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¡Vamos mujeres que estamos demoradas para llegar al festejo!

Por Alicia Migliore*

 Por Alicia Migliore (*)

N o tiene demasiada importancia nuestro retraso, considerando que ella, como tantas de nosotras tiene dos fechas de cumpleaños: el día que nació y el que le figura en los documentos, como seis meses después. ¡Qué costumbre tan arraigada en nuestra historia! ¡Será porque desconocemos la cantidad de derechos que nos invaden cuando nos inscriben y dan existencia legal, un nombre, una filiación, una nacionalidad, una ciudadanía, una familia con obligación de custodia, educación y amor!
Ella estará feliz de recibirnos en sus cincuenta y nueve años de edad. Llevamos los regalos habituales: los que nos hacen celebrar la vida y honrar todos los despertares que motivó en nosotras.
Mafalda nunca aceptó que ella fue inspiradora, pero sabe bien que a todas nos criaron destinadas a ser como Susanita, o como nuestras mamis, que se parecían mucho a Raquel, postergando todo sueño individual, inmolándose en la realización familiar. Las vimos a ellas deprimiéndose por el síndrome del nido vacío cuando, habiéndolo dado todo, los hijos e hijas tomábamos nuestro propio vuelo.

Mafalda nos despertó inquietudes, con su eterno globo terráqueo que la desvelaba con sus conflictos constantes. Hizo que la ciencia fuera un desafío, y allá fueron las que sintieron capacidades e intereses; la búsqueda permanente de justicia comprometió a algunas en la defensa de derechos individuales y colectivos; la rebelión ante las desigualdades llamó a otras a la acción social; su decisión individual de ser ella misma operó como una suerte de autorización para quienes veían su proyecto de vida fuera del matrimonio. Y casi, casi todos los permisos que nos dimos en nuestras vidas tuvieron que ver con su actitud de permanente ratificación y cuestionamiento.
Ese inconformismo ante tanta miseria de la humanidad, pleno de ternura y rebeldía, nos hizo encolumnar en diversas causas con vocación de cambio y transformación, personal y social.
Su señalamiento de nuestro valor como mujeres en un hogar tradicional, nos impulsó a buscar compañeros de vida que se alejaran del viejo esquema patriarcal y caminaran a nuestro lado, como iguales, sin jefes ni subordinación alguna.
La denuncia del rol de las mujeres en la historia, como fregonas intrascendentes, nos insufló la valentía necesaria para escribir páginas que atravesaran los tiempos desde el arte, la ciencia, la industria, la vida con sentido.

Mafalda nos interpeló, nos hizo pensar en nuestras propias vidas y el sentido que les diéramos a ellas; se atrevió a cuestionar las soberbias actitudes de quienes violaban principios caros de la democracia, de aquellos que se sintieran ungidos por algún ser superior y obraran con la impunidad de estar por sobre la ley.
Y fue con ella que nos descubrimos seres humanos llenos de potencialidades, con valores permanentes cuya custodia siempre estuvo a nuestro cargo.
Un mensaje de paz permanente que entendimos desde el primer momento y que es desoído mientras la humanidad agoniza.

¡Hoy será un día de celebración!
Podremos decirle que sus apariciones y sus recuerdos nos siguen sosteniendo.
Hablar todas juntas para contarle que seguimos avanzando. Con un paso sostenido, remontando humillaciones, codo a codo, con sororidad, con respeto, con amor y con la convicción de la necesidad de cambio que nuestra sociedad demanda: las mujeres hacemos oír nuestra voz.
Últimamente, su papá, Quino, le pide que no se exponga tanto porque teme que la intolerancia de los dinosaurios, que aún sobreviven, le hagan daño a Mafalda.
A veces quieren usarla y le editan sus palabras, y ella que es tan valiente sale de inmediato a desmentir posiciones que niegan los derechos de las mujeres, como le pasó hace poco tiempo.
Pero la petisa, como buena mujer, no se calla! Cuando la sacan de sus casillas ataca como si fuera una partisana, y así salió enfurecida a contestar al misógino de Berlusconi, ¿vieron la foto?
Chicas, debemos repetir, hasta el cansancio, a Mafalda y a su papá Quino, lo valiosa que fue su lucha, cómo nos sirvieron sus banderas, cómo nos interpretaron nuestras hijas y nuestros hijos cuando contábamos su historia, cómo siguen vigentes sus reclamos y cuánto, cuánto avanzamos.
Nunca será suficiente el agradecimiento por tanto vanguardismo, por tanto compromiso y por tantas enseñanzas.
Claro que nos falta un largo trecho pero si miramos atrás, cuando Mafalda empezó a enviar aquellos mensajes breves y de tan alto voltaje, veremos el extenso camino recorrido.
Tal vez necesitaríamos que dijera algo ahora, para que no nos maten a cada rato, para que no nos rechacen cuando queremos participar, para que no silencien nuestras opiniones, para que no nos cosifiquen…

Pero no se puede pedir que sólo una persona encarne todas las batallas y ataque todos los frentes. Debemos asumir esa responsabilidad individualmente y sostenernos unas a otras, como mosqueteras, todas para una y una para todas, construyendo un colectivo fuerte en demanda de justicia y equidad. Por las que emergieron antes desoyendo mandatos ancestrales, por las que no pudieron, por las que gritaron y por las que callaron, las que siguen y las que quedaron en el camino y sobre todo, por las que vendrán, siguiendo nuestros pasos.
Que esa querida amiga de todas, Mafalda, tenga la certeza de que valió la pena cada palabra que dijo, para que permanezca allí, a disposición, como fuente de consulta constante.
Que reciba de todas las mujeres el cariño y respeto por su entrega revolucionaria. Que se sumen los hombres, que abrieron su pensamiento para compartir la vida con mujeres pensantes, valientes, compañeras.
Que ese feminismo sugerido a mediados del siglo XX, que apuntaba a un mundo de justicia con varones y mujeres en pie de igualdad, se ponga en valor constante más de medio siglo después, por su valor docente en una sociedad convulsionada.
Nos gustaría que Quino supiera cuánto agradecemos a su hija lo brindado; es evidente que su amor fue muy generoso para que ella pudiera llegar tan alto sostenida por sus alas y sus sueños. Es notable su fuerza vital para cultivar ese entusiasmo contagioso capaz de impulsar a otras a levantar su propio vuelo.
Amamos a Mafalda por múltiples razones: podríamos decir que es una de nosotras, pero lo justo será decir que todas aspiramos a ser como ella, seguir su ejemplo y dejar que nos represente.
¡Indispensable y amada Mafalda: ¡Felices cincuenta y nueve!

(*) Abogada-Ensayista. Autora de los libros Mujeres reales y Ser mujer en política.