeres podemos erradicarla haciendo entender a la sociedad que esta forma desigual y discriminatoria de mirar el mundo es injusta y se cobra muchas muertes en todo el mundo. Debemos entenderlo y abordarlo como un problema de toda la humanidad, no sólo como una dificultad exclusiva de las mujeres o del Estado, sino aplicar el paradigma de la corresponsabilidad social, igual que lo estamos haciendo con el patógeno que estamos enfrentando. 


(*)Abogada. Asesora de Niñez, Adolescencia, Violencia Familiar y Género del 10º Turno. Docente de grado y posgrado de la UNC

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