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La amenaza de democracias cada vez más debilitadas

El sociólogo portugués, teórico de la denominada epistemología del sur y uno de los creadores del Foro Social Mundial, recibió el honoris causa de la UNC. Hizo su análisis crítico de la situación latinoamericana y sus organizaciones sociales.

Por Carolina Klepp – cklepp@comercioyjusticia.info

Sociólogo, científico, teórico de la epistemología del sur y de la transformación social, el portugués Boaventura de Sousa Santos es desde ayer también doctor honoris causa de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

En su paso por Córdoba, realizó un análisis crítico de la actual situación de Latinoamérica, de las organizaciones sociales y de la universidad. En ronda de prensa, quien es además es uno de los creadores del Foro Social Mundial alertó sobre las amenazas que hoy viven las democracias y cómo deberían reaccionar las organizaciones sociales.

“Estamos en un período de luchas defensivas y hay que ver la dimensión de la amenaza que es la de transformar las democracias, que ya son de baja intensidad, en democracias de bajísima intensidad. Vivimos en sociedades que son políticamente democráticas y socialmente fascistas, porque mucha gente depende, diariamente, de la filantropía y no tiene derechos. Tenemos este fascismo social que está emergiendo dentro de la democracia, es lo que llamo un ‘totalitarismo gota a gota’ que todos los días toma una medida acá, otra medida allá, un despido acá, otro allá, una ley que recorta aquí y luego allá. Es vaciar la democracia. En esa condición, los movimientos deben unirse. Por ejemplo, los sindicatos, por vez primera, piensan en unirse”, advirtió.

Para el doctor en Sociología del Derecho por la Universidad de Yale (Estados Unidos) y profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de Coimbra (Portugal), hay que crear foros nacionales de los movimientos sociales. “Nosotros creamos el Foro Social Mundial y creo que es muy importante crear el Foro Social Argentino, donde todos los movimientos organicen sus agendas”, señaló.

El reconocido intelectual antiglobalización y acompañante de diferentes movimientos sociales en la construcción de espacios de equidad social y acceso a derechos humanos fue consultado sobre si la responsabilidad de la crisis que hoy vive Latinoamérica es adjudicable al denominado “imperialismo norteamericano”.

Fue contundente: “No. Es una convergencia de factores internos y externos. El imperialismo norteamericano no interviene ahora con dictadores militares, interviene por medio de financiación de organizaciones que son democráticas de fachada pero son hostiles a los gobiernos. Necesitan sustituir democracias hostiles a los intereses de los Estados Unidos por democracias amigas de los intereses de los Estados Unidos. Financian estas organizaciones y ellas van a la calle con banderas radicales. Parecen que son democráticas, pero son banderas violentas, entre ellas: ‘Abajo el comunismo’; ‘Abajo el marxismo’; ‘Fuera Pablo Freire”, que es un educador popular. Un radicalismo del discurso para promover el odio y la polarización. Nunca ha sido tanto el odio de clase y racial aquí en el continente; se está promoviendo una polarización”, advirtió.

Además, abogó por la crítica a los errores que cometieron las fuerzas progresistas y al mismo tiempo alertó sobre los movimientos que está realizando la derecha en el continente. “Se viene una derecha revanchista”, dijo.

Durante la ronda con periodistas, De Sousa Santos comentó que Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, había dicho que en ese país habían lograron desplazar el centro de la política latinoamericana hacia la izquierda. Sin embargo, el sociólogo contrastó: “En teoría, cuando se desplaza todo el espectro político, la derecha está más a la izquierda que lo que estaba antes. Pero la práctica dice todo lo contrario. La derecha cuando viene es revanchista y quiere eliminar de una vez todo lo que pasó en los últimos años y lo va a hacer de la forma más brutal. De manera reaccionaria, lo que estamos viendo en Argentina. Va a pasar lo mismo en Brasil y ha pasado en Portugal”.

Los desafíos de los derechos humanos
Otro de los temas que abordó fue el de los desafíos que se suscitan en materia de derechos humanos y el rol de las organizaciones sociales que trabajan en su defensa.
“Los movimientos sociales siempre tienen que mantener su autonomía. Durante los últimos 15 años los movimientos sociales en Latinoamérica dejaron ello frente a la idea de que tenían amigos en el gobierno. Muchos de esos líderes y cuadros sociales pasaron a ministros. En Brasil y aquí es claro y, de alguna manera, los movimientos sociales se desarmaron. El único de los grandes de Latinoamérica que no se desarmó fue el Movimiento de los Sin Tierra. Los otros se desarmaron, perdieron activismo, capacidad de movilización y empezaron a justificar muchos de los errores del gobierno”, dijo.

Finalmente hizo un llamado a la defensa de las Constituciones Nacionales. “Si no luchas por esa Constitución, ésta va a ser papel mojado. Por ejemplo, la Constitución de Brasil de alguna manera es papel mojado, hay jueces que la están violando todos los días, porque la gente no la luchó como una lucha cotidiana. Los movimientos sociales deben seguir su trabajo institucional y en las calles, defendiendo la democracia de manera pacífica. Pienso que va a existir mucha infiltración, con agentes provocadores para luego suscitar la respuesta represiva del Estado. Los movimientos sociales tienen que estar atentos a la infiltración”.

La universidad está padeciendo la desconfianza de elites y clases populares

El nuevo doctor honoris causa de la Casa de Trejo planteó también la necesidad de una universidad del siglo XXI que construya conocimiento incluyente en sociedades excluyentes.

– ¿Qué le pide a la universidad argentina?
– Pido que cumpla el Manifiesto Liminar porque 100 años después tiene mucha actualidad y, para cumplirlo debe ser contrahegemónica, la universidad tiene que saber de qué lado está.

La universidad está en un momento muy difícil porque durante mucho tiempo tuvo el apoyo de las elites porque era donde éstas formaban sus hijos. Desde los años 80, las elites políticas y económicas de cada país ya no confían en la universidad pública y mandan a sus hijos a las universidades globales del norte y, por eso, el Estado no está financiando a la universidad pública como debería, porque las elites no confían.

Pero tampoco confían en la universidad las clases populares o las clases medias porque aquéllas por mucho tiempo fueron arrogantes y aisladas y sin la idea de responsabilidad social que viene del Manifiesto.

Entonces, la universidad posee pocos aliados y, por ello, tiene problemas financieros y otros problemas. Además, tiene enemigos internos. Pero hay quienes están resistiendo.