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“La crisis educativa ocurre dentro de las cuatro paredes de su casa”

Jaim Etcheverry marca la contradicción del argentino: percibe que la educación está en peligro pero piensa que no afecta a su familia. “Mi deseo es que las personas empiecen a reclamar que haya consumidores de calidad educativa”, interpeló

Por Carolina Klepp – cklepp@comercioyjusticia.info

Por su destacada trayectoria en el ámbito científico nacional e internacional, el médico y académico Guillermo Jaim Etcheverry recibió en Córdoba la distinción doctor Honoris Causa de la Universidad Católica. Hoy preside la Academia Nacional de Educación y fue rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Fiel a su estilo docente, insiste en hacer comprender los peligros que hoy atraviesa la educación en Argentina. Da cifras y ejemplos. No esquiva el tema de la Educación Sexual Integral (ESI) en las escuelas, lo considera “importante”. También expresó su acuerdo sobre la certificación de trayectos académicos en el nivel universitario, aun cuando el alumno no concluya totalmente la carrera de grado.

– Su disertación en la entrega de la distinción la tituló “La difícil tarea de enseñar”. Con tanto camino andado en el campo educativo, cuando piensa un deseo para la educación argentina ¿en cuál piensa?
– Mi deseo es que las personas tomen conciencia de que la crisis educativa ocurre dentro de las cuatro paredes de su casa. Hoy, la percepción generalizada es que el país tiene una crisis educativa pero las personas piensan que no las afecta a su familia. Setenta por ciento de los padres argentinos señala la presencia de esa crisis en la educación pero ese mismo 70% dice estar satisfecho con la educación de sus hijos. Ochenta por ciento no los cambiaría de escuela para mejorar la calidad de educación que reciben y eso sucede tanto entre los que van a la escuela primaria, a la escuela media, a los ricos, a los pobres, a los de escuelas de gestión estatal y de gestión privada. Cada uno está satisfecho con la educación que recibe y ve que la crisis está en otro lado, que es de los demás, no analiza los resultados de todas las evaluaciones que se han realizado hasta ahora, tanto nacionales como internacionales, que demuestran que más de la mitad de los chicos que han terminado la escuela no entienden lo que leen o tienen grandes dificultades para comprender lo que leen. Que dos de cada tres no pueden hacer simples operaciones de abstracción matemática -un porcentaje, una regla de tres simple-. Allí hay una discrepancia que es muy grave porque esos chicos, obviamente, no son huérfanos, pero nadie percibe que esas deficiencias existen sistemáticamente desde los años 90, las pruebas demuestran que allí efectivamente están. De modo que lo que habría que tratar de cambiar es la percepción de la gente sobre la educación que sus propios hijos reciben. Hasta que eso no cambie no va a haber demanda de mayor calidad porque no se ve por la calle adultos manifestando, pidiendo mayor calidad de educación para sus hijos. Piden otras cosas, que está bien que se pidan, pero este que es un tema central parece ser ignorado por todos. Mi deseo central es que la gente empiece a reclamar que haya consumidores de calidad educativa.

– En pleno debate sobre la educación sexual integral (ESI) en las escuelas, ¿cuál es su opinión?
– Es importante que se imparta este tipo de conocimientos en la escuela porque no es accesible para todos fácilmente. Entiendo que la legislación vigente permite que se cumpla con ese objetivo y también comprendo que debe adecuarse a las características y valores predominantes en cada familia. Pero es un objetivo que debe llevarse adelante.

– En el plano de la educación superior hay un alto porcentaje de deserción antes de concluir la carrera. La UNC impulsa la certificación de los trayectos universitarios aunque la persona no haya terminado de cursar. Hay posturas encontradas al respecto, ¿cuál es la suya?
– Me parece muy importante este tema. Todos los estudios que realizan las personas son valiosos porque agregan a su patrimonio y eso debe ser certificado y reconocido. Además, tiene la virtud de que eso va a permitir un intercambio más fluido de estudiantes que están en las universidades, algo que hoy es muy complejo.

El tiempo lento, el de la reflexión e imaginación
Por otra parte, el autor del libro “La Tragedia Educativa”, publicado en 2008 y reeditado en varias oportunidades a raíz de su vigencia, es un ferviente promotor de la recuperación del “tiempo lento”. Sostiene que hoy sabemos muchas cosas, contamos con ideas sobre lo que está ocurriendo, pero superficialmente. Advierte que las personas estamos perdiendo la capacidad de análisis y piensa en los niños y adolescentes que tienen “derecho a habitar el tiempo lento de lo humano”. “Es el tiempo de la reflexión, de la imaginación. La tecnología es útil pero corremos peligro de ir perdiendo la dimensión de que esa tecnología que utilizamos para vivir en el tiempo rápido han sido creados en el tiempo lento de lo científico, de los tecnólogos. La creación requiere del tiempo lento”, enfatiza.

Un comentario

  1. Alejandra Barrios dijo:

    Excelente artículo, la educación elemental comienza en el hogar y si como padres no percibimos lo elemetanl o pobre de la educación de nuestros hijos il a nuestra, es muy difícil, casi imposible que mejore el contenido de la educación que nuestros hijos reciben y en consecuencia cada día tenemos una población más ignorante y con cada día mayor pereza mental.-

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